jueves, 23 de abril de 2015

TINTA INVISIBLE, LOS INVISIBLES NÚMERO 2, VOLUMEN 1.

TINTA INVISIBLE, Nº 2 DE THE INVISIBLES
(Por Grant Morrison, traducido por Frog2000)

"Señoras y caballeros, por abrumadora demanda empezamos con el favorito de todo el mundo... el Sandwich de Chocolate."

OH BUDDHA! UP YOURS!
[Referencia a la canción "Oh, Bondage Up Yours!" de X-Ray Spex.]

Estoy escribiendo este espacio de relleno mensual en el jardín de la terraza del hotel Vajra en Katmandú mientras me fijo en la gran estepa budista de Shwyanbunath. El sol se está poniendo como si fuese un gran cuadro pintado con acuarelas de bronce pálido y antiguo marfil y no hay nada que hacer más que rellenar mi portátil con lo que me viene a la mente. Este hotel está construido sobre un antiguo campo de ejecución al oeste del río Bishnumati, y dicen que los fantasmas hambrientos todavía merodean por sus riberas contaminadas, asustando a los cerdos que hurgan en las basuras, aterrando a las personas que viven en casuchas construidas de forma improvisada y viven de la basura. Es suelo maldito, pero no he visto nada que dé más miedo que un niño medio desnudo en cuclillas sobre un charco de agua infectada jugando con el cadáver de una enorme rata negra.

Mi colega Ulric y yo hemos estado paseando por las saturadas calles, dejado atrás santuarios de dioses hindúes y tibetanos embadurnados de sindur, a lo largo de estrechos callejones con apestosas alcantarillas destapadas y floridas estatuas. Más allá del penetrante humo a la deriva de los ghats funerarios, a través del interminable ruido de los rickshaws y los chisporroteantes coches y buses pintados. Por todas partes huele a orines y especias y polvo tostado por el sol con siglos de antigüedad que impregnan las maderas de las desmoronadas casas. Cuando llegamos a la Plaza Durbar, el corazón medieval de Katmandú, nuestros pies están muertos y nos quejamos débilmente de la resaca producida por el monóxido de carbono y la marea incesante de mendigos lisiados y revendedores que más que un choque cultural se han convertido en una especie de terapia electro-convulsiva cultural. Volver al hotel armados con un trozo de hachís afgano fue todo un alivio, y sencillamente me acosté hecho polvo e intenté dar sentido a todo este pandemónium.

Ahora las nubes de oro se acumulan como las cabezas de imponentes aristócratas con peluca a lo Luis XIV, concentrados como una bola masiva en presencia del viejo Rey Sol. Los perros ladran sin parar por toda la ciudad. Las cabras que pastan abajo en la maleza, en un pedazo de tierra yermo que pasa por una pradera, están murmurando y gimiendo conscientes de que todos los martes y sábados son ritualmente sacrificadas a la Madre Oscura.

"Viva la Anarquia", grita la cabra mientras los sonrientes devotos de Kali la rajan la garganta y vacían su sangre en un recipiente de piedra.

Más o menos son cuatrocientos los pasos que conducen hasta Shwyanbunath, y al parecer, si los subías sin parar ni una sola vez, tendrías garantizada la iluminación en esta vida. Bueno, por supuesto que lo intenté. Si cuatrocientos pasos me aseguraban la ruta hacia la iluminación por la vía rápida... incluso con esta altura y este calor resultaron ser mucho más fáciles de lo que parecía. Prácticamente corrimos por las escaleras, demostrando tan sólo una ligera falta de aliento cuando por fin llegamos a la cima. Y ahora, la iluminación, ¿dónde está mi iluminación?

Allá arriba, bajo los ojos pintados de Buda, se palpa cierto olor a carbón, aguas residuales y humo de velas. Los perros raídos y los patos están luchando con las familias de monos por los restos de comida podrida. Los comerciantes han instalado puestos y están vendiendo postales y baratijas religiosas, y casi resulta demasiado obvio la colisión que se produce entre lo sagrado y lo profano como para que sea digno de algún comentario.

Sacamos algunas fotografías y nos marchamos. Un antiguo monje vestido de azafrán descolorido me ha mirado y sonreído. Fue como recibir la sonrisa de un alienígena al final de "Encuentros en la Tercera Fase".

Otra noche en el bar beatnik "Blue Note" en Thamel. Ulric y yo, libertinos infames, estamos completamente comprometidos con emborracharnos hasta volvernos locos. Más tarde él enciende una vela y la apoya sobre el teléfono de la habitación que compartimos. Nos quedamos un tiempo a la deriva, profundamente soñolientos, y el teléfono se prende fuego y comienza a derretirse. Se parece a un cuadro de Salvador Dalí. Los dos tenemos diarrea.

Y mientras estoy escribiendo este texto pedazo a pedazo, frase a frase, se me empiezan a ocurrir ideas para LOS INVISIBLES (acabo de elaborar la mayor parte del número once, donde aparece el chamán haitiano llamado Jim Crow. Debería explicar que los arcos de la serie más largos contarán con los personajes principales que están vivos, mientras que los números excepcionales y en dos partes pueden ser, y serán, sobre cualquier cosa vagamente relacionada con el concepto a mayor escala de los Invisibles), y además estoy leyendo "The Shaman´s body" de Arnold Mindell, que sugiere que deberíamos escuchar más lo que están intentando decirnos nuestros cuerpos sobre nuestra salud psicológica. Empiezo a escucharlo y mi cuerpo me dice: "Por favor, en el nombre de Buda, ¡encuentra un lugar donde acostarte!" Se oye a la gente animando ahí fuera, donde juega el equipo de fútbol de Katmandú con el Bhaktapur en el descampado de abajo y alguien ha marcado un gol.

Imagínate los vítores cada vez más fuertes, deformándose hasta convertirse en ruido blanco y luego convirtiéndose de nuevo en nada, volviendo como el sonido de una orquesta afinando, desvaneciéndose entre la distancia, el canto de los pájaros y el estampido de los coches. Entre el último párrafo y éste he tenido una de las más profundas y fascinantes experiencias "espirituales" de mi vida. Sea la estructura del Universo o el sentido de la vida y de la muerte lo que en realidad me han explicado durante estas últimas horas unas entidades dimensionales superiores hechas de cromo líquido, es algo que permanecerá abierto a discusión, pero ahora sé exactamente sobre qué tratan Los Invisibles y cómo van a finalizar. Nadie me cree cuando le digo que los pedazos que algunos catalogan como más "extraños" de mis cómics en realidad son los más autobiográficos. Y por supuesto, las fantasías más extrañas, por alguna alquimia maravillosa, pueden ser fácilmente transformadas en dólares que luego pagan la factura de la luz y me sirven para comprar alimentos. Al igual que Dane McGowan en la historia de este mes, algunos de vosotros podéis comenzar a ver exactamente lo que es la "magia" y cómo funciona.

Sin embargo, no hace falta ni decir que todavía tengo diarrea.

¡SALUDOS! ¡SAAAAAAAAAAAAAAAAAAALLLLLLLLLUUUDOS!

Este número presenta a Sean Phillips como artista regular de las portadas. No conozco lo suficientemente bien a Sean como para poder mentir sobre él. Es posible que hayas podido ver su brillante trabajo en la lamentablemente fallecida serie de Kid Eternity, que también estuvo dibujando. Ha hecho un montón de cosas para el mercado de Gran Bretaña y se está forjando su propio lugar en América con proyectos como el antes mencionado KE, El Corazón de la Bestia y la nueva encarnación con guión de Eddie Campbell de Hellblazer. Incluso si puedo convencerlo, hará el dibujo interior de algún número de LOS INVISIBLES, ¡Cristo! Sé que me estoy poniendo aburrido, pero como decía, si describo a Sean como un cojitranco delincuente sexual o un notorio asesino travestí probablemente me llevará a los tribunales.

Y mientras nosotros seguimos aquí, estaría bien que presentáramos al resto de incondicionales del Equipo Invisibles, pero apenas sé nada de ellos, por lo que dejaré esta sección a Stuart o Julie...

Hola, soy Stuart, estamos llegando a la parte inferior de la página, así que iré rápido. Daniel Vozzo es uno de los mejores coloristas del planeta Tierra, su trabajo también se puede ver en Sandman y Shade, el Hombre Cambiante, así como en las viejas y amarillentas copias de Kid Eternity, Brujería y muchos otros cómics de la mejor calidad. Electric Crayon son un par de chicos, Marc Siry y Steve Buccellato, que han empezado a establecer todo un mundo de fuego multicolor. Si quieres comprobarlo, busca su trabajo de separación de colores en varios de los nuevos títulos de DC que aparecerán los próximos meses. Y Clem Robins es un rotulista fabuloso cuyos créditos recientes incluyen Orquídea Negra, Hellblazer, Vamps, Kid Eternity y (sólo para variar un poco) La Liga de la Justicia de América. Creo que eso es todo, así que ahora cerraré los ojos y volveré con Grant a la tierra mágica de Katmandú...

Estoy demasiado cansado como para escribir más. He sido asaltado por ET y sus colegas y felizmente estaré descansando pronto. Os dejo con una súplica: por el amor de Dios, haced que lleguen esas cartas o tendré que hacer algo como esto en cada número.

Próximo mes: la mierda golpeará al fan, el fan chocará contra las palas del rotor y el helicóptero golpeará el petrolero. La vida de Dane McGowan dará otro giro hacia lo inusual mientras aprende de dónde provienen las ciudades, se entera de cómo volar y se enfrenta al terror sobrenatural del Vacío. Puede que estés aquí o allá, donde sea, pero compra, compra, cómprate LOS INVISIBLES Nº 3.

Grant Morrison
Nepal, mayo de 1994

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