viernes, 21 de octubre de 2016

LOST IN TRANSLATION: EL PAISAJE: HE AQUÍ UN RESUMEN (4 DE 5)

Artículo de Bill Randall para The Comics Journal 259 (2004). Traducido por Frog2000. Parte 1parte 2, parte 3.

Por otra parte, si nos basamos en la regla "me gustaría saber qué va a pasar en el siguiente tomo", Daigo es una lectura interesante. Además, tan solo tardas quince minutos en acabártelo, costándote algo menos de un dólar el minuto. Y los personajes aguantan un primer escrutinio. Aunque se base casi por completo en el dibujo, Daigo es capaz de atraer a cualquier lector, carbonizando (sin duda alguna) el cursi estilo de Jan. En un principio, la entrega monomaníaca de su autor promete ser igual de molesta, pero Soda es capaz de idear los suficientes giros en la historia (la aparición de un viejo rival, el pasado del duro Capitán que asalta su presente y es capaz de humanizarlo) como para encumbrar la obra. Más aún, la reciente graduación de Daigo en el Instituto lo marca como un ingenuo idealista mucho más sincero que habilidoso. Es un personaje eminentemente falible, y su entusiasmo hace que tropiece de continuo. Por eso la historia ha sido capaz de trazar su evolución desde el "joven cabeza hueca" hasta el "cabeza hueca con algo más de experiencia." Resulta especialmente entretenida la repentina y reciente afición de Daigo de memorizar las localizaciones de las bocas de riego en cierto área con el fin de que el equipo de bomberos rival no gane al suyo (una práctica que, te lo creas o no, podría llegar a dificultar la ejecución de los deberes de los funcionarios públicos). Este crecimiento ofrece un marcado contraste con la implacable dedicación que se puede ver en el manga Jan, que tan solo sirve para reafirmar las fantasías adolescentes de un público sin autoridad alguna. Aunque tampoco quiero decir que Daigo sea una obra completamente satisfactoria, o incluso que merezca la pena, pero su argumento melodramático ofrece una energía bastante llamativa para poder sortear esas grises tardes de febrero. Pero si estás planeando una densa lectura con la pretensión de "descubrir las mecánicas invisibles de la narrativa del manga" la verdad es que no es el cómic más acertado, aunque tampoco está tan mal. O quizá es que me lo he leído contrastándolo con Iron Work Jan!, que se mire por donde se mire debería ser calcinado.

Crayon Shin-Chan
Yoshio Usui

Leer Crayon Shin-Chan es un momento clave en la evolución de cualquier aficionado al manga. Este cómic desagradable y sucio evita muchos de los elementos que hacen que el manga sea tan sabroso para el lector occidental. En su interior nadie podrá encontrar ideales de ningún tipo, ni tampoco relaciones amorosas pasadas de moda, por no hablar de un dibujo estilizado y pulido. En lugar de argumentos intrincados y serpentinos, las historias expulsan algunos gags durante un par de páginas, y en las siguientes debemos estar listos para más de lo mismo. En lugar de fantasía, ciencia ficción y tontas Lolitas, los protagonistas son una madre y su hijo y el entorno donde viven, un apartamento. En sus mejores momentos, su relación consiste en toda una serie de mentiras y halagos. En los peores, nos vemos expuestos a griteríos y abusos de todo tipo. El chico tiene un retrete en lugar de boca, y además le gustan un montón las chicas. Gracias a sus cortas historias y su crudo dibujo se queda bien lejos de Inu-Yasha o Astro Boy

La obra empieza a tener peso cuando por fin te das cuenta de que Crayon Shin-Chan es igual de mainstream que Takahashi y Tezuka. En ese momento ya no te sigue pareciendo un subversivo título underground, sino algo que se asemeja a los dibujos que se pueden ver en cualquier escaparate por toda la ciudad. Luego el humor te empieza a parecer menos sucio que el que se puede ver en televisión a las ocho de la tarde cualquier día de la semana. La violenta y cruel madre encaja en el típico esterotipo y la constante lascivia del niño no parece nada fuera de lo ordinario. De hecho, muchas de las cosas que pueden prentarse en un primer momento como algo extraño y anormal, más tarde se revelan como parte del status quo. Pero esto no quiere decir que los cómics de Yoshito Usui no sean graciosos, solo significa que te estás riendo por los motivos correctos. 

Crayon Shin-Chan ofrece un dibujo escueto y minimalista en tiras de dos o tres páginas de duración, unas dos veces el tamaño de las tiras domincales norteamericanas. Crayon Shin-Chan, el super-mocoso japonés, siempre es capaz de desconcertar y exasperar a sus mayores. Como además dispone de un programa de dibujos animados para las tardes y es un buen reclamo mercantil, es como una especie de Bart Simpson menor. Por supuesto, el síndrome de "pequeño hombre" de Bart Simpson/ Calvin (de Calvin & Hobbes) tiene sus raíces en los chicos crecidos de "Snoopy"  y en la despiada anarquía de los Katzenjammers Kids, o incluso en Yellow Kid, pero tampoco me refiero a que Shin-chan no se haya labrado su propio nicho privado. Es el personaje que las amas de casas japonesas han intentado censurar y sacar de antena, ya que los chavales suelen utilizar sus punzantes sentencias adultas a lo largo y ancho del país. Como por lo general la cultura japonesa acepta mejor el mal comportamiento de sus hijos y tolera mucho más la cultura pop más vulgar, es capaz de disfrutar más de lo habitual del humor escatológico que como ha ocurrido aquí con el pobre y censurado Bart Simpson. Creo que yo mismo me ruborizaría si dejase que mis hipotéticos hijos (o los de alguno de mis amigos) se leyesen estas maduras observaciones, pero eso es algo que forma parte de lo que separa a nuestras dos culturas.

(Continuará)