martes, 27 de mayo de 2014

BILL SIENKIEWICZ HABLA SOBRE BIG NUMBERS Nº 3 (1 DE 2)


Bill Sienkiewicz habla sobre Big Numbers nº 3 (1 de 2).
(Texto escrito por Bill Sienkiewicz para The Beat no publicado. Rescatado por Pádraig Ó Méaloid en 2011 para su blog. Traducido por Frog2000.)

Originalmente Bill Sienkiewicz escribió este texto para Heidi McDonald, de The Beat, pero ella nunca llegó a usarlo por razones que no se han aclarado. Fue escrito como respuesta al gran interés que se había generado después de que yo me las arreglara para comprar la fotocopia de una copia aparentemente completa de Big Numbers nº 3 en eBay, y la posteara online en Marzo de 2009. En aquel momento pedí expresamente permiso a Alan Moore para hacerlo, aunque no tuve contacto alguno con Bill Sienkiewicz, así que no le hablé sobre ello. El tiempo pasó, e incluso acabé “haciéndome amigo” de Sienkiewicz en Facebook, pero continué sin mencionárselo. Sin embargo, después de que me comentase uno de los post que escribí, reuní el coraje suficiente como para escribirle finalmente acerca del tema. Al final resultó que no sólo es que no estuviese satisfecho con que yo hubiese publicado las cuarenta páginas de Big Numbers nº 3, sino que en realidad él mismo había estado buscándolas por algún sitio para postearlas públicamente. Así que le ofrecí llevárselas, particularmente porque esperaba poder hacerle una entrevista sobre su trabajo en Big Numbers a continuación. Bill quiso reescribir este texto un poco, pero le convencí de que lo dejase tal y como estaba, ya que sentía que la naturaleza un tanto caótica del mismo reflejaba bien la esencia misma del objeto de estudio.

Así pues, ya es suficiente por mi parte: para mí supone un enorme placer poder publicar este texto de Bill Sienkiewicz, uno de los artistas verdaderamente innovadores del cómic, sobre uno de los más ambiciosos proyectos de cómic que yo haya visto nunca.

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He estado recibiendo correos electrónicos y enlaces con un cierto grado de regularidad acerca del tema de “Big Numbers” desde que el tercer número se convirtiese en el centro de atención... de nuevo. Digo “de nuevo” porque hace unos años aparecieron un buen número de páginas del tercer número. En su momento se especuló sobre las páginas que lo continuaban, y en todo caso he descubierto que todos los años transcurridos desde entonces han tenido poco efecto para aliviar o disminuir dichas conjeturas. Y en interés de divulgarlo completamente, también debo señalar que después de haber escuchado casi todas las motivaciones detrás de este absurdo conflicto, teniendo cada enlace de esta cadena de acontecimientos la consistencia de un espagueti (y que de alguna manera se han ido reconfigurando milagrosamente hasta disponer de la textura del acero inoxidable en lugar de tener la de la pasta), y sin importar lo inane de las razones que se dieran, he de decir que en última instancia todas y cada una de las conjeturas (sin excepción) provenían de fuentes autorizadas absolutamente intachables. Pon comillas al aire dibujadas con los dedos alrededor de esta frase, si no es que quieres resaltarla con negrita. Por ahora, si todavía no has pillado mi admitida sarcástica incredulidad (sí, incluso a estas alturas) bien, pues que así sea.

La situación sigue plagada de especulaciones. Algunas de las personas que me han enviado correos electrónicos me preguntan directamente sobre la procedencia / pedigree / créditos y yayas respecto a las recientemente resucitadas páginas de dibujo para ese número. Sin duda, me parecía que existía un buen número de lectores que al menos tendrían una moderada curiosidad por saber qué porcentaje de los dibujos del tercer número son míos y cuántos fueron dibujados por Al Columbia, que fue mi asistente en aquella época. Voy a aclararlo lo mejor que pueda, en parte debido a que este asunto especulativo ya ha superado la masa crítica; y creo que la superó hace diez años, pero esa tan sólo es la opinión de un hombre solitario.

Por lo que: aunque sólo se hayan visto diez páginas de Big Numbers 3, todo el número fue dibujado por completo. Entero. No sólo las diez páginas que están circulando por ahí. Y ahora, respecto a quien dibujó qué: a excepción de unos pocos fondos de menor importancia (y para ser completamente honestos, tampoco creo que él dibujase nada en ese número en absoluto, pero admito que podría estar confuso de algún modo (por lo que simplemente diré que puede que esté decantándome por ser generosamente precavido o cautelosamente generoso), así que salvo quizás algunos posibles fondos, ese tercer número COMPLETO, repito, TODO el dibujo de Big Numbers nº 3 fue elaborado por un servidor. O bien, para aquellos que lo prefieran el revés: NADA de Big Numbers nº 3 fue dibujado por Al Columbia (y otra vez añado la advertencia: a excepción de, posiblemente, un par de fondos). Ciertamente, Al no dibujó figura alguna en los fondos ni nada que estuviese relacionado con la historia. No me puedo imaginar que él quisiera ser reconocido por mi trabajo más de lo que a mí me gustaría codiciar el crédito por el trabajo elaborado por él. Me imagino que él querría tener dicho crédito (y con razón) si el trabajo fuese completamente suyo. Es decir, el del cuarto número (personalmente yo nunca he visto nada de ese número y he oído que Al lo destruyó en su totalidad, pero no puedo decir que yo fuese testigo de dicha destrucción con mis propios ojos). Así que admito abiertamente que a excepción de la portada (ya que en ese punto había hecho portadas para aproximadamente la mitad de la serie), no dibujé nada en absoluto del cuarto número.

Tal vez la pregunta acerca de quién hizo qué en el número 3 pueda haber surgido debido al cambio del estilo de dibujo después de los dos primeros números. Los números 1 y 2 se realizaron con un suave enfoque atmosférico de estilo pictórico, con brochazos con un aire más fotográfico. Aunque me encantaba ese estilo y disfruté intensamente trabajando dentro de dichos parámetros, me di cuenta de que al optar por trabajar de esa manera durante doce números, casi literalmente me quedaría pintando en una esquina sin hacer nada más. Ese enfoque me llevaba una increíble cantidad de tiempo, y en última instancia resultó ser algo tan abrumador como inviable. Las cosas estaban cambiando de un número a otro y se estaban convirtiendo, por la misma naturaleza de la historia, en algo cada vez más entretejido y caótico. El doceavo número de la serie iba a aparecer completamente coloreado, y hasta ese mismo, cada ejemplar iría introduciendo más variables y enfoques, el color sería un elemento predominante. Era algo más que se agregaba a la carga de trabajo del completamente minucioso guión de Alan.


En este punto me gustaría comentar que todo lo que hayas escuchado sobre los guiones de Alan es absolutamente cierto, e incluso más aún. Alan es un genio, un absoluto caballero. Simple y llanamente. Sí, sus guiones son densos. Son brillantes, tienen varias capas y matices, son de textura abigarrada, hermosos y de enormes proporciones. Todo ello de forma simultánea. Y aunque Alan es muy respetuoso y generoso a la hora de prevenir las alteraciones hechas por el dibujante, los guiones verdaderamente piden, no, exigen, ser interpretados en su totalidad. Es algo prácticamente sacramental.

Así que admito que en los guiones de Alan Moore me encontré un reto de increíbles dimensiones y belleza. Cada página era un guante de adornada opulencia que él me arrojaba a los pies, si no es que lo oscilaba bruscamente contra mi cara, aporreándome jodidamente bien. Si lo maldije por ello, estoy seguro de que fue debido a la admiración absoluta que le profeso. Trabajar con Alan fue como pasar de las tablas de multiplicar a la tabla periódica, y de ahí a la física cuántica, todo ello en el espacio de una sola viñeta. Procedí a concentrarme tan sólo en el trabajo de Alan y en mi colaboración con él, renunciando por el momento al resto de su impresionante obra, baste pensar en la profundidad y diferencias que existen entre su Shadowplay (“realpolitik” a través de Kafka) y (aunque fuese sólo durante unos pocos números), su Big Numbers (la realidad a través del Kafka de Schrödinger.)

Así que me gustaba hacer los bocetos. Y luego usaba esas miniaturas para coreografiar, y luego fotografiar, a un promedio de cuarenta y cinco personas diferentes para interpretar los personajes, tanto los principales como los secundarios. (Debería mencionar que sólo uno de esos modelos trabajaba realmente como modelo. El resto de este elenco Dickensiano (Mooresiano) estaba compuesto por personas reales con vidas reales, y muchas de ellas, aunque no todas, tenían poco o menos que un interés cero por los cómics. En primer lugar tenían la idea preconcebida de que los cómics eran Betty y Verónica, Superman o Hulk. Para ellos, Los Vengadores eran menos el Capitán América y más Emma Peel, sombreros hongo y paraguas. Y algunos ni siquiera sabían lo que eran los cómics hasta ese mismo minuto. Algunos ni siquiera habían tenido nunca ni un solo pensamiento solitario sobre los cómics. No tenían relevancia o importancia de algún tipo en sus vidas. Dicho esto, de ninguna manera quiero dar la impresión de que dicho ensamblaje multi-étnico fuese una especie de Diáspora artística para los poco predispuestos. No. En realidad, casi todo el mundo parecía muy receptivo hacia ese "experimento” de cómic. Decididamente querían jugar, Dios los tenga en su gloria, pero eso no quiere decir que no se dieran acelerados batacazos y que francamente surgieran baches del tamaño de una caldera a lo largo del camino. Varias de las personas, como el dulce caballero indio que se hizo pasar por el dueño de la tienda aficionado a las maquetas de tren, querían asegurarse de que no estaban siendo representados de cualquier forma contraria a sus creencias religiosas; el padre negro quería aparecer retratado con dignidad. Entendía sus preocupaciones, aunque traté de explicárselo y así es como conseguí su autorización, una que básicamente establecía que si los personajes que estaban posando hacían algún tipo de cosa desagradable, de ninguna forma eso reflejaba a la gente que había detrás de los modelos. Sé que esto puede sonar exótico y radical, pero tenemos que recordar que un gran porcentaje de la población no tiene ni idea en cuanto a lo que significa posar como personaje. Simplemente son quienes son. Fue un ajuste interesante. Y también consumía tiempo.

Luego estaban los padres que estaban comprensiblemente menos emocionados ante la perspectiva de que un loco punk del comic-book tomase fotos de sus hijitos haciendo cócteles molotov. No se puede decir que los culpara. Pero el hecho es que la ciudad donde vivía y trabajaba (Westport, Connecticut) y sus alrededores, habían pasado a ser el escenario que había inspirado la novela The Stepford Wives [Las Mujeres Perfectas] parecía estar hecho particularmente a propósito. A la persona negativo que hay dentro de mí le encantó la perversa ironía.

Y sus “pequeños queridos” aprendieron una habilidad.


Sin duda yo estaba inmerso en algo complicado, inundado de verdaderos "grandes números", donde la coordinación de esta monstruosa y creciente agenda fotográfica durante largo tiempo habría sido -ya de por sí- más que suficiente locura con la que cualquier persona en su sano juicio quisiera haber tratado alguna vez. La palabra clave aquí es "cordura." Mi abrevadero local favorito era una estación de paso para una gran variedad de gente del mundo del entretenimiento y el periodismo. Todo el mundo conocía a todo el mundo. O conocía a alguien que conocía a alguien. Había dos grados de separación, no seis. Por allí pasaban ilustradores increíbles (Bernie Fuchs, Al Parker, Bob Peak, Robert Fawcett), actores (Paul Newman, Joanne Woodward, Chris Walken, Keir Dullea), artistas como Charlie Reid, Bob Baxter, escritores como Erica Jong, y muchos dibujantes y guionistas de cómics, demasiados como para nombrarlos. Era el Cielo. Un centro artístico increíble. Menciono esto porque me di cuenta de que con el enorme trozo de acopio de referencias que había mordido con respecto a la fotografías de tanta gente, estaba negociando completamente el camino hacia unas potenciales e innumerables minas terrestres. Llegué a estar muy cerca de llamar a la fuerza motriz que había detrás de la escena del Teatro Westport (a la mismísima Joanne Woodward), para suplicar que me recomendasen actores que supiesen lo que implicaba tomar parte en algo así. La única arma de doble filo sería el hecho de pagar a tantas personas por su experiencia, y algo igualmente importante: por su tiempo. Financieramente, Big Numbers estaba empezando a convertirse en un pozo sin fondo que se tragaba el dinero. Demasiado tiempo y esfuerzo involucrado para conseguir referencias, dejándome muy poco tiempo para crear los dibujos. Tiempo. La herramienta definitiva. El enemigo final.

Sin embargo, también muchos amigos se ofrecieron como modelos de forma gratuita. Uno de ellos era el fenomenal dibujante Stan Drake, que fue mi figura paterna, mi querido amigo y mi mentor artístico, que se hizo pasar por el padre de Christine, el caballero que se comía la cena mientras se sentaba en el trono de porcelana. Una cosa tremenda. Pero Stan me pareció genial. Fue extraño, raro, pero también divertido. John Prentice también posó. Era el padre y terrateniente de la esposa maltratada. Frank Bolle Jr. fue el taxista traumatizado. Y en el bebedero habitual pregunté por un habitual, un caballero con el que bebía de vez en cuando, alguien llamado Harry Reasoner, para que interpretase a un periodista de la televisión inglesa. Entre risas, puso reparos a hacerlo. C'est la vie.

Otro amigo mío, el que interpretaba al arquitecto, en realidad era arquitecto. Anteriormente había estado en las Fuerzas de Operaciones Especiales de la Marina, y fiel a su estilo, no admitía mierda alguna. Aquí teníamos a un tipo tan militarista que nadie podría querer jamás encontrárselo en un callejón oscuro o de cara en la playa, y luego estaba su seguro servidor: el tipo más liberal, problemático y listillo de los cómics en una ciudad de jóvenes banqueros republicanos. Ni que decir tiene que el Sr. Seal y yo nos llevábamos a las mil maravillas. A él le encantaban los cómics. Y fue él quien me sugirió que fotografiase a sus dos hijos como los hijos del arquitecto. Sus edades eran exactamente como las que había descrito Alan. De hecho, fue como encontrar orden en el caos. (La hija del arquitecto estaba interpretada por una amiga de la mujer de la que me había separado, por lo que se produjeron grandes tensiones).

Las cosas parecían escalarse en dirección inversamente proporcional a los niveles normales de cordura... Más aún, en realidad parecían degenerarse horrible, tristemente, ya que dos de los modelos fallecieron. Un buen amigo se ahogó en un extraño accidente mientras navegaba. Su fallecimiento fue horrible a muchísimos niveles. Los dos, su novia y él, trabajaban en mi lugar de alterne habitual. El pueblo entero de Westport los lloró. Fue como la muerte de un familiar. Otro amigo, Ray, éramos colegas y miembros de la “Loyal Order of Raccoons” (si, esos “Raccoons”), con el habitual saludo secreto. Nuestras reuniones una vez al mes eran realmente una excusa para que quince tíos se reunieran para jugar al billar, a las cartas, a los dardos, para avergonzar a nuestros compañeros “Raccoons” mediante la celebración de despedidas de soltero salvajemente inapropiadas, etc, todo ello bajo la influencia del demonio del ron. Ray murió de cáncer de páncreas y dejó una esposa y una hija de cuatro años... El arte y la vida fueron destilándose hasta la quintaesencia de lo extremo. El caos, el amor, la pérdida, la abrumadoramente intensa experiencia de haber pasado por una guerra juntos. Tanta gente, tantas vidas que se cruzan con otras vidas y bajo la rúbrica de la familia “Big Numbers”...


(Continuará mañana)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es un vendido Sienkiewicz. Terminó trabajando en Before Watchmen. Que se vaya a cagar por forro