viernes, 12 de septiembre de 2014

¡TODO EL MUNDO SE FIJABA EN EL KUNG-FU! (2 DE 2)


¡TODO EL MUNDO SE FIJABA EN EL KUNG-FU! (2 DE 2)
¡El origen no-tan-secreto de Shang-Chi, Maestro del Kung-Fu!
(Comic Book Artists nº 7, 2000, por John B. Cooke. Traducido por Frog2000.) Parte 1.

CBA: ¿Cuál es la historia de la creación de Maestro del Kung Fu?

Steve Englehart: Había unos cuántos de nosotros (principalmente Jim Starlin, Al Weiss, Mary Skrenes, Steve Harper, Steve Gerber y yo), que éramos jóvenes que nos habíamos metido en el comic book y que vivíamos en Manhattan, y a principios de los setenta todos estábamos trabajando en Marvel y solíamos salir juntos por la ciudad. Pero yo era el único que no vivía en New York. Lo había intentado y no me gustó. Había crecido en el Medio Oeste y asistido al Colegio en Connecticut, y realmente no quería vivir en una ciudad en concreto. Así que primero me mudé a Milford, en Connecticut, y luego a Stamford, y puede que muchos fines de semana un puñado de la gente que vivía en New York se viniese a alternar a donde yo estaba viviendo. Un sábado Steve Harper se vino con el grupo, y después de cenar planeamos salir todos a algún sitio, pero Harper dijo, “bueno, yo me quedo aquí para ver el nuevo programa de televisión titulado Kung Fu”. Ninguno lo había visto todavía. Como él pensaba que merecía la pena quedarse para verlo, qué demonios, decidimos quedarnos también y lo vimos. Starlin y yo nos enamoramos de la serie de inmediato. Realmente nos encantaba la filosofía que aparecía en ella, la acción, todo. En esa época sólo emitían el programa cada tres semanas o algo parecido, así que al mes siguiente yo me encontraba en la ciudad y Starlin y yo queríamos ver el siguiente capítulo, y entonces le preguntamos a Roy, “¿podemos ir a tu apartamento para verlo?” Roy nunca había oído hablar de la serie y fuimos y nos pusimos a verlo hipnotizados. Recuerdo que Roy entró y se quedó viéndolo un rato, pero dijo, “es muy pretencioso y no tiene sentido”, y salió de la habitación. Roy no era fan.

En algún momento, Starlin y yo decidimos que queríamos hacer Kung Fu como una serie, aunque no recuerdo si les llegamos a preguntar si podíamos hacer una adaptación del programa de TV (aunque es muy probable que lo hiciéramos), pero tengo vagos recuerdos de que nos dijimos: “hagamos algo parecido a la serie de TV”. Tampoco recuerdo haber participado en conversaciones para que se hicieran con los derechos de la serie. Pero es cierto que fue Roy quien dijo, “enlacémosla con Fu Manchu. Hagamos que Shang-Chi sea el hijo de Fu Manchu”.

Roy y yo teníamos el mismo equipaje como lectores, y los dos éramos grandes fans de Fu Manchu, así como de Doc Savage y de Robert E. Howard; estábamos enormemente en la misma onda. A mí me encantó utilizar a Fu Manchu, y también me gustó la idea de maridar ambas ideas.

Jim y yo estábamos muy metidos en la serie. Recuerdo que una noche antes de empezar con el primer número (que por otra parte yo coloreé, porque había aprendido un poco a dar color mientras estuve trabajando con Neal Adams, y actualmente estoy muy orgulloso de cómo quedó el color en ese número), nosotros (Al Milgrom, Al Weiss, Jim Starlin y yo) estábamos vagabundeando por Manhattan. Mi zona favorita de la isla siempre fueron las calles aledañas al Greenwich Village, porque allí había un montón de almacenes de los años 40, daban el aspecto que me gustaba que tuviese New York, y aquella noche estuvimos callejeando desde el Village hasta el final de la Isla. Pasamos por enfrente del edificio de AT&T, donde un puñado de técnicos del Ayuntamiento estaban reparando una alcantarilla. Estaban usando máquinas de soldadura que proyectaban sus sombras sobre el edificio a cinco pisos de altura, y ahí fue cuando se me ocurrió la idea de que Fu Manchu podría operar desde ese lugar. Esa misma noche pasamos por una enorme zona que estaba en obras donde había un gigantesco agujero en el suelo y una gran grúa, y nos sentamos allí y visualizamos la escena de la pelea completa para nuestro segundo número.



Con bastante rapidez empezamos a recibir cartas de gente que nos decía, “Fu Manchu es un malvado estereotipo racista, ¿qué narices está haciendo en un cómic de Marvel?” Personalmente nunca he entendido dicho argumento. Creo que el Dr. Muerte es un malvado estereotipo Latveriano, pero ningún Latveriano ha protestado por la descripción que se hace de él. Fu Manchu sólo es un villano, no es malvado porque sea chino, es malvado y es chino. Pero fue interesante recibir cartas como esa en las que la gente nos decía que le parecía algo terrible.

Tiempo después, cuando ya estaba fuera de la serie pude observar que se habían producido cambios bastante interesantes en cuanto a cómo era percibida. La gente aún seguía diciendo que Fu Manchu era un estereotipo racista, pero había un profesor de la Universidad de California, en Santa Barbara, que hizo una disertación sobre el héroe asiático en América, y dijo que Shang-Chi era un modelo positivo y maravilloso, un tío que vivía en una cultura compleja y diferente a la suya que había tenido una gran resonancia en un montón de personas, y que el personaje había terminado convirtiéndose en un icono.

Me encantaba la filosofía que había en la serie, esas cosas son las que me llamaban. Yo ya había hecho Doctor Extraño, que representaba la filosofía mística occidental, al menos mientras yo estuve al cargo. Realmente había metido al personaje en toda la tradición ocultista occidental de la Cábala, la astrología, el diablo (todo tipo de material por el estilo), y veía Shang-Chi como una oportunidad de hacer algo parecido con la filosofía mística oriental, aunque más orientado hacia el héroe de acción que el Doctor Extraño. Eran series diferentes, y como nunca he querido hacer dos veces lo mismo, se me presentó como una oportunidad de hacer dos cosas diferentes, y al no repetirme creo que se complementaron muy bien, pero el Doctor Extraño había empezado a salir mensualmente y yo quería hacer Shang-Chi de forma bimensual, que es como había empezado. Todo comenzó en el Special Marvel Edition: desecharon el que fuese un título de reimpresiones y encajaron nuestro primer número en el 15, y ¡toma ya!, a un montón de gente le gustó eso del kung fu, porque gracias a la serie de televisión las artes marciales estaban llegando a ser conocidas por muchísima gente en la época.

Escuché una historia que contaba que en una ocasión Stan Lee se subió a un ascensor y que oyó decir a la gente que eso del kung fu se había convertido en algo verdaderamente grande. Así que salió del ascensor, entró en las oficinas de Marvel y dijo: “Vamos a empezar un segundo título en blanco y negro con una continuidad diferente”. Eso fue algo odioso para mí; yo no quería hacer más Shang-Chi del que ya estaba haciendo. Sin darnos cuenta, Starlin y yo habíamos tropezado con una idea que se había convertido en algo más enorme de lo que habíamos pensado que sería cualquiera de nosotros dos. Jim había abandonado la serie rápidamente, porque no podía seguir en un título regular, pero yo no tenía la intención de hacerlo, aunque ellos querían que el título en blanco y negro apareciera mensualmente, así que terminé haciendo tan sólo cinco números en color. No recuerdo enfrentarme con nadie, pero les dije: “mira, realmente quiero seguir en la serie, pero no puedo hacerlo bajo estas condiciones, así que la abandono”. No tenía (ni tengo) animosidad alguna contra nadie, porque, hey, habíamos creado algo que funcionaba muy bien.

Recuerdo que junto con Starlin fuimos a hablar con Roy y le dijimos, “mira, nos gustaría que nuestros nombres aparecieran en Maestro del Kung Fu con la frase “Creado por Englehart y Starlin”, pero nos dijo, “no, no podemos poner vuestros nombres porque eso podría confundir al público sobre quién es el autor”. Eso fue al principio, y esas ideas eran demasiado novedosas en aquellos momentos. En cualquier caso, Doug Moench se hizo con ella (y después de un primer año muy denso en mi opinión) su etapa posterior hizo que se convirtiera en un título maravilloso. Y yo tengo el crédito y el orgullo de haber sido su co-creador, pero Doug y los sucesivos dibujantes con los que trabajó hicieron que la serie evolucionase estupendamente. 


No hay comentarios: