miércoles, 26 de noviembre de 2014

TUVE QUE ASESINAR AL CERDO, por Warren Ellis


Por Warren Ellis, fragmento escrito en julio de 2003. Traducción e imagen por Frog2000.

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Tuve que matar al cerdo.

Era un cerdo barrigón vietnamita Modificado Genéticamente que algún monstruo había equipado con una caja de voz encajada en sus carnes y el lóbulo frontal de un bebé adicto adulto.

Se escabulló por la alfombra con sus pequeñas patitas grasientas mientras disparaba zurullos ácidos y horribles a través de su culo reforzado, como si fuese la máquina expendedora de Satanás. Cargué la pistola arpón que había le cogido prestada a Sunil. Hay algunas partes del mundo donde se puede cazar legalmente a los seres humanos que se han convertido en acuáticos, y Sunil les debía favores sexuales a todos ellos. El cerdo se volvió y carraspeó "¡Fuckpig! ¡Fuckpig! ¡Fuckpig!" Con esfuerzo, dudé de si me estaba hablando a mí o me estaba diciendo su nombre, pero parecía ser la única palabra que se sabía. Llevaba escuchándolo desde hacía dos semanas. Dos. Semanas.

El arpón se encajó en la cámara y el compresor de aire siseó al recargar la pistola.

Levanté el arma y apunté mientras el bastardo dejaba caer otra mierda sobre la alfombra que la quemó y dejó otro agujero. "Eso es, asqueroso objeto de mierda. Melissa me dejó con una enfermedad tan horrible y poco común que ni siquiera tiene nombre, una extraña muñeca japonesa que lame su propia orina, y también a ti. Tengo mi uretra irradiada, he escuchado a la muñeca gritar mientras la introducía en una astilladora de madera, y ahora tan sólo quedas tú. El cerdo mascota."

"¡Fuckpig!"

El compresor dejó de silbar. Sin ninguna razón aparente el chip de la pistola cantó para mí con la voz sintetizada de Peter O'Toole: "Ya puedes matar las cosas que quieras, joven." Amartillé el arma, se levantó el percutor automáticamente y disparé contra el humeante ano del cerdo. 

Por supuesto, erré el tiro miserablemente.

El cerdo se arrojó a un lado como si estuviese en una película de acción, rodó y se irguió con aplomo y completamente dispuesto sobre sus sucias pezuñitas negras. El arpón se incrustó en uno de mis altavoces. Busqué otro en la recámara y tiré del percutor, con la esperanza de que hubiese suficiente carga en el compresor como para tener otra oportunidad de disparar a esa máquina de expulsar mierda. Apunté la pistola arpón en su dirección. No se le veían los ojos, porque tan sólo eran oscuras rendijas humedecidas rodeadas de grandes e hinchados pliegues de flaccidez verrugosa. Pero sí que te podías imaginar lo que estaba tramando. Me coloqué entre el espacio vacío que había hasta la puerta principal de mi largo y diáfano apartamento y él. Se quedó apresado en la habitación del fondo. No tenía espacio por el que escapar.

Fintó por mi izquierda como si fuese Ali emitiendo un rasposo "¡Fuckpig!" Fingí seguir sus pasos y a continuación torcí bruscamente la pistola hacia él, mientras se lanzaba hacia el espacio abierto que se esperaba que habría a mi derecha, entre mi cuerpo y la jamba de la puerta.

Se dio cuenta de que lo había engañado y se cabreó en pleno vuelo, convirtiéndose en un rociador de diabólica mierda verde, luego se retorció para que sus inmensas tripas rebotaran contra la pared. Seguí apuntándolo mientras botaba sobre mi cama. Se dio cuenta demasiado tarde de que se había impulsado hacia la ventana.

"¡Fuckpig!", y se cayó por la misma. Corrí hacia el alféizar intentando no cortarme las manos con los cristales rotos. El cerdo había salido despedido con muchísima fuerza, eso se lo concedo. Tenía cierta posibilidad de alcanzar el toldo del escaparate que estaba al otro lado del estrecho mercadillo. Las mejores probabilidades eran las de que fallara y lo salpicase todo. Pero en realidad no me gustan mucho los juegos de azar, y además esto era algo personal.

Le disparé al cerdo bastardo un arpón que le atravesó desde el culo hasta la boca, ensartándolo en plena trayectoria en el aire.

Se desplomó hacia el mercado, aterrizando sobre un puesto de frutas. Sus tripas se soltaron y su horrible reflujo disolvió todas las manzanas que estaban allí. Entonces se pudo escuchar una tormenta de juramentos en croata, y luego ya empezaron las arcadas.

Y como ya sabéis, todo esto ha sido tan favorable como lo que me ocurrirá el próximo mes o en cualquier otro momento.