miércoles, 28 de mayo de 2014

BILL SIENKIEWICZ HABLA SOBRE BIG NUMBERS Nº 3 (2 DE 2)


Bill Sienkiewicz habla sobre Big Numbers nº 3 (1 de 2).
(Texto escrito por Bill Sienkiewicz para The Beat no publicado. Rescatado por Pádraig Ó Méaloid en 2011 para su blog. Traducido por Frog2000. Parte 1.)

El desafío más grande a la serie aún estaba por llegar. El personaje principal, la amiga que hacia de modelo para Christine, eligió ese período de tiempo determinado para casarse. Ahora, eso no debería haber sido un verdadero problema, ¿verdad? Bueno, normalmente… probablemente no lo hubiese sido, a excepción de que se casó con un soldado, y su esposo de nuevo cuño tenía destino en Alemania. Así, después de que los novios cortaron el pastel de bodas y se lavaron por dentro con champán, auf wiedersehen, Christine. Pero no podía burlarme de ella exclamando: "¿Cómo pudiste hacerme esto a mí y a los EE.UU.!? Después de todo lo que hemos pasado?” Incluso yo no soy ese tipo de narcisista. Pero vamos, ¿cómo se atreve a presumir de tener una vida real?

Además, el telón de fondo de este período de tiempo estuvo repleto de enormes cambios personales en mi vida como los que siguen: la ruptura bastante conocida que tuve con Al Columbia, (bien, en el universo del cómic fue como una especie de “Peyton Place” [1957] conoce a “Eva al Desnudo” [All about Eve, 1950]. Fuera de ese ámbito, a nadie le importaba un comino, gracias a Dios.) Pero también fue algo que a su vez sólo sirvió para alimentar mayores niveles de salvaje especulación. Debo señalar que Al y yo hemos hecho desde hace mucho tiempo las paces. Porque no le deseo nada malo. Lo que ocurrió es algo que achaco a la locura de la juventud.

Oh, y acabo de acordarme: la banda sonora de aquel período fue el brillante álbum de The Cure, "Disintegration". ¿Coincidencia? El corte “The Same Deep Water as You” pareció convertirse en un aterrador mantra. La letra Robert Smith parecía conocer bien la coexistencia entre entropía y resignación. Admito que escuché ese disco durante semanas, y que me produjo una buena cantidad de esperanza y redención, tan sólo porque la música era demasiado hermosa como para ser tan abrumadoramente desoladora. A día de hoy, la canción me sigue trayendo recuerdos.

De todas formas, las cosas no podían continuar siendo tan bizarras, creo. No había forma.

Hasta que lo fueron, es decir, entre los números 2 y 3, el hijo menor del Seal creció seis centímetros de altura. Consiguió ser alguien muy desgarbado. Soportó la torpeza engendrada por una voz quebrada. Entrar en la pubertad es lo que hace por ti. Apenas era ya un “niño”. Más aún, ya no era el “niño” que tenía que posar para que yo dibujase al hijo menor del arquitecto. Me bailaban los ojos.


Otra digresión: debo explicar en este punto que en absoluto soy un esclavo de la fotografía. No me gusta ser esclavo de nada de lo que podría convertirse en una muleta. Las fotos son herramientas que se pueden utilizar y modificar para cualquier necesidad específica en cualquier trabajo específico. Al igual que todo el mundo, yo mismo he posado, he hecho desde vieja bruja hasta extraterrestre adolescente. Me gusta utilizar la fotografía como posición básica y guía para las proporciones. Luego puede que cambien las cosas en base a mis conocimientos acumulados debido a toda una vida dedicada al dibujo, una vida de alrededor de unos cuarenta cuadernos de bocetos de dibujo. Otras veces simplemente me gustaba "levantar la mierda”. Es prerrogativa del artista. Me recuerda a lo que Al Williamson me comentó una vez sobre un momento en el que estuvo intentando dibujar las escenas que se le ocurrían en lugar de utilizar fotografías. Se refirió a ello como "tener que encontrar de nuevo el talento".

Pero con Big Numbers, una de las demandas (requisitos previos) que me impuse fue trabajar casi exclusivamente con modelos en la medida de lo posible.  Quería el mayor grado de verosimilitud fotográfica ilustrativa del que fuese capaz. Maldita sea, iba a conseguir la referencia exacta sin importar cómo lo hiciese. En retrospectiva, fue un vano intento de controlarlo todo -todo- por completo, ya que las cosas se arremolinaban y chocaban en el aire a mi alrededor. Ese fue mi período Stanley Kubrick. Por supuesto, cuanto más trataba de controlarlo todo, más me pateaba la Vida Real el culo. Arriba y abajo por el corredor de la Ruta 95.

Por lo tanto, cuanto más tiempo pasaba, más detritus se generaba y más tupido se hacía el bosque. Me di cuenta, después de leer el tercer número, que una alteración estilística parecía bastante apropiada, tal y como había hecho en Elektra: Asesina. El beneficio de hacerlo sería que podría mostrar mejor el entorno cada vez más caótico que habitaban los personajes, y también aceleraría el proceso y la producción de páginas. (O eso es lo que me esperaba: como dije, necesitaba conseguir una sensación de control de este gigante fugitivo.) Por lo tanto, cambié a hacer las páginas a pluma y tinta, con apoyo adicional de aerografía, salpicaduras y lápiz con entramado. El estilo -o más bien la técnica- podía ser incongruente para algunos, pero yo estaba decidido a hacer el esfuerzo por cambiar el estilo en favor del Gestalt contextual de la serie. Big Numbers iba de encontrar orden en el caos. Y las cosas no podrían haber sido más caóticas de lo que eran en ese mismo momento. Y además, mi trabajo siempre ha tratado acerca de poner orden en el desorden. O simplemente de hacer revoltijos -sólo revoltijos- y nada más que revoltijos, según la percepción de mis detractores, algo como: "¿Pero qué es toda esta mierda rasposa y rascada? ¡AGH!” Pero yo hago lo que me gusta hacer. Para mí era como respirar: hacer correcciones artísticas a partir de lo que me parecía que me estaba chillando que eran errores que pedían ser redirigidos, vestir de seda a la mona, abarcar lo inabarcable... creo que coges la idea.


En algún lugar del camino de este libro secular de matemáticas y caos se habían desdibujado los límites entre religión y vida real, o más apropiadamente, en lugar de religión pon por ejemplo, espiritualidad, como si los evangelios gnósticos y la idolatría pagana hubiesen sido asumidos por las religiones nacientes del cristianismo y el judaísmo debido a conveniencias políticas (en un momento en el que probablemente fuesen el equivalente de los “cultos”, hasta que se convirtieron en una Nova para las masas.) El arte se infiltró en el comercio. El comercio tan sólo sangró y sangró, desangrándose como un loco. El Caos como Tema se reunió con el Caos en la Realidad... y el reloj seguía marcando las horas, las páginas del calendario se arremolinaban en un puré hecho a base de pergaminos alrededor de mi mesa de dibujo, como si fuese algún mal montaje cinematográfico. Los plazos volaron en mil pedazos. No podía dormir, y eso me sirvió de mucho. Me habían confiado esto para sacarlo adelante, para “sostenerlo”, para mostrar lo que yo tenía, y se me estaba yendo a pique por tercera vez... cada vez había menos dinero. La productividad se vio seriamente afectada. Big Numbers se convirtió en mi vida. No sólo la serie que Alan y yo estábamos intentando hacer, sino que Big Numbers era la placa de Petri de una verdadera vida caótica. Yo había perdido a un padre, una relación, había comenzado una nueva, pasado por la debacle con mi asistente de dibujo, y me había dado cuenta de hasta qué punto tenía detrás la proverbial bola ocho que yo mismo me había buscado. Y que también había buscado a Alan, a Big Numbers, y a la gente de Tundra. Y por supuesto, a los lectores, también de suma importancia.

Así que dicho en inglés sencillo, entre los números 2 y 3, mi así llamada "vida" se convirtió en un completo infierno personal: no estoy diciendo esto como si fuese el escenario de un quejumbroso “¡Ay de mí”. Que le jodan a esa mierda de forma de pensar. Te lo comunico por otra razón egoísta: quiero enfrentarme a los especuladores y a todas esas "excelentes autoridades irreprochables" que, por favor, acordaos, ¡ni siquiera estaban allí en ese momento! y que todavía se piensan que (con toda franqueza, así es como yo lo veo) pueden sacar la cabeza del culo (que es un elegante truco de salón, aunque no valga como sustituto de precisión expositiva sino, bueno, sólo para sacar la cabeza del culo de uno. Las cosas pueden oler bastante podridas en Dinamarca. O en Oz. O en…) Sí, lo sé, probablemente estoy escupiendo contra el viento al hacer hincapié en todas estas cosas en un esfuerzo por terminar de una vez por todas con la especulación, la presunción y las insinuaciones "él dijo, y él dijo, y ella dijo”. Esa sí que es buena.


Por lo tanto, finalmente todo esto me lleva hasta el momento en que terminé el tercer número en su totalidad, después de haber aceptado liberarme de las riendas de la serie, y por eso les entregué todos los dibujos de Big Numbers 3 en mano a Paul Jenkins y a Kevin Eastman, y me fui a hacer publicidad e ilustración... una ruptura que era todo un imperativo... y al hacerlo, efectivamente, le pasé la antorcha a Al.

Pensaba que ese sería el final de todo.

En muchos sentidos, tan sólo fue el principio. El tumulto “detrás del telón” de Big Numbers se correspondía asombrosamente con el guión de Alan. Se convirtió en el Arte imitando a El Arte que imita a la vida que imita… bueno, la sinapsis se hinchó e hinchó gravemente.

Para aquellos de vosotros que no estéis inclinados a tomaros todo esto como algún tipo de alumbramiento de la conciencia, estoy de acuerdo con vosotros. No busco la absolución. No estoy buscando evadir responsabilidades o excusas. Simplemente estoy presentando la cadena de acontecimientos lo mejor que la recuerdo. Quiero ofrecer mis propias respuestas (buenas, malas y malísimas) a cada situación que se ha planteado. Asumo toda la responsabilidad por la pérdida de control de las cosas que deberían haber estado bajo mi control. De hecho, en mi estudio yo era el adulto. Mi ayudante era un niño en muchos sentidos, y no estaba preparado para manejar ciertas responsabilidades. Estoy seguro de que él estará de acuerdo con que las cosas se volvieron estrafalarias en aquel entonces. Todos nosotros estábamos montando un salvaje toro-dragón que odiaba que le aplicasen las espuelas en las costillas. Espero que Al y su familia tengan una vida tranquila y feliz.


Estoy bendecido por poder contar a Kevin Eastman, Paul Jenkins y Alan Moore entre mis amigos, y porque sean tan generosos. Me encantan esos chicos. Hacen que mi mundo sea más brillante, tanto en los cómics como en la vida.

Si puedo ser narcisista por un momento ("¿sólo un momento?” Algunos de vosotros sin duda habréis pensado, “ha estado escribiendo un tratado ególatra desde la primera palabra".) Sin embargo, aquí va: me enorgullezco de ser un profesional, y más que nunca en estos días, y sentí que Big Numbers se convirtió en mi Moby Dick: la gran ballena blanca metafísica surgida de mi interior.

A día de hoy lamento que Alan y yo nunca terminásemos la serie. En realidad, literalmente, no puedo soportar la idea de que quede ese hueco en nuestras vidas creativas, y ciertamente en la mía. Y honestamente, no hay una sola semana que no piense en completarlo, que no piense en contactar con Alan y decirle: "Aquí un adulto. ¿Qué me dices? ¡"Kick Out The Jams"! Comprendo su gran decepción, aunque no tengo ninguna duda de que la ha superado. Y sin duda se ha vuelto aún más brillante, si es que eso es posible. Me he disculpado con Alan y con los demás personalmente. Y también me disculpo con vosotros, los lectores. Vosotros, todos y cada uno de vosotros sois una joya y una clara razón por la que luchar para daros algo a cambio, algo que marque alguna pequeña diferencia en base a mis limitadas capacidades, y a pesar de mis debilidades humanas. No soy religioso, para nada (espiritualidad y religión no son sinónimos). Aún así, estoy rezando ahora, mayor y más sabio, y tal vez incluso mejor, de lo que era hace muchos años. Esas cabezas más maduras y frescas son las que han prevalecido todo este tiempo.

Simplemente he intentado presentar mi versión, el punto de vista de un tipo que estuvo en el epicentro del terremoto. Dudo mucho que lo que he escrito termine con las especulaciones o altere las agendas de nadie. No soy un ingenuo. Creo que, en retrospectiva, simplemente hubo muchos factores que jugaron un papel importante en la implosión de Big Numbers. Yo no era más que uno de ellos. Uno importante, pero sólo uno de ellos.

Sé lo que haría falta para conseguir que la culminación de Big Numbers se convirtiese en una realidad. Pero cualquiera que sea eso, me lo reservo como mi propia Teoría del Caos.

Gracias por vuestro tiempo.

Bill Sienkiewicz

En algún lugar de Connecticut.

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1 comentario:

Anónimo dijo...

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