jueves, 21 de agosto de 2014

¿CÓMICS O COMIX?, por Jaxon, miembro de Rip Off Press (5 de 5)

Artículo aparecido en Blab nº 4 (1989). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2parte 3, parte 4

¿Por qué se detuvieron las ganancias iniciales del comix underground y no se pudo ganar un hueco en los mercados de la industria tal y como anticipé en mi artículo para Infinity? Se puede encontrar un puñado de razones, todas entrelazadas unas con otras, aunque resulta difícil evaluar su relativo significante. En primer lugar hay que considerar que aquella fue una época de cambios, además de que se debería tener en cuenta el giro hacia la derecha que se produjo en nuestra sociedad como reacción a los tumultuosos años sesenta. Durante el proceso, las drogas (uno de los puntales del estilo de vida hippie) se pasaron de moda y las personas que abogaban por su uso o que exaltaban los aspectos humorísticos de la cultura de las drogas (una de las temáticas principales de los comix) se convirtieron en parias sociales. Una de las características más dañinas de este giro hacia la derecha provino de la legislación estatal / local contra las "head-shops", porque muchas tuvieron que cerrar o convertirse en inofensivas boutiques. Las "head-shops" suponían un recurso vital a la hora de difundir los comix, porque los comercializaron con un compromiso que excedía los imperativos habituales del negocio. Los dueños de las tiendas tenían una mentalidad típica de los sesenta, y creían en lo que representaban, por lo que con su desaparición, los comix quizá perdieron su defensor más acérrimo en el mercado.

Junto con las presiones al estilo de "Tan Sólo Dí No" contra las drogas, también aparecieron decisiones judiciales desfavorables contra el contenido sexual. El miedo a ser arrestado y encerrado por hacer circular una historia ofensiva fue la causa de que muchos vendedores redujesen sus compras de underground. Del mismo modo, en los ochenta algunos distribuidores simplemente dejaron de ofertar comix, fuese por culpa de la disminución de la demanda o por sus escrúpulos personales. Mientras los tensos ideales yuppies reemplazaban las actitudes hippies habituales en todos los niveles del sistema de distribución, saltaban todas las alarmas en cuanto al material que se podía considerar ofensivo. Los cuerpos desnudos y el jolgorio sexual, elementos comunes de los comix desde el principio, hacían sacar la bandera roja a estos jóvenes conservadores. ¿Por qué enredar con un título que podía interrumpir el flujo de beneficios y causar molestias innecesarias? Impensable en la Era Reagan, cuando la búsqueda del todopoderoso dólar desarraigó cualquier otro objetivo que pareciese menos importante.
¿Quizá con el paso del tiempo creció la determinación del "establishment" por reunir una serie de tácticas opresivas contra el fenómeno de los comix, contra el medio en sí mismo? ¿Cómo llegó a hacer frente creativamente el comix a esta amenaza? ¿Quizá comprometiéndose e intentando fortalecer esta forma artística? Al observar la década anterior se puede concluir que sus esfuerzos han sido bastante pobres. Tan sólo unos pocos miembros de la primera ola de autores del comix siguen publicando nuevo material, pero muy poco sigue vibrando con la energía y la visión de los primeros años. Tal vez era inevitable, al igual que arar el suelo envejecido nunca es tan útil como hacerlo en terreno virgen.  

Pero aunque actualmente el comix nos parezca repetitivo, como si no ofreciese nada nuevo, su legado seguirá influyendo en los artistas que se ven atraídos por el medio. Si los "Viejos Autores" siguen sin cambiar, si su próximo material parece un refrito de sus primeras obras, los nuevos artistas se empezarán a basar en esos conceptos para realizar sus nuevos proyectos, al igual que los autores del underground se basaron en las innovaciones de la EC. De este modo, aunque todos los editores de comix cerrasen sus puertas mañana mismo, el medio del cómic nunca volverá a ser el mismo que antes de su llegada. Tal vez suponga un pequeño consuelo para los artistas que siguen en activo en el medio de los comix, pero la Historia siempre refrendará su labor.

Hay otra dimensión del negocio que demanda nuestra atención, la de los títulos "ground level" [títulos realizados casi siempre por profesionales que la mayoría de las veces trataban temas cercanos al underground. La revista más famosa y consistente fue Star Reach] que hace poco han aparecido de forma prominente. Recuerda que esta vía de publicación no existía en 1971, cuando escribí lo que pensaba acerca de los comix y los aburridos productos de la industria mayoritaria. En esos días tan sólo éramos nosotros contra los colosos de Madison Avenue, y no había nada más en medio, salvo algún bicho raro en forma de revista en blanco y negro, como los títulos de terror de la Warren, el Mad y algunos fanzines dispersos. Sin embargo, durante los años siguientes los autores del cómic "ground-level" han realizado importantes avances en el mercado mientras que los comix han pasado apuros para poder mantener su parte del pastel.
Se podría argumentar que son el resultado lógico de lo que estaba ocurriendo antes. En su mayor parte, los autores de comix no estaban dispuestos a poner en peligro su trabajo e imponer la necesaria auto-censura que se pedía para entrar en el mainstream. Pero la demanda por parte del público de algo más que las tonterías superheróicas de la industria era muy real, incluso aunque los autores del underground no quisieran atenderla o aprovecharse de ese potencial. Sin embargo, otros artistas y editores acudieron rápidamente para cubrir dicha necesidad. Básicamente empezaron a centrarse en autores que por diversas razones no podían romper del todo con la industria, o que aunque ya estaban trabajando dentro, no les gustaba lo que se les exigía de su talento. También eran conscientes de lo que habían hecho los autores underground hasta el momento, aunque no aprobasen del todo su contenido. Cualquiera que fuese el caso, debieron descubrir que si esos locos de San Francisco podían dibujar, imprimir y vender comic books, ellos también podían hacerlo.

Empezaron utilizando el más barato formato del comix, por lo que estas editoriales empezaron a proliferar rápidamente. Hoy suponen una porción bastante considerable del mercado, más que la que los comix fueron nunca capaces de capturar y retener. De hecho, actualmente existe un exceso de títulos en blanco y negro, hasta tal punto que incluso amenazan con sepultar por completo a los undergrounds en las estanterías.

Al igual que ocurrió con la locura de los pósters psicodélicos, al colapsar una porción del mercado, el extracto más marginal es el que más sufre durante el proceso. Los cómics siempre se han producido con un presupuesto reducido y deben vender un porcentaje sustancial de sus tiradas tan sólo para cubrir costes. Tener que competir con una gran cantidad de títulos parecidos lo hace mucho más difícil.
Y entonces, ¿qué es lo que ocurre con estos títulos "ground-level"? ¿Han ampliado el concepto de los cómics y fomentado las ganancias hasta un punto que ha permitido sobrevivir a sus predecesores de dudosa reputación, los autores de los comix? Resulta triste decirlo, pero sobre todo esta es la historia de un sueño traicionado. Al principio había ciertas razones para creer que estos productos podrían enarbolar la antorcha creativa allí donde los comix habían fracasado. Empezaron a hacer aparición títulos de mucha calidad, algunos con buen papel y a color, pero estas editoriales pronto se hincharon hasta el exceso, creciendo con demasiada rapidez. Por ejemplo, Pacific estaba formada por un equipo con una fuerte visión artística que sabía lo que quería hacer, aunque tampoco les ayudó demasiado. Aquellos que han sobrevivido tienden a ser los más mediocres del grupo, produciendo títulos mediante una base de ráfagas rápidas que emula las técnicas de la industria y sus fechas de entregaEn cuanto a los contenidos, estaban (y están) formados por algo mucho más cercano a los estándares del sector que los del underground. No nos equivoquemos al respecto, estos títulos intentan copiar a los Tipos Importantes usando las mismas fórmulas aburridas ​​que empujaron a los lectores descontentos a leer la Marca X en primer lugar. Hay excepciones, por supuesto, pero si una dieta estricta de superhéroes resulta mala en color, resulta insufrible en blanco y negro. Por tanto, es de esperar que este exceso de basura sea tan sólo temporal y que las pocas empresas que quedan todavía produciendo comix genuinos, de alguna forma sobrevivan a la inminente caída que se va a producir cuando el mercado ya no lo soporte más.
Es cierto que las perspectivas son poco halagüeñas. Los últimos años han sido testigos de otro acontecimiento que amenaza cualquier tipo de libertad de expresión de una manera muy seria. Me refiero al creciente papel adoptado por los distribuidores y ejecutivos de cadenas de tiendas que en lugar de permitir que el mercado sea libre de determinar qué es lo que se demanda, son los que vigilan los contenidos de los títulos que se ponen a la venta. Estos empresarios, groupies frustrados de la escena con gustos yuppies, se han arrogado la figura de quién decide qué títulos resultan "seguros" para el público lector. Se les ha empezado a escuchar mucho en las Convenciones mientras exponen sus ideas cocinadas a medias acerca de la clasificación de los títulos y de que se debería salvar a la juventud americana de las influencias malsanas. Además, algunas redes de distribución se han metido en el mundo editorial, directa o indirectamente. ¡Sin importar la calidad, sin importar la rapidez con la que intercambian unos títulos que normalmente podrían vender bastante bien por otros mucho más mediocres! Huelga decir que este tipo de vigilantes y controladores mentales (cualquiera que sea su apariencia) suponen la censura de la peor especie. En la medida en que los comix dependan de este tipo de sistema de distribución orwelliano, terminarán por desaparecer. Igual ocurrirá con cualquier otra cosa que ofenda a estos piadosos cambistas, embriagados con ese nuevo poder con el que le dictan a los artistas lo que pueden y no pueden decir.

Todo esto es resulta un poco deprimente para alguien como yo, que recuerda los días de libertad, cuando las extravagancias eran premiadas, no rechazadas. En los años sesenta nuestros editores estaban dispuestos a confiar en la visión del artista y respetaban su integridad creativa. Del mismo modo, los vendedores estaban más preocupados por vender títulos no aprobados en lugar de resolver si debían o no hacerlo. Algunos distribuidores, como Bud Plant, se esforzaron mucho por conseguir que los títulos underground estuvieran expuestos hasta en el quinto pino y tuviesen la oportunidad de llegar a los estantes de cualquier tienda. En comparación con esta Época de Oro, donde se podía ver con entusiasmo el libre flujo de las ideas visuales, esta carrera de ratas actual dominada por los distribuidores parece bastante triste. Tal y como están las cosas, no envidio la difícil situación de un joven talentoso que intente meterse en la industria.
Así que... ¿qué es lo que nos queda? Es cierto que las grandes empresas han aflojado un poco y están haciendo cosas sin atenerse al Code. Pero aunque se han tomado en serio algunas de las críticas que se les hace, la cuestión sobre un sistema de clasificación que regule los desnudos y la violencia todavía sigue en el aire. No hace falta ni decirlo, pero buena parte de los productos del medio están orientados a los adultos y ya no parecen adecuados para lectores más jóvenes. Pero aún está por ver si las grandes compañías están dispuestas a admitirlo. Sin duda seguirán vendiendo novelas gráficas sadomasoquistas protagonizadas por Batman a los niños, siempre y cuando puedan hacerlo.

Algunos de los títulos del estilo "ground-level" lo están haciendo bastante bien, y otros incluso han sido absorbidos por la industria mainstream (como yo esperaba que podría suceder con los mejores del underground). Aquí se puede ver que las independientes están actuando como una especie de "sistema de granjas" para las Grandes Ligas: en cuanto un título demuestra tener posibilidades de venta, la industria se cierne encima sin tener que arriesgar a la hora de crear el producto. ¡Astutos bastardos! Pero siempre que se plieguen a las normas de los editores alternativos, tal vez los nuevos talentos que aún no están interesados en unirse a las grandes puedan engrosar sus filas.

Fantagraphics es la primera compañía progresista que se me ocurre con capacidad para convertirse en un buen lugar para los jóvenes artistas, e incluso para pasar a convertirse en una fuerza vital de la industria.
Si nuestra sociedad sigue repudiando los estilos de vida diferentes y si las tendencias represivas continúan dominando los estados de ánimo intelectuales del país, a los undergrounds nos esperan tiempos difíciles. Kitchen Sink, por ejemplo, ha tenido que diversificarse, haciendo de las reimpresiones de cómics clásicos una parte clave de su programa de publicaciones. Rip Off ha comenzado otra serie de sus propios "clásicos" con la esperanza de encontrar compradores entre la generación más joven que está desembarcando en el medio por primera vez. Con títulos como WeirdoLast Gasp sigue siendo un bastión de la desfachatez sin posibilidad de redención, mucho más refrescante en una época en que la mayoría de los editores se apresuran a cubrirse el culo. Después de todo, tíos, lo que más importa no es el destino de este viaje, ¡sino de lo memorable que sea el viaje en sí mismo! Visto bajo este criterio, los que formamos parte del comix underground hemos disfrutado de cosas con las que las almas tímidas ni siquiera podrían soñar. Espero que seamos capaces de arrugar unas cuántas narices más antes de que se acabe la fiesta... 

FIN

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