martes, 26 de agosto de 2014

ISLANDIA, por Warren Ellis


DESDE EL ESCRITORIO DE WARREN ELLIS VOLUMEN II
(Avatar, 2000. Traducido por Frog2000.)

Regreso de Islandia, donde he pasado el fin semana respondiendo entrevistas, dando charlas, firmando y tomando whisky. Me lo he pasado estupendamente, y no ha sido en menor grado gracias a mi anfitrión y organizador, Petur Yngvi Yamagata. A la charla (celebrada esta vez en un auditorio de -aproximadamente- 350 plazas) asistió bastante gente (especialmente para haberse celebrado a la una y media del mediodía de un sábado, cuando la mayoría de islandeses están inconscientes o todavía pasados.) Las firmas se realizaron a una hora concurrida, la sesión improvisada de preguntas y respuestas en la Kaffi Thomsen fue bastante tranquila y agradablemente cómoda, y todas las entrevistas transcurrieron fácilmente. Aunque típicamente, la gente de la radio estaba tan despistada como cualquier otra persona de la radio acerca de toda aquella cultura que no sea la suya propia, y la entrevista fue la habitual sesión incómoda en la que intentas ayudar a alguien respondiendo un ramillete de preguntas generales sobre los cómics en jodido directo. Pero eran tíos majos, y tuvimos un breve pero entretenido coloquio sobre pornografía y música durante el que para mi sorpresa terminaron describiéndome las aterradoras arrugas y la falsa tonalidad naranja de la piel de Hyapathia Lee.

En Reikiavik los bares no cierran hasta las seis de la mañana, si es que lo hacen. Los islandeses no suelen correr y retirarse a las tres o cuatro de la mañana, y parecen estar bebiendo casi constantemente, simplemente porque pueden hacerlo. Un caballero épicamente destrozado, orgulloso de su título de "jefe de cocina" y glorificado con el nombre de Waldemar, se derrumbó encima mío en un bar calle abajo llamado The Ugly Duckling, presentándose y contando en un magnífico tono estentóreo que me había visto en el periódico y que yo era un precioso, precioso hombre. Su esposa permanecía detrás suyo, con sus ojos llenándose de lágrimas desesperanzadas.

Gracias a Petur, Gisli, Dora, la periodista que me presentó en el escenario el sábado y cuyo nombre soy incapaz de deletrear, al personal del excelente Hotel Holt y a Elizabeth, cuya compañía fue muy positiva para preservar mi salud haciendo frente a enloquecidos jefes de cocina y hobos internacionales (y sí, tú... ¡si ni siquiera tienes un jodido curro!) de la noche de los sábados. Pasé un buen rato en Islandia, las cosas marcharon estupendamente, y quizá vuelva el próximo año.

Puedes encontrar un diario más detallado del viaje en Come In Alone, donde hablo sobre cómics y otras cosas.

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Aviso Para Llamar La Atención: a continuación más cosas de la red que tratan acerca de los webcomics y de todo eso. No es mucho, pero posiblemente resulte más interesante que los desvaríos previos sobre el tema. Si te aburres puedes dejar de leer ahora.

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Al parlotear y reflexionar sobre los "webcomics" y el resto, me he dado cuenta de que lo que hago es meter todo tipo de cosas dentro de la ecuación. He estado buscando obras de audio online que me parezca que están bien hechas y que hayan sido grabadas usando software del estilo de Real Audio/ Realplayer. Y esto es lo que creo que podría ser interesante: ¿qué tipo de configuración necesitarías para lograr algo parecido por tí mismo? Si grabas algo con una duración apropiada (y una pieza completa debería tener algo menos de 74 minutos), podrías quemarla en un CD y venderla. Demonios, si has grabado algo que tenga una cantidad de tiempo considerablemente menor de los 74 minutos, incluso podrías grabar una segunda pieza que complementase a la primera y reunirlas en el mismo CD para venderlas juntas.

¿Cuándo fue la última vez en la que escuchaste un serial decente en la radio? La Red tiene este interesante efecto sobre los medios de comunicación, un efecto muy de finales de Siglo XX: de repente estamos en una posición en la que podemos re-evaluar y volver a usar las viejas formas artísticas, recoger todos sus antiguos enfoques y apropiarnos de los viejos medios en un intento por crear algo nuevo que lo abarque todo. De repente, una de las más antiguas formas, los seriales dramáticos radiofónicos, parecen brillantes y novedosos, simplemente al etiquetarlos como un nuevo medio y un nuevo arte.

Creo que la gente podría ser capaz de presentar episodios de cinco minutos de audio streaming para escuchar a través del Realplayer, ¿no es cierto?

Y a mitad de todo esto se me ha ocurrido que quizá lo que estoy empezando a vislumbrar es una especie de, Dios no lo quiera, compañía de telecomunicaciones por Internet. Películas en Flash, algunas reconocibles como una especie de cómics online, prosa ilustrada, contenidos con spoken-word… quizá sea la codiciosa parte trasera de mi cerebro diciéndome que lo que realmente quiero ser es otro jodido emprendedor de internet…

Southend, Londres
30 de noviembre de 1999

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