miércoles, 6 de agosto de 2014

¿CÓMICS O COMIX?, por Jaxon, miembro de Rip Off Press (3 de 5)


¿Cómics o Comix? Por Jaxon, miembro de Rip Off Press. Artículo aparecido en Blab nº 4 (1989). Traducido por Frog2000. Parte 1Parte 2.

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Sin embargo, hay ciertos conceptos equivocados a los que sí que me referiré con mucho gusto, porque definitivamente su función parece resultarles conveniente a los que los usan. Uno de ellos es la idea de que los artistas del comix en realidad aspiran a entrar "por la puerta grande" del negocio y que su trabajo en el underground no es más que una incómoda etapa en sus carreras. Tradicionalmente (en la industria), los artistas primero han trabajado como aprendices (un eufemismo de "chico de los recados"), y gradualmente han ido escalando puestos en la organización hasta que un día, en el cénit de sus poderes creativos, se han sentado detrás de una mesa y han hecho frente a complicaciones tales como las fechas de entrega y otros detalles parecidos. No sé si alguno de los dibujantes que trabajan en los comix aspirarán a dicha forma de estar muerto. Y no es muy posible que la industria pueda convencer a cualquiera de estos artistas para que trabajen para ella, a menos que se lleven a cabo drásticos cambios en su enfoque sobre el cómic basado en jerarquías.

Otra noción falsa es la de que nos contentamos con mantener una distribución equivalente a una mota de polvo, y que nunca hemos considerado hacer las cosas a una escala similar a la de la industria. Probablemente a la industria le gusta pensar de esa forma, a juzgar por la suerte que corrió una próspera EC cuando cayó en manos de sus celosos competidores, pero estamos tirando ediciones de cientos de miles, no sólo de cientos. Estamos explorando métodos alternativos de distribución para proseguir con nuestra expansión, basándonos en la convicción de que las rutas habituales se han quedado obsoletas.

Otra idea aún más equivocada que ha ganado bastante credibilidad es la de que somos un "grupo cerrado" y hostil con el resto de dibujantes que se encuentran fuera de nuestra "escena". Creo que cualquier dibujante con una chispa de fuego que haya intentado entrar en los comix, ha podido hacerlo sin problemas, y además se le habrá dado la bienvenida con los brazos abiertos. Eso no quiere decir que no tengamos nuestros propios criterios, aunque estén basados en el intercambio de ideas creativo, no en trivialidades como el estilo de vida, raza, género, etc.


Pero quizá el concepto más erróneo que se tiene sobre los comix y que "explica" o "justifica" cosas para la gran mayoría de los que lo critican sea el de su aparente preocupación por el sexo, la violencia y las drogas. No sería capaz de darle una respuesta que pudiese pasar por aceptable a esa gente que se hace la pregunta de cuál es el derecho que tienen los comix para tratar estos (u otros) tópicos "prohibidos". Sé que en el fondo de sus objeciones no está la preocupación por la forma en la que describimos estos temas, sino el derecho que tenemos a hacerlo.

Podría estar bastante tentado a ofrecer una respuesta, como hizo el Mr. Natural de Robert Crumb cuando le preguntaron por el significado de "diddy-wah-diddy": "Si no sabes lo que significa, señora, NO TE METAS con ello". Pero si los inquisidores hubiesen sido también fans desde hace mucho tiempo, probablemente les preguntaría si alguna vez se han imaginado qué habría ocurrido si Frazetta, Wood o Williamson hubiesen podido describir el sexo con total libertad en una tira. O quizá lo que podría haber hecho Alex Raymond con Flash Gordon y la Reina Frigia cuando se quedaron solos allá, en la cueva de hielo (excepto que ella sí que pudo vestir con un ceñido abrigo), si creen que pensaba que podía hacer lo que quisiera con total libertad. O quizá lo que habría hecho Hal Foster, volviendo a aquel momento en el que el Príncipe Valiente se llevó a la Princesa Aleta de las Islas Brumosas a la fuerza y la arrastró encadenada a él por todo el Lejano Oriente.

Me alegro del rico tapiz que hemos heredado de estos artistas, pero también me gustaría mucho que hubiesen tenido la oportunidad, como nosotros, de elaborar sus propias fantasías sexuales. Tengo la sensación de que habrían hecho algo increíblemente hermoso y que no eso no habría producido una sociedad ni con la mitad de psicóticos que tenemos en la actualidad.

Lo mismo he de decir para el retrato explícito de la violencia en los comix. Como ya han dicho otros antes que yo (siendo desatendidos, por supuesto) podría pensarse que una buena forma de disuadir a alguien de que utilice la violencia podría ser mostrándole lo que realmente ocurre cuando le pones a alguien una pistola en la cabeza o un cuchillo en la garganta, en lugar de enseñar decorosamente que no deja ni una sola marca en ellas. Si las víctimas de los cómics no sangran nunca, ¿qué es lo que hará en las almas más impresionables esa falsa idea de que matar o mutilar es algo que está bien, ya que, obviamente, la víctima no sufre ningún dolor? Esta forma de hipocresía proviene del Comics Code: "Si pretendemos que no pase nada, entonces no pasará". La verdad es bastante diferente, y la verdadera pregunta es la de si los cómics deberían tratar de hacer frente a estas cuestiones o ignorarlas, pretendiendo hacer como que no existen.


Aparte de dichos conceptos erróneos y objeciones respecto a la aparición del sexo y la violencia en los comix, aunque en verdad ambos sean algo que les resulta bastante cercano y querido a los corazones de todos los americanos de sangre roja, todavía nos quedan las objeciones que sigue levantando el tema de la droga. Entiendo que los artistas han mostrado sus efectos en una multitud de formas a lo largo de cientos de años. Un breve estudio de los artefactos de la Antigüedad hará que cualquiera se pregunte s i la gente podría llegar a crear algo tan raro con sus "rectas" mentes. Probablemente no puedan, porque por lo general estarán colocados con algo que va desde un simple zumo hasta algo un poco más químicamente complejo.

En lo que se refiere a los cómics, difícilmente puedo imaginarme a un historietista del underground, sin importar lo lejos que haya ido con las drogas, produciendo una tira tan consistentemente extraña como Little Nemo de Winsor McCay o el Krazy Kat de George Herriman, cuya influencia en el desarrollo del medio está fuera de toda duda. Y ha habido otras “antiguas” igual de extravagantes. Por ejemplo, cierto número de las tiras de periódico de los treinta y los cuarenta estaban basadas en los aspectos más humorísticos de la Prohibición, una situación sin parangón en los comix sobre droga contemporáneos. Sin duda mucha gente se quedó asombrada por lo que hacía Snuffy Smith en sus comienzos, al igual que ahora les ocurre con Dealer McDope. La idea es que no creo que no es asunto de nadie si un artista fuma hierba o no, ni tampoco si bebe Scotch o huele asientos de bicicleta. Si para él está bien, está bien. Si a él le parece una mierda, también es bastante obvio a quién debe importarle.

Hay otro ángulo de los comix que creo que es incluso más revolucionario que los cambios e innovaciones aparecidas entre las propias cubiertas de los títulos. Me refiero a los cambios que se han producido en las estructuras económicas y editoriales y que los artistas de los comix han iniciado, preocupándose por preservarlos.

El primero es que todos los editores de comix trabajan con los dibujantes en lo que prácticamente equivale a un acuerdo asociativo. Respecto a esto me refiero a que los dibujantes están involucrados directamente en el éxito continuo de cada uno de los tomos que se producen. Aparte de los adelantos aportados por los editores, los dibujantes reciben un cierta suma de royalties por las reediciones de su trabajo. No vendemos nuestra obra sobre una cantidad estipulada anteriormente. Preferimos retener nuestro porcentaje por los derechos hasta su eventual éxito, incluso aunque nuestra compensación inmediata pueda ser menor que si hubiésemos aceptado una cantidad estipulada y renunciado a nuestra propiedad. Esto es un concepto esencial en el medio de los comix: que los artistas tengan el derecho de recibir un beneficio directamente proporcional al éxito financiero de su trabajo.


También mantenemos el copyright de nuestra obra publicada, así como los originales. Trabajamos a nuestro propio ritmo particular. Algunos títulos aparecen cada tres o cuatro semanas, y otros llevan todo un año prepararlos. Creemos que es mejor para todo pasarse todo un año produciendo una gema en lugar de tener que hacer frente a las fechas de entrega para producir un montón de mierda de forma regular.

No reconocemos una autoridad editorial superior que la de nuestro propio juicio particular. Los Comix han evolucionado como la matriz de un fermento artístico, a través de ideas que han ido rebotando entre sí, sugiriendo a otros formas más efectivas de representar escenarios particulares, etc Es algo que va emergiendo lentamente, y es cuando los títulos se terminan de crear de cabo a rabo cuando el editor puede manejar el producto completo. No es algo que esté sujeto a sus gustos, a su aceptación. En los raros casos que no se ha hecho así, siempre ha habido otro editor dispuesto a llevarlo a cabo de la primera forma.

Sentimos (y en este punto nuestros editores también lo hacen) que es labor de los artistas saber lo que quieren decir y que saben la mejor forma de hacerlo. Por otro lado, el editor también puede dibujar la tira él mismo. Esto lo entienden todos, algo que también se debería poder aplicar a los editores de la industria mainstream.


Desafortunadamente, la realidad es algo completamente diferente. La industria mainstream no trabaja CON sus artistas. No está interesada en el crecimiento personal ni en la individualidad artística. De hecho, teme que exista dicho crecimiento, porque eso supone una amenaza a su propia posición de poder. En consecuencia, la industria ha hecho todo lo posible por asegurarse de que todos esos artistas son unidades intercambiables que pueden cambiar de un personaje a otro, de un título a otro, sin que exista una diferencia apreciable, todo ello basándose en los mandatos de las respectivas fechas de entrega.

Por alguna extraña razón la industria ha decidido que no tiene interés en potenciar la diferencia entre sus dibujantes de cómic. Está claro que la mejor forma de mantener la vitalidad y las ventas, y quizá la única forma de que los dibujantes sigan estando sanos y tengan autoestima, es haciendo justo todo lo contrario: permitir al artista que persiga libremente sus propias inclinaciones naturales y sus aspiraciones. ¿Y qué hay sobre las actitudes que tienen los propios artistas del “establishment”? ¿Podemos aceptarlas porque así continúan ganándose diariamente el pan en la industria, aprobando necesariamente su situación laboral como la mejor de todas las estructuras posibles? Creo que no. Irónicamente, incluso los artistas que “acatan las normas” pero que se enorgullecen de su trabajo y se toman más tiempo para realizarlo, finalmente parecen sufrir más que los dibujantes que no hacen más que un trabajo pasable, y ese no es exactamente el mejor sistema de incentivos que promocione la excelencia. Resulta indudable que a los historietistas de este país se les ha animado a pensar en sí mismos como “profesionales”, como cualquier otro trabajador asalariado: que cumplan con sus fechas de entrega y que no se hagan muchas preguntas o demuestren demasiada iniciativa. 

Mientras que esta forma de pensar no tiene demasiado que ver con la idea histórica sobre el temperamento artístico, resulta indudable las ventajas que ha tenido para la industria.


(Continuará)

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