lunes, 24 de junio de 2013

PITUFANDO CON PEYO, por R.C. HARVEY


Pitufando con Peyo.
Por R.C. Harvey (artículo aparecido en la web de Comics Journal en 2011. Traducido por Frog2000) 

Una vez más nos vemos amenazados por una invasión de los pitufos, ya que Papercutz va a publicar los tres primeros álbumes de una colección que reimprime las creaciones de Peyo de 1958. Estos tomos anuncian la llegada para este verano de una película de los Pitufos, primera vez desde la década de los 80 que se mostraron de forma similar. Y en general, como parte de la campaña mediática lanzada para sensibilizar a la conciencia pública y allanar el camino hacia el éxito de taquilla, las diminutas figuras azules han empezado a proliferar por los estantes de juguetes de Target y Wal-Mart y algunos otros lugares más, donde la promoción sigue acrecentándose. Me alegro de ver de nuevo a los pitufos: no sólo son unos personajes de historieta encantadores, sino que también me recuerdan momentos gozosos de mis días como marino.

La primera vez que me topé con los pitufos [Smurfs], se llamaban Schtroumpfs, y eso ocurrió en Marsella en el invierno de1961/ 62. El horizonte marino estaba coronado por la torre del famoso Castillo de If, la prisión fortaleza de la isla de la que escapó Edmundo Dantes envuelto en una lona para pasar a convertirse en el Conde de Monte Cristo. De lo contrario, Marsella sería un puerto descolorido, con un tono gris opaco del color de negocios en comparación con nuestro puerto más nombrado habitualmente, el de la frívola y soleada Cannes, un lugar de recreo con su playa de arena blanca, bikinis, pisos del Carlton Hotel y palmeras del Boulevard de la Croisette. Pero de todos modos acudíamos a tierra cada vez que podíamos, sin importarnos el clima o el ambiente que hubiese en ese momento. Una bebida es una bebida después de todo, Robbie.

Un día, cuando estaba paseando tan sólo como una nube a lo largo de la monótona costa de Marsella, llegué hasta una librería que estaba en una esquina de la calle lateral. En contraste con las tiendas sin ventanas del resto del barrio, que parecían estar selladas contra la impertinencia fisgona de la mirada de los transeúntes, las paredes exteriores de la librería eran todo ventanales, y el iluminado interior parecía brillar con calidez, haciéndote señas para que entrases en lugar de producirte aprensión en un barrio, por otra parte, que estaba completamente cubierto por cielos igualmente grises. Yo no hablo ni leo francés demasiado bien, pero me di cuenta de que era una librería: y mirando por la ventana pude ver algo más que libros. Así que entré.

Entre los tomos que se apilaban dentro había varios volúmenes encuadernados ("álbumes") de la revista juvenil Spirou, donde se serializaban varias series de cómic. Y, entre las historietas había una que registraba de forma caricaturesca las aventuras medievales de Johan y su compañero de pequeño tamaño, Pirluit. Al observar más atentamente dicha serie fue cuando pude ver por primera vez a los diminutos Schtroumpfs azules de los bosques.


Si la tira hubiese estado dibujada de forma realista, la presencia de los pitufos podría haber acabado con el aura de autenticidad de la misma, pero Johan, Pirlouit y sus amigos y enemigos estaban plasmados de forma caricaturesca, no como gente real, y por eso los pitufos no violentaban la ambientación de la serie. Estos enanitos con sombreros cónicos (conocidos como “gorros frigios”) se multiplicaron en las páginas de Spirou, apareciendo en las páginas de pasatiempos y en los mini-comic books insertos en mitad de algunos números. (Si quitabas las páginas y las doblabas dos veces, conseguías un delgado cuadernillo de 4×6 pulgadas; cómics en miniatura para personas en miniatura.) Años después, los pequeños, felices y satisfechos trolls emigraron a estas costas [EE.UU.], y fueron bautizados como los pitufos [smurfs], proliferando brevemente hasta que luego parecieron desvanecerse. O tal vez mi atención sencillamente se desvió hacia otro lugar.

Los pitufos fueron animados en películas y para televisión, pero me parece que nunca llegaron a aparecer de forma impresa. En mis recuerdos sólo aparecen impresos en aquellas páginas de los álbumes que ahora se encuentran escondidos sin peligro en las profundidades subeterráneas de “Rancid Raves Book Grotto”. Por lo que cuando Jim Salicrup, editor en jefe de Papercutz, me envió copias de dos números de la colección más novedosa, me convertí en todo ojos y regocijo: por fin teníamos aquí a los impresos después de no haber podido verlos durante un largo intervalo de tiempo, para leer, en lugar de tener que intentar apreciar sus travesuras mientras sus encarnaciones animadas parpadeaban demasiado rápidamente en la pantalla.

El segundo tomo de la serie, que apareció en mi buzón junto con el volumen inaugural, repetía el origen de los duendes azules que había aparecido en Johan y Pirluit. Finalmente, ¡el misterio de cómo se habían introducido en la tira quedaba resuelto! Pero sólo había agudizado mi apetito por saber más acerca de los personajes y de su creador, que firmaba su obra como "Peyo". Así que lo busqué en las cavernas de Google. Puedes hacer lo mismo, pero aquí están los puntos más importantes con los que te encontrarás:


Nació en 1928 en Bruselas, Bélgica. De padre inglés que trabajaba como corredor de bolsa y madre belga, Pierre Culliford encontró su seudónimo en la palabra que le dirigió un joven primo inglés que tenía problemas para pronunciar su apodo francés, Pierrot acabó convirtiéndose en "Peyo". Peyo dejó la escuela a los 16 años y empezó a trabajar como ayudante de proyeccionista en un cine. También asistió brevemente a la Academia de Bellas Artes de Bruselas pero, según encyclopedia.com, sobre todo fue alguien autodidacta.

Al concluir la Segunda Guerra Mundial, Peyo se unió al estudio de artes gráficas CBA (Compagnie Belge d’Animation), donde se convirtió en aprendiz de animador y conoció a otros jóvenes historietistas que acabarían convirtiéndose en nombres citados de forma habitual: Andre Franquin, Morris y Eddy Paape. Cuando CBA entró en bancarrota, Peyo empezó a trabajar como “freelance” en agencias de publicidad y a vender tiras de cómic a los periódicos. Una de ellas estaba protagonizada por un Nativo Americano llamado Pied-Tendre (Tenderfoot) y un diminuto explorador llamado Puce (Flea); otra obsequiaba a los lectores con las aventuras de un joven paje de la época medieval, un chico rubio llamado Johan.

En 1949 Peyo se encontraba produciendo cómics para el periódico Le Soir; en este caso Johan y una tira sobre un gato llamada Poussy [el Gato Pussy], pero la meta de su carrera en aquella época era conseguir publicar en “Le Journal de Spirou”, una revista semanal de cómics e historias para lectores jóvenes. El dibujante no conseguiría su oportunidad hasta el momento en el que Franquin empezó a hacer Spirou, pudiendo de esa forma presentar a Peyo a los editores de la revistas. El autor reformuló a Johan, cambiando el color del pelo del joven héroe de rubio a moreno, y en 1952 Peyo y Johan debutaron en Spirou.

Spirou era uno de los muchos cómics y revistas para jóvenes que habían florecido a finales de la década de los treinta, en la estela del éxito alcanzado por “Le Journal de Mickey” y las aventuras semanales del Tintin de Hergé en “Le Petit Vingtieme”. Publicado el 21 de abril de 1938 por Jean Dupuis, que puso toda la operación en manos de sus hijos Paul y Charles, la revista llevaba el nombre del personaje principal protagonista de su propia historieta. Spirou (una palabra que significa "ardilla" o "alegre niño travieso" en Valón, el dialecto de la gente de habla francesa de ascendencia celta que vive en el sur de Bélgica) era inicialmente un joven ascensorista del Hotel Moustique (en alusión a la publicación que ejercía de buque insignia de la editorial de Dupuis, “Le Moustique”), y estuvo vestido con un uniforme de botones rojo durante la mayor parte de su vida, viviendo aventuras casi todo el tiempo desde un punto de vista cómico. En sus primera aventuras Spirou estaba acompañado por su ardilla mascota, Spip, que se había unido al botones el 8 de junio de 1939. A continuación, en 1944, el historietista de la tira, Joseph Gillain, más conocido como Jije, introdujo un acompañante humano, Fantasio. En 1946 Jije le entregó la serie a su nuevo asistente, Franquin, que la estuvo produciendo durante los siguientes 23 años, considerándose finalmente como su autor definitivo.


Franquin escribió historias más largas y complejas e introdujo una galería de personajes secundarios recurrentes, mientras que sus pinceladas suaves y su forma de representar la animación le dieron a la tira su característico aspecto desenfadado y establecieron el estilo de dibujo de Jije como el principal rival de la técnica de la línea clara de la escuela de Herge (línea clara), más técnica. El estilo de Jije, denominado posteriormente de la “Escuela Marcinelle”, nombrado así por el pueblo en el que se encuentran las oficinas de Spirou, está orientado a la acción e impulsado por movimientos vívidos, mientras que el estilo de Hergé es más estático y atmosférico que energético; el trazo de Franquin es más flexible, vibrando con el movimiento, y el de Herge es más sereno y descriptivo en lugar de emotivo. En 1952 Franquin se había establecido tan firmemente en Dupuis como jefe de la serie cabecera de la revista que cuando se trajo a Peyo para conocer a los editores, se daba por hecho que le iban a ofrecer un puesto.

Casi desde un principio, la serie de “Johan” había sido lo suficientemente exitosa, pero en 1954, cuando Peyo le hizo acompañar de un diminuto colega, el exuberante pero torpe Pirlouit (en inglés, Peewit (Papamoscas), pronunciado como “Peewee”), la serie se convirtió en una de las más populares de Spirou. Pero fue la llegada de los pitufos los que generaron la fortuna de Peyo.


 En octubre de 1958, Johan y “Peewit” se encontraron una flauta mágica sólo que les fuese robada a continuación. Al perseguir al ladrón se encontraron con una tribu de enanos azules que vivían felizmente en sus coloridas casas de hongos en el bosque.

Precisamente esta es la historia que Papercutz ha reimpreso en el segundo de sus volúmenes inaugurales de los pitufos. Peyo había previsto que los Schtroumpfs (que miden como “tres manzanas de altura,” especificó) desapareciesen después de esa aventura, pero probaron ser tan populares que los hizo aparecer de nuevo una y otra vez en sus propias tiras, que fueron publicadas en un principio en forma de esos cómics en miniatura que podían verse en medio de las revistas Spirou. Era obvio que Peyo no había acertado en sus pronósticos: una vez comentó sobre los Pitufos, “dentro de tres años nadie volverá a hablar de ellos.” Y tampoco previó la popularidad de Pirluit.

Los pitufos eran azules, comentó, porque Peyo creía que a los niños les gustaba ese color. El origen del nombre es otra de las leyendas sobre Peyo. La historia empieza cuando Peyo y Franquin se encontraban cenando una noche en un restaurante, y uno de ellos (cuál de los dos fue sigue siendo un misterio), en lugar de decir “Pásame la sal”, dijo “Pásame el schtroumpf.” Esta estupidez hilarante le dio a Peyo tanto el nombre genérico de los diminutos trolls azules como, al mismo tiempo, uno de los aspectos más populares de los personajes entre los lectores jóvenes. La forma de resaltar la lengua “pitufa” [schtroumpf], en donde "Pitufo" sustituye cualquier sustantivo o verbo a capricho del que habla: bajo la “pitufa” del hablante, se podría decir.

En su mayoría, el atractivo básico de los pitufos reside en su apariencia. Con sus pequeños cuerpos y cabezas del mismo tamaño, sus colas achaparradas y sus narices bulbosas, y con sus divertidos sombreros cónicos, sencillamente los Pitufos son lo más adorable que he visto en mi vida. La narrativa de Peyo muestra en todo su apogeo las habilidades artísticas del historietista, desplegando todos los recursos del medio para satisfacer las exigencias de su historia de una forma pulida y con estilo.

Toda la acción está dibujada desde la misma perspectiva, con lo que se acentúa y sostiene nuestra percepción sobre el pequeño tamaño en el que habitan los pitufos. Aunque en las historias de Peyo aparecen juegos de palabras, durante la mayor parte de cualquiera de ellas el elemento cómico se transmite principalmente por medio de los dibujos: las historias siempre son más visuales que verbales, tal y como podrían ser si el medio elegido hubiesen sido los dibujos animados, como si Peyo se hubiese traído al cómic sus primeras experiencias en la animación. Algo que sin duda hizo.


Excepto por Papa Schtroumpf (Papá Pitufo, más tarde se le llamaría “King Schtroumpf” y “Schtroumphette”), estos mitos azules no están individualizados; son miembros sin nombre de una tribu. A veces, en una historia concreta, si por ejemplo se requiere nombrar de alguna forma a un bromista, uno de los personajes se apodará “pitufo bromista”, pero por lo general nunca se nombrará la ocupación de ninguno. Y aquello a lo que se dedican los personajes también es algo que no ha sido determinado. Viven felizmente en un pueblo de hongos en el bosque, pero lo que hacen para ganarse la vida es una incógnita. Sea lo que sea, no importa; el producto con el que comercian los pitufos es la ternura, y eso es todo lo que necesitan. Y no podrían ser más lindos en cualquier otro medio que en el del “cartoon”, ya sea en forma de cómic o de dibujos animados.

En 1960 Peyo inventó otra tira, Benoit Brisefer (en inglés “Steven Strong”, Valentín Acero / Benito Sansón en castellano), acerca de un pequeño niño poseedor de una fuerza sobrehumana que pierde cuando se resfría, y más tarde ideó otra, Jacky et Celestin [Jacky y Celestin], pero pronto Peyo abandonó el dibujo de historietas para pasar a supervisar el floreciente imperio de los pitufos. Para satisfacer la enorme demanda de los personajes, Peyo fundó un estudio. El “merchandising” de los pitufos comenzó a comercializarse casi de inmediato, y pronto se estrenaron las películas de animación, primero en Francia y luego en todas partes.


En los Estados Unidos, Hanna-Barbera produjo una serie para la franja de los sábados por la mañana que estuvo emitiéndose desde 1981 a 1989, y ahora se está volviendo a pasar por TV. En conjunto, los pitufos han aparecido en más de 400 cortos animados. Los álbumes impresos de los pitufos (17 de ellos) han aparecido en 25 idiomas (“Johan y Pirluit” se queda cerca con 13 álbumes, pero no se ha traducido a tantos idiomas). “The Ice Capades” incluyeron una coreografía de los pitufos durante una temporada, y también se abrieron las puertas de un parque temático sobre los personajes en Metz (Francia) en 1981, aunque terminó fracasando y siendo absorbido por “Six Flags production”.

El editor de Spirou, Yvan Delporte (que asumió la silla de jefe en 1955, cuando Charles Dupuis renunció a ella para prestar más atención a los álbumes), fue colaborador habitual de Peyo, escribiendo muchas de las historias de los Pitufos, pero Peyo mantuvo el control de los mismos, y de este modo, la calidad de la obra. Una vez dijo: “Me niego a confiarle mi negocio a profesionales que, o bien me quieren vender un contrato sobre las ganancias, o bien descuidar la calidad para conseguir un beneficio mayor. Y de ninguna manera voy a aceptarlo. Quiero supervisar todo para que mis pequeños personajes permanezcan siendo atractivos y los mismos que siempre han sido.”

Peyo falleció en la Nochebuena de 1992, pero su estudio continuó produciendo material bajo su nombre. Su hijo, Thierry Culliford, que asumió el liderazgo del estudio en los sesenta, es, supongo, quien asume la calidad del nombre de Peyo en la actualidad. La serie de Papercutz, compuesta por tres títulos hasta el momento, no está por debajo de la producción estándar de Peyo: el tamaño de página (6 x 9 pulgadas) es menor que el del álbum tradicional, de 9 × 12 pulgadas, pero las páginas son reproducciones exactas de las impresiones originales, y el tamaño más pequeño refleja bien la dimensión del mundo de los Pitufos sin sacrificar en ningún momento la claridad de las imágenes.


Además de “Los Pitufos y La Flauta Mágica”, que repasa el origen de los Pitufos en Johan y Pirluit, también se encuentra disponible el primer álbum de la serie en Papercutz, “Los Pitufos Púrpuras”, y en diciembre se editará el tercer número, “El Pitufo Rey”. Excepto La Flauta, que tiene 64 páginas, los otros tienen 56 páginas y son a todo color, costando 5.99 dólares la edición de bolsillo y 10.99 dólares en tapa dura. Por cierto, “Los Pitufos Púrpura” se titulaba inicialmente “Los Pitufos Negros” y nunca había sido publicado en inglés. Salicrup comentaba:

"La razón es que existía cierta preocupación de que la historia fuese a ser malinterpretada y encontrada ofensiva por los afroamericanos", explicó. "Aunque creemos que en la historia no hay nada racista en absoluto, creíamos que podría tomarse por el lado equivocado con mucha facilidad, especialmente por los niños." Así que Papercutz adoptó la misma solución que el estudio Hanna-Barbera en su adaptación animada: "Simplemente cambiamos los pitufos negros por pitufos morados", dice Salicrup.

Salicrup y su compañero Terry Nantier, fundador y presidente de NBM Publishing, estuvieron persiguiendo los derechos de los pitufos durante años. "Nos llevó mucho tiempo debido a que dos estudios de cine también estaban involucrados con los personajes desde hacía algún tiempo, por lo que todo lo referente a los derechos sobre la serie era un poco confuso," Salicrup comentó: "Una vez que anunciamos que teníamos los derechos, Adam Grano, uno de los diseñadores que trabajan en Fantagraphics, publicó una carta abierta a Terry en internet, explicándole por qué era él quien debería diseñar los álbumes para nosotros, y estuvimos encantados de trabajar con él. No puedo decir lo felices y orgullosos que estamos Terry y yo con la publicación de Los Pitufos: es exactamente el tipo de cómic que esperábamos poder publicar cuando empezamos con Papercutz. Ambos pensamos que estos cómics son clásicos, y deben permanecer disponibles, al igual que siempre lo ha estado Tintín en Norteamérica. Sencillamente creemos que Los Pitufos es un gran cómic para todas las edades".



La preocupación por cómo podrían interpretar los chavales jóvenes a “Los Pitufos Púrpura” es algo natural en Papercutz, que fue fundada en 2005 por Nantier y el co-propietario de Papercutz, Salicrup, con la intención de editar novelas gráficas para el mercado en particular de preadolescentes y adolescentes comprendidos entre las edades de 8 a 14 años. Pero las historias de los Pitufos que he podido ver hasta ahora son sagas para todas las edades, y también son obras de arte, una deliciosa mezcla del estilo “Bigfoot” [la forma de dibujar de Robert Crumb o Joe Matt] y "pies pequeños", que despliega una enorme pasión del estilo de Disney por el detalle visual en los ambientes y decorados.

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SMURFIN´ USA, artículo por Kim Thompson

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