jueves, 17 de abril de 2014

MARSHAL LAW: LA BILIS YA NO SE ME ATRAGANTA.


MARSHAL LAW: LA BILIS YA NO SE ME ATRAGANTA.
(Releyendo "Marshal Law vs Pinhead: Law In Hell", "Marshal Law: Secret Tribunal", "Marshal Law & Savage Dragon" y "Marshal Law & The Mask", de Pat Mills y Kevin O’Neill.)

Cuarta y última parte del diálogo sobre Marshal Law entre Joe McCulloch y JANEANPATIENCE aparecido en la web Suggested For Mature Readers en Octubre de 2013. Primera parte. Segunda parte. Tercera parte. Traducido por Frog2000. 

J: La buena noticia es que Marshal pilla algo. Ah, bueno. En estos volúmenes finales, nuestro héroe vestido de cuero consigue hacer el amor no una, ni dos, sino tres veces. E incluso también consigue la oportuna novia, o quizá dos. ¿Y por qué es una buena noticia? Porque, lógicamente, ahora que en Marshal Law aparece sexo de verdad, Joe y yo podremos dejar de resaltar el subtexto sexual que aparecía en la serie. Así es como funciona el negocio del análisis crítico, y cuando no hay sexo es que todo trata sobre sexo, y cuando sí que lo hay, entonces no todo trata sobre sexo. ¿Nunca os habíais leído a Freud?

Las malas noticias son... bueno, como ocurre en muchos de los proyectos de Pat Mills, en la parte final de Marshal Law continúa y se consolida el descenso de la calidad. La idea de los inicios se ha perdido y ya no se volverá a recuperar. De hecho, en el canto de cisne de la serie se hace un esfuerzo concentrado por pretender que nunca hubo idea alguna en absoluto. Y eso es un montón de esfuerzo, te lo aseguro. Si dividimos Marshal Law en tres partes, la primera sería "Miedo y Asco", la segunda estaría formada por los one-shots con las parodias asesinas de varios super-héroes y el tercero serían los cruces, y este último volumen tal vez sea el peor y el más largo de todos, de un centenar de páginas o más. No es que resulte demasiado difícil leérselo, pero te sorprenderás haciendo una mueca al contrastar cómo era antes la serie y cómo es ahora.

Estuve al margen de la industria del cómic a lo largo de la mayor parte de los años 90 (soy un Chico Vertigo), así que me perdí toda la moda de los cruces. Me compré "Batman vs Grendel" al mismo tiempo que me llegaron ciertas noticias en la tienda acerca de un cómic llamado Youngblood que había vendido un millón de copias, pero eso fue todo. Era consciente de la existencia de "Batman vs Juez Dredd" y de "Juez Dredd vs Aliens" y de "Aliens vs Predator" y de "Predator vs Tarzán" y todos los demás. Pero nunca me leí ninguno de ellos. Me salté toda esa moda.

Pero Marshal Law no lo hizo. Todo su tercer acto son historias "versus algo", y aunque no dejasen que "Secret Tribunal" fuese la historia contra los Aliens que estaba planeada en un principio, en su lugar apareció una historia contra los Aliens escasamente disimulada. Hacer progresar la historia de tu personaje principal a través de una sucesión de personajes secundarios que son el personaje principal de otras series termina siendo una extraña elección artística, y tan sólo puedo pensar que el hecho de que la fluctuante carrera de Marshal Law estuviese impulsada de dicha forma por un reguero de estrellas invitadas, tan sólo parece tener cierto sentido comercial. Si ese era el plan, para mí no funciona demasiado bien. A pesar de no ser un habitual de muchas tiendas de cómics decentes cuando todo esto salió al mercado, sí que pude llegar a ver el primer número de "Tribunal Secreto". Y luego le perdí la pista a Marshal.



Y por seguir confesando el listado de aquello en lo que soy un completo ignorante, tampoco llegué a ver Hellraiser. El único contacto que he llegado a tener con la franquicia fue a través de un amigo que estaba metido en el mundillo de los efectos especiales y que un día llegó sosteniendo la cabeza de "Chatterer". Así que mi evaluación de cómo encaja con Marshal Law está totalmente basada en estos cómics, y la evaluación que puedo hacer es: que están bastante bien. Un hombre con una fruslería de clavos en la cara y otro que envuelve su brazo con un alambre de púas llegan a funcionar bastante pasablemente juntos. Y me parece más importante aún cómo funciona el infierno total de demonios creativamente mutilados que adoran el dolor y viven en la tortura; todo un sueño de dibujo para Kevin O'Neil. Su arte nunca había sido tan eléctrico desde que se desencadenó en el primer tomo de "Nemesis, the Warlock", monstruosidades odiosas dibujadas con estilo libre e impulsadas a lo largo de un espacio infinito de diabólica arquitectura. "Termight" o "El Imperio de las Lágrimas" quedan así liberados, creciendo para siempre. La trama, con la invención de una conveniente novia superheroína para Marshal y un flashback de Pinhead en la "Guerra de Charley" es una gran tontería, pero de una forma que hila las cosas con ironía, reconociendo que en estos crossovers entre Universos nunca sucede algo que resulte realmente importante. Razorhead (el lugarteniente que aparecía en "The Hateful Dead") hace su aparición final, se aniquila a todo un cargamento de superhéroes, y de la serie limitada "Super Babilonia" se vuelve a recoger la idea de que los héroes imaginarios están ocultando la sangrienta realidad de lo que ocurre y que Tommy puede ver muy bien desde las trincheras.

Los préstamos de lo superheroico realizados, tanto por Law como por el propio cómic, son bastante débiles. Pero es un mundo que se adapta tan bien al pincel del dibujante que estos dos números, aunque son indiscutible e infinitamente más suaves que el mordisco mortal habitual de un Law en todo su apogeo, dan como resultado que resulte imposible no disfrutarlos. Nunca los ganchos rasgando la carne habían sido dibujados con tanta frecuencia y jolgorio, o los negros abadeses del pecado habían parecido tan entusiásticamente blasfemos. Pinhead empieza con el modelo fotográfico de referencia y termina más "plasticoso" y expresivo que cualquier otra creación de O´Neill. La sinfonía de sufrimiento es interpretada por un dibujante que tiene continuamente dicho acorde melódico en su cabeza, algo que no puede expresar del todo tan a menudo. 



"Secret Tribunal", la historia que debería haber sido "Law contra los Aliens", no tiene el mismo nervio. La cruda presentación de "Law en el Infierno", el cruce de Marshal con Hellraiser, era una reintroducción del concepto, encapsulado para la gente que compraría cualquier cosa con una portada hecha de cromo, algo que se puede perdonar como hecho aislado. Si se sigue haciendo más veces, entonces  no es una buena señal para el personaje. Hay una parodia de la Legión de Super-Héroes que no tiene maldad o condena alguna, y el mismo Tribunal Secreto podría ser una burla de los personaje de Image, pero resulta tan peregrino que es difícil estar seguro, y el argumento medio conecta todos estos elementos a Marshal Law y a los extraterrestres. Después de haber visto otros ejemplos, creo que las historias Contra los Aliens funcionan porque los extraterrestres se pueden implantar en cualquier universo, y sólo existen como amenaza que ha de ser derrotada, no es necesaria ninguna argucia argumental más. Bárbaros, policías del futuro, super-héroes, cazadores que llevan equipos sónicos, todos pueden arrojarse en la mezcla para que combatan contra ellos. Sin embargo, en un cómic que se burla de los superhéroes, colocar simplemente al protagonista del lado de los mismos es algo que no resulta demasiado interesante. Aparte del debut del Espíritu Público Jr y de la sugerente broma imbécil con "Growing Boy", los dos números sólo son memorables por algunos de los elementos sexuales que hacen que la serie retorne a sus desagradables raíces. ¿Necesitamos ver a Espíritu Público Jr intentando violar a una adolescente desnuda, dejándola sangrando, gritando y haciendo que dicha trama pase desapercibida a continuación? ¿Necesitamos que Marshal le masacre mientras le llama "el más feo y maldito super cabrón que he visto en mi vida"?

Si, mentí cuando dije que habíamos acabado con el tema del sexo.

JOE: Es curioso, personalmente disfruto con ambos exactamente a la inversa. Debo señalar que "Tribunal Secreto" se encuentra aparentemente "primero" que las otras obras en la continuidad de Marshal (creo que es así): esto se deduce directamente por la trama de "Super Babilonia" y porque la primera edición fue publicada por Dark Horse (sede de la franquicia Alien) en septiembre de 1993. El segundo y último número no llegó hasta Abril de 1994, y en el ínterin, una moribunda Epic (por entonces un hogar para licencias glorificado que intentaba atraer al público con el gancho de su línea de super-héroes de acción "Heavy Hitters") dio a conocer la totalidad de "Law In Hell" durante los últimos meses del ´93. No sé los detalles de producción de ambas series, pero dado que O'Neill estaba trabajando con un colorista externo (Steve Buccellato) para "Law In Hell", es muy probable que el dibujo se hubiese terminado poco antes. 



Me quedo con la mirada más enriquecida que O'Neill infiere a sus dibujos en "Tribunal Secreto", que probablemente no sean tan inmediatos o anárquicos como los de "Law en el Infierno", ya que el dibujante ofrece una grandeza desvaída a todos esos corredores con poca luz y máquinas zumbantes que dibuja. Incluso una imagen tan tonta como la viñeta introductoria de la gigantesca Nave Polla del "Tribunal" resulta ser todo un manjar que no es que se encuentre precisamente a un millón de millas de distancia de Moebius, tal vez porque O'Neill está lo suficientemente seguro de sí mismo como para imbuir a sus dibujos de la energía y el detalle suficientes, ya que sabe exactamente cómo van a ser coloreados. Hay una viñeta maravillosa con uno de los mutantes parodiados de los de Liefeld y Lee volándole la cabeza a un extraterrestre, donde su boca forma el grito sonoro en un espacio vacío en blanco, mientras que el resto de la trama tiene un degradado de diferentes capas de sangre pintadas con acuarela. Por lo general no suele asociarse el dibujo de O'Neill con ese tipo de sutilezas, pero aquí tiene un aspecto lo suficientemente bueno como para que haga que te arrepientas de que el hombre nunca haya vuelto a colorear alguna página suya de nuevo, a excepción de algunos trabajos dispersos en las páginas de Agosto de Penthouse Comix, que hizo más tarde durante los ' 90. Pero de eso ya hablaremos en nuestra "siguiente" colaboración, ¿no?

Por otra parte, por lo menos "Tribunal Secreto" trata de incluir algo de diversión en su temática. Las bromas con la Legión de Super-Héroes pueden no ser tan crueles como es habitual (¡en "Infierno", ¡Marshal incluso se permitía que uno de los gilipollas protagonistas interactuase junto con el simpático personaje titular!) pero Mills pone cierta divertida distancia con los orígenes de las películas de terror con extraterrestres, destacando los puntos en común entre el original de Ridley Scott y las populares películas "slasher", con todos los quinceañeros de la Legión convertidos en desagradables herramientas cachondas que lo único que hacen es copular y ser asesinados. Los (no) Aliens, por supuesto, también son activos criadores, y en general, en Marshal Law nunca se ha rehuido el contenido sexual, por lo que todo parece estar hecho a propósito. 



Por desgracia, las cosas no van mucho más allá. El oscuro secreto del origen de la Legión parece un recauchutado de superiores argumentos anteriores, como el de "Kingdom of the Blind", y realmente Mills no parece saber qué hacer con la parodia a costa de la Revolución Image, retrocediendo en su lugar hasta el concepto de los mutantes de la Marvel. Incluso en dicho caso se hace cierto divertido esfuerzo a través de las evidentes discrepancias entre la metáfora de la noción de "discriminación" existente como idea central del material X y las mecánicas reales de la historia interna que hacen referencia a cómo es la vida al disponer de poderes magníficos y al experimentar emocionantes aventuras de acuerdo con los clichés superheróicos, pero creo que todo el concepto está, desgraciadamente, mejor encarnado por el personaje de la superheroína confusamente "sexualizada" que protesta demaaaaaaaaaasiado por culpa de su naturaleza repugnante, tan sólo para ser torpemente desvelada como víctima de un abuso sexual durante su infancia e ignorada a continuación durante el resto de la historia. Supongo que la idea de Mills es que el diseño de los personajes femeninos con traje fuertemente sexualizados refuerzan objetiva e inevitablemente un medio-ambiente patriarcal, pero de nuevo:  (a) se trata de algo que había sido cubierto con mucha más gracia durante todo el transcurso de "Miedo y Asco", y (b) diseminar esta revelación en medio de la Verdadera Charla sinsentido de Marshal mientras tiene un orgasmo es algo que puede resultar problemático (como ya se comentó en un Tumblr) hasta niveles preocupantes, porque niega cualquier disposición sexual de la heroína.

(Además, ¿En serio va a trazar Mills una equivalencia entre el diseño de una heroína crudamente sexualizada y otra que está "psicológica y sexualmente degradada por los científicos que me dieron mis superpoderes" en un cómic dibujado por Kevin "Jodido" O'Neill? Hemos mencionado un par de veces la peculiar energía de Marshal Law derivada del tira y afloja entre los impulsos personales de sus creadores, pero llega un momento en que un contraste tan interesante cruza la línea hasta llegar a la simple desconexión, y eso resulta mortal cuando estás intentando ser polémico.)



Mientras tanto, "Law in Hell" dedica casi la mitad del primero de los dos números a parodiar la poco juiciosa Nueva Era de la auto-ayuda, principalmente a través de la (estandarizada) colega-de-jodienda-de-Marshal-en-la-serie, una super-heroína con buenas intenciones, aunque algo excéntrica. De hecho, “¿te vas a beber el pis?" Francamente, todo parece una crítica menos estudiada e incisiva de las implicaciones de género que tiene una fantasía sexual sobre el pene que una Charla de Verdad sobre un hombre real que está enamorado y que hace gala de su propio rasposo juicio. Gracias a Dios, entonces se abren las puertas del Infierno y aparece un dibujo muy fresco de la máquina de guerra estadounidense (mientras Razorhead comienza a parecerse de forma reveladoramente similar al Mr. Hyde de La Liga de los Caballeros Extraordinarios), y Mills (al menos), logra mezclar bien sus propias motivaciones con los super-héroes-como-soldados con los orígenes de Pinhead en la profunda desesperación provocada por la Gran Guerra, algo que no es que sea exactamente mucho más revelador que la serie de variaciones anteriores sobre el mismo tema, aunque sí que rescata de la mediocridad a este constreñido proyecto para que por lo menos dé la sensación de ser algo completamente arbitrario. A continuación Marshal rompe con su novia y -literalmente- se mete en una orgía llena de chicas calentorras. No está mal: ¡Esta Mierda Es Totalmente Feminista!

Después de esto, la industria del cómic americano implosionó y Marshal desapareció durante más de tres años, mientras que los creadores estuvieron trabajando en una adaptación de la película que nunca se produjo. Cuando el personaje reapareció, según O'Neill, la editorial ni siquiera podía permitirse el lujo de contratar a un colorista para el proyecto. Esa editorial era Image, que en aquel entonces todavía tenía una mala reputación, y la forma de entrar en la editorial de Marshal sería a través de la creación de Erik Larsen, uno de los co-fundadores de la editorial: Savage Dragon, un policía-colega también superhéroe, y de paso, una de las piedras angulares de mi propia Era de Lectura de Cromo como chaval que NO leía demasiado Vertigo. (Pregúntame sobre Shadowhawk alguna vez.) Hablando en calidad de experto, puedo asegurarte que O'Neill hace un muy buen trabajo dibujando al Dragón, en un estilo bastante cercano y aproximado al de Larsen en ciertas viñetas que se podría jurar que el propio creador estuvo sentado enfrente supervisándolas con él. 



Y ahora que he detallado todas las buenas cualidades de Marshal Law / Savage Dragon alias "Ten", y que... bah, quiero decir, quizá "realmente" no debería darle el coñazo a Mills diciendo de forma tan  transparente que su historia se parece a la trama de "Seven", pero precisamente, no es que revistas como Action y 2000 AD no se hayan visto reforzadas por hacer cosas más extrañas y robos aún más descarados del entorno popular. Es sólo que Savage / Law (como yo lo llamo ahora) carece de la suficiente capacidad de emocionar. En su lugar cae en una de las trampas más viejas de los superhéroes: el síndrome del futuro alternativo, donde todo el caótico espacio del relato está ocupado por muertes al estilo serial killer de superhéroes previamente  invulnerables y que aspiran a ser chocantes. Peor aún, muchas de las muertes (y no pocos de los personajes secundarios) son personajes de Savage Dragon, impregnando todos estos acontecimientos estremecedores con una liviandad "Johnsiana", en caso de que de alguna manera estés íntimamente familiarizado con "The Mighty Man" y similares. El interés se eleva un poquito al hacer que el asesino sea un purista loco por el género de la vieja escuela y anti-grim & gritty, pero incluso dicha idea estaba mejor presentada en el "Bratpack" de Rick Veitch del año anterior, un relato problemático y defectuoso que aún siendo un tomo con problemas y viciado, no obstante se acerca a lo menos malo del antiguo Marshal Law.

En otras palabras, mientras que los anteriores crossovers de Marshal Law al menos parecían vibrar con las preocupaciones temáticas de la serie, Savage / Law tan sólo es un crossover de superhéroes que sirve un tibio suspense sobre la base de que los dos personajes del título son policías. Cualquier densidad ofrecida por esta mini-serie proviene de los cambios críticos realizados en la propia motivación de Marshal, y de la eliminación de varios personajes persistentes de Tribunal Secreto que hace que... (Dios mío, parece un cómic de superhéroes, ¿verdad!?) Quiero decir, siempre lo fue, ese era el corazón de la poderosa ambigüedad que podía encontrarse en "Miedo y Asco", pero ahora sólo es un cómic de superhéroes de mierda, y no es que sea especialmente bueno, ya que está (sobre todo) haciendo lo que ningún buen cómic de superhéroes suele hacer, es decir, recargar un escenario que de otro modo sería desechable con eventos poco convincentes e importantes para la continuidad.

Y ya sabes, entiendo que la industria se fuese a la mierda. Todavía es un medio árido para el material propiedad de sus creadores, y Dios sabe que en aquel entonces de días más calurosos todo resultaba aún más difícil, porque fueron los peores tiempos desde mediados de los años 70, y desde luego no envidio los intentos de Mills y O'Neill por revivir uno de sus más grandes éxitos, pero la textura de la obra que tanto me gustaba había desaparecido. No había sido torturada o disminuida: simplemente  ya no estaba, había desaparecido detrás de los encantamientos producidos por hombres disfrazados. En el lado positivo, al menos todo el mundo que se lea el cómic tendrá la sensación de consistencia y continuidad que suelen tener los cómics de superhéroes, y también pensará que todos los cambios se podrán revertir tan pronto como sea posible. The Mask / Marshal Law apareció un año después de Savage / Law, de vuelta en Dark Horse y respaldado por el color. "Estoy preparado para estos movimientos", suspira Marshal, preparándose para lanzarle el testigo a su compañera Carrie Kelley como colega-de-jodienda designada antes de que se produzca el regreso del Durmiente de "Miedo y Asco" que le engatusará a salir en una última misión... "¡MI CAZA FINAL!"



¿Sabían Mills y O'Neill que nunca volverían a hacer de nuevo otro cómic extenso con este personaje? Incluso si no fuese así, lo que sabemos de la serie nos lleva a pensar en que esta historia de Marshal ofrece cierto final de los procedimientos, como si empezaran a tener cierto aire de despedida: aquí tenemos a los freaks del sexo en los clubes del vicio de las calles de la ciudad. He aquí los viejos motivos detrás del Pistolón en la Sede del Departamento de Policía de San Futuro, aquí aparece la evolución final de Suicida. Aquí, por fin, aparece un elemento que tiene mérito en un crossover entre propiedades, ya que la máscara se convierte en representante de todas las máscaras de superhéroes como justificación de la violencia. Y aquí, finalmente, tenemos una última broma que le guiña un ojo a lo fútil que resultaría continuar con este personaje, ya que, para empezar, el protagonista tendría que aceptar en algún momento que nunca sería capaz de romper su ciclo de dolor. Oh, bueno, el corazón de Batman también comenzó a latir al final de su historia, y por lo menos estos tipos no estaban "fingiendo" hacer cambios para mantenerse en el mundo de los superhéroes.

J: Yo estaba tan alejado de toda la revolución de Image que incluso ni siquiera llegué a entender aquello que Doom Force (un one shot guionizado por Grant Morrison junto a varios dibujantes) estaba parodiando. Había renunciado a los X-Men cuando Marc Silvestri era una pobre copia de John Romita Jr., y cuando iba a la tienda de cómics me compraba viejos números de "Shade, The Changing Man" y de "La Liga de la Justicia de Europa". No sé cómo, pero estaba completamente perdido. Debe haber una buena cantidad de cosas que me he perdido.



Pero si lo miramos contextualmente, Image fue algo que cambió toda la industria. Esos cómics vendieron millones de copias. La visión retrospectiva del boom especulador y de los trucos de portada, aún siendo los culpables del colapso de la industria, entonces no eran una moneda tan corriente. No existía motivo alguno para no creer que personajes de Image como WildCATS, Youngblood, Spawn y, por supuesto, el sensacional rompe-columnas vertebrales [Shadowhawk], fuesen a convertirse en toda una nueva generación de iconos. Esa era la Marvel de los años 60 surgida de nuevo, un ciclo de treinta años que creaba una nueva generación de héroes que producirían los próximos dibujos animados y las figuras de acción y las películas. E incluso después de su caída, después de que Rob Liefield fuese expulsado de la compañía que fundó y después de que Image se hubiese convertido en un sinónimo de "tardanza" y de que las ventas se derrumbasen del todo, la industria continuó persiguiendo al brillante y musculoso Dragón, porque ¿qué más había? Incluso Alan Moore realizó varios proyectos para Image, intentando encontrar la forma de continuar lo que los fundadores habían empezado con éxito, o parafraseando a Martin Amis cuando se refiere a Barry Manilow, ese tremendo acorde que te lleva a ser incontrolablemente recompensado.

Dicho contexto es crucial para entender Savage / Law. Ya que Marshal, que odia a los superhéroes y que repite el mismo monólogo interior de odio a los superhéroes con ligeras variaciones en cada historia, que incluso al final de la "Ley en el Infierno" elige el odio sobre el amor, de repente tiene consideración por los superhéroes. Colabora con uno de ellos (aunque por lo menos el Dragón es policía) y, lo más asqueroso de todo, incluso se preocupa por él. El tipo que solía charlar con sus ayudantes mientras arrastraba los cadáveres de los héroes hasta su base secreta para empalarlos en estacas ahora llora por ellos, les da de comer, vela por su seguridad.



Y no hay ningún tipo de motivación para este cambio, para esta inversión de papeles, dentro de la historia. En realidad es un "photoshopeado" de las circunstancias de los personajes: Law era el trabajo de Joe, su identidad secreta es todo lo que hacía que saliese a realizar su especializado trabajo policial de nueve a cinco. Ahora está ocupado con dos empleos, con otro como asistente médico para pobres y dañados superhéroes a los que espera poder curar algún día. El lector de Marshal Law tan sólo puede responder a esto de la manera más racional: ¿qué coño es esto? Pero visto en contexto, visto bajo el contexto de una industria que se tambaleaba por culpa del éxito masivo de los superhéroes, algo que había cambiado las reglas del juego, tiene mucho más sentido. ¿Quién puede darse el lujo de humillarlos? Cuando el maduro "boom" del que provenías yace muerto en la carretera y los superhéroes han empezado a florecer de nuevo, es entonces cuando se produce el cambio de actitud. Marshal Law, y lo digo con las connotaciones sexuales del término que Lynn nos enseñó hace ya mucho tiempo, se ha ablandado. Es un picha floja. Y como bien sabían Mills y O'Neill cuando plantearon por primera vez la cuestión paradójica existente en Marshal Law, si eres un superhéroe, entonces no luchas para elevarte por encima de los combates. Sino que te conviertes en un perdedor. Y eso acaba contigo.

Es difícil decidir cuál de los tres puntos más bajos de Savage /Law es el nadir absoluto de la serie. ¿Es cuando Law se reprocha "haber pensado lo peor de los superhéroes"? ¿Es un par de páginas más adelante, cuando el Dragón le ofrece a Law un par de palabras de ánimo de fin-de-acto que le devuelven la confianza en sí mismo y le hacen creer que tal vez pueda ser un héroe después de todo? ¿O es en la última página, donde Law, que tal y como dice Joe, se había pasado varias páginas furioso por culpa de la mierda de la Nueva Era hace algunos números, dice: "Yo cazo héroes. Y, finalmente encontré a uno... A mí mismo"? Cada uno de estos puntos es una traición a las intenciones originales de la serie, una cicatriz con el símbolo del dólar reflejado en el alma de los creadores, y un allanamiento ante la realidad comercial, ante el hecho de que después de la muerte del superhéroe, de su autopsia, del funeral con banda de vientos y de la Danza de la Muerte con sus huesos, esas malditas cosas siguen siendo la única cosa que vende.



Nunca he leído Savage Dragon. A efectos prácticos de este crossover, no hay necesidad de hacerlo. Cualquier persona podría aparecer en una ciudad del futuro, hacer equipo con otro héroe sin que ninguno cuestione al otro (hay unas diez viñetas sobre el encuentro entre Dragón y Law y Dragón le invita a investigar el caso) y, al estilo del Inspector Morse, fallar en salvar a unas cinco víctimas antes de atrapar al asesino. "Mighty Man" tenía cierto aire de continuidad, una sensación de haber existido anteriormente, pero no tenía ni idea de a qué serie pertenecía cualquiera de los otros personajes, para mí tan sólo eran trajes y nombres clave. No importaba. Este es un equipo (en el peor de los sentidos), un personaje sufrido intentando recoger las ventas del otro, el Dragón que aparece de la nada y desaparece en una aventura que no le importa ni a él, ni a su autor ni a sus aficionados, mientras que Marshal pasa por grandes cambios en su vida. Es vergonzoso. Y en caso de que no quede claro, la historia es una mierda. Un débil argumento con asesino en serie que para desviar la atención del lector ni siquiera da en el clavo con el robo en el Se7en, ni tampoco aparece el humor de Law en referencia a la deferencia recién descubierta ante los superhéroes, y no hay color. O'Neill puede dibujar bien en blanco y negro, ya que así es como había dibujado la mayoría de sus obras para 2000AD, pero ya en el Libro III de Némesis The Warlock le llegó a arrebatar dos páginas a todo color al cómic de Dredd, porque evidentemente, su dibujo se beneficia enormemente de ello. Aquí se entiende claramente que el dibujo debería haber estado coloreado, y pierde claridad especialmente en las "splash pages". Es difícil decir quién está disparando a quién.

La influencia Image es menos directa en Marshal Law & The Mask, un canto del cisne que al menos aspira a restañar todo el daño que se ha hecho antes. Pero en el dibujo se nota la ausencia de las texturas, aunque hay más confianza al colorear (¿por ordenador?) tanto a la figura como a los brillos de cada superficie. Tal vez se hiciese en un plazo mayor de tiempo. Tal vez las bajas ventas significasen que no valía la pena esforzarse lo mismo. Ciertamente existe la sensación de que O´Neill no estaba a pleno rendimiento, que su mente ya se encontraba en otro lugar o en otro proyecto.



En cuanto a la historia, arrancamos donde nos quedamos con el propio Marshal (odiándose a sí mismo y cazando héroes), dispuesto a pasar su manto a Gale Force, de nombre tan perezoso. Me gusta bastante el reconocimiento de que todo eso del superheroísmo es algo personal, que el vigilante enmascarado no está para ayudar al mundo, sino para proyectar sus propios psicodramas personales sobre los demás. Pero esto ya se había hecho anteriormente y mejor en el propio cómic. La otra señal de que esto es el acto final, es cuando Marshal Law tensa sus extremidades y se coloca su arma en la mano antes de guardarla de nuevo en su caja y posarla en la repisa debido al regreso del Durmiente. Tiempo atrás, en el último capítulo de "Miedo y Asco", mostraban que el villano estaba vivo y que estaba obsesionado con Law. Ahora, por razones alegremente dejadas a un lado sin explicación, se le otorga el poder transformador de La Máscara, y entonces procede a joder a la ciudad de San Futuro.

La gracia salvadora de estos capítulos finales es el regreso del humor negro, aunque sea más contundente en lugar de cortar afiladamente como antes, pero por lo menos se reconoce que para llevar la violencia más allá del mainstream de los cómics hay que hacerlo a través de la bufonada. Me gustan los desastres heroicos provocados por La Máscara, salvando niños y deteniendo ladrones de bancos y sacrificando a cientos en el proceso, un vestigio superviviente de la crítica original sobre lo irreflexivo del superheroísmo. Me gusta el estúpido y jocoso cliché de Joe convirtiéndose en Marshal Law de nuevo, arrancando el alambre de púas de una cerca y envolviéndoselo alrededor del brazo. Hay tres splash pages decentes: la de Genocida, la de madre-alambre y la propia página final de Marshal Law, y el concepto, al menos, le permite a O'Neill volverse loco por última vez.

Pero para el lector no hay ningún porcentaje de investigación acerca del concepto del Durmiente o de Marshal Law. Son herramientas de examen, pero no son dignas de ser examinadas. Y el propio enfoque obliga a reconocer que este cómic perdió el rumbo hace mucho tiempo, que realmente no podía responder a la pregunta que planteaba sobre los superhéroes, y que siempre estuvo destinado a derrumbarse bajo el peso de sus propias contradicciones. Y que era mejor que se terminase.



JOE: Nunca me leí las novelas en prosa [de Marshal Law] que Mills escribió más tarde. Aunque sí que hay un último cómic: en 2002, con la celebración del número de 25º Aniversario de 2000 AD, Mills & O’Neill contribuyeron al mismo con una página en blanco y negro para un número realizado por varios autores que celebraba la historia de la revista. El impacto de Toxic! en 2000AD durante los noventa no fue pequeño, tal y como hemos comentamos antes, y por eso se dejó paso a Marshal Law en vez de al protagonista del primer "programa", M.A.C.H., quien se compadecía del mismísimo Juez Dredd (inicialmente los dos Joes se confundían el uno con el otro), conectando finalmente con un grupo de las otras creaciones de Mills sacadas de las páginas de Crisis y de otros lugares más (y que entonces se habían fugado a 2000 AD, aunque ninguno fuese más libre que Marshal, quien tenía la ventaja de poseer un gran "TM" y la notificación de copyright en el lado derecho de la página. )

Un final feliz, entonces, y tan pragmático como podíamos esperarnos.

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