miércoles, 2 de julio de 2014

VACACIONES SECRETAS POR EL MUNDO, por Warren Ellis


DESDE EL ESCRITORIO DE WARREN ELLIS VOLUMEN II
(Avatar, 2000. Traducido por Frog2000.)

El alba de Auckland atraviesa la amplia ventana de la habitación de mi hotel de cinco estrellas con un ímpetu dorado otoñal que va caldeando las cosas lentamente. Desde aquí puedo ver el puerto de Auckland, estoy sentado sobre una mesa del hotel. El puente de hierro negro se arquea sobre las aguas del color de las hojas otoñales. Mi teléfono móvil empieza a sonar. Es nuestro Hombre de Hollywood, el temible JC Spink, que no es capaz de superar el hecho de que podría llamarme a mi teléfono desde Los Ángeles con el prefijo inglés, y pillarme en Nueva Zelanda con el celular. Finalmente cuelga, y entonces el teléfono vuelve a sonar. Es Jeff Jensen, de Entertainment Weekly, para entrevistarme por el artículo "It List" donde reclamo ser una de las mil personas más creativas del mundo del entretenimiento del año 1999. Hablamos durante cuarenta minutos. La entrevista que publicarán más tarde tendrá dos pulgadas de largo. Me siento y miro el puerto de Auckland por la mañana, mientras rayos de sol invisibles hablan conmigo. Vivir en el futuro es algo muy bueno. 

Londres, el cielo es de color plomo grisáceo, mientras me siento arropado por la maraña de corredores al estilo pesadilla de los 50s que recorren la BBC Broadcasting House, escucho los sonidos de mi pasado. Al otro lado del estudio acristalado, riendo, maldiciendo y contando historias enfermizas (por lo general suele ser una buena compañía), tenemos a Tom Baker, mejor conocido en todo el mundo como el cuarto Doctor Who. Está poniendo voz al embrollo narrativo que he escrito para un juego de ordenador del que soy consultor, "Hostile Waters". Está metiéndose con otro trabajo que tiene que hacer, aunque aparentemente le parezca bien que ese guión esté tan podrido porque, y cito, "¡Soy capaz de hacer que un ladrido de mierda suene como si fuese del Viejo Testamento!" Y claro que puede hacerlo.

Me va bien fuera de los cómics, pero no estoy seguro de que pueda darme el lujo de comer en este 
restaurante. Le digo al maitre el nombre de la persona con la que he quedado, y soy amorosamente colocado en una mesa de primera. Patrick Stewart es una de esas personas que se paran y te saludan con una sonrisa primero y luego con varias sonrisas más mientras aloja tu mano tendida entre las suyas. Wendy Neuss es amable y acogedora: una inteligencia prudente brilla en sus ojos, así como un humor afilado. Me ofrecen champán. Patrick Stewart se vuelve en ese momento hacia mí y me pregunta, "bueno, ¿y qué sabes acerca de matar conejos?"

Melbourne, la Convención discurre bastante lentamente. Todos hemos empezado a beber, excepto Morrison, que está descasando su cerebro hecho polvo en la habitación. Supongo que firmaremos juntos, pero entre mi café de cacería y mis licores, y la narcolepsia narcótica de Morrison, lo que al final ocurre es que me quedo solo firmando cómics a cualquiera que quiera que se los firme, durante toda una hora seguida, y luego ya no tengo nada que hacer durante otra más mientras e público se cruza con Morrison, que acaba de llegar con su pálida piel escocesa volviéndose azul y luego blanquecina bajo el sol australiano. Me voy a dar una vuelta y acabo simulando tener sexo con una similarmente agotada y emocional Claudia Christian en frente de la cola de gente que está esperando para que ella les autografíe fotos y etcétera. Su mánager gasta todo un carrete de fotos. Acabo de dar un empujón a mi carrera y de destruir la suya. Yo no diré ni una palabra si ella promete no decir nada sobre mí en la Dragon Con. Mis espías están por todas partes.

Winchester, ser el Invitado de Honor de la Wincon V me pilla deambulando por ahí, mascullando un montón y sin nada más que hacer. Tropiezo con un acto programado de una productora profesional inglesa que graba series de ciencia ficción para televisión. Su póster, First Frontiers, presenta una gran fotografía de Claudia Christian. Después de todo este es un mundo pequeño, tal y como habrá dicho unas nueve millones de veces aquel anuncio de Disneyland Paris. Y entonces Mr. Bronson, de Grange Hills, me aferra y me comenta que más tarde va a abuchearme. Al principio no estoy muy seguro de lo que quiere decir.

Southend, la abuela de Niki está dentro de su caja, las cortinas beige la pasan por encima según el transportador comienza a rechinar, tirando su cuerpo al interior del crematorio. El cura que preside la ceremonia está cantando muy alto, y mira específicamente y de forma amarga hacia mis ojos cuando empieza a hablar sobre el amor cristiano. Creo que puede verlo en mi cara. Una vida se ha terminado, una vida bailando descalza sobre las mesas de las "bierkellers" alemanas, de estar muriéndose continuamente por dentro cuando su primer amor falleció en la guerra, de ser apedreada por una mujer inglesa el día que se casó con un soldado británico, de dejar el tabaco fumándose ochenta cigarros en el autobús que iba de casa al hospital, de décadas de esconder al marido el hecho de que comía chocolate en el crepúsculo nocturno mientras él se encontraba dormido, por si acaso quería enterarse de algo....

Una pérdida más en un año de pérdidas y dramas y dolores como mazazos, después de hacer frente al fallecimiento de su madre, de solventar problemas monetarios y con el coche y Dios sabe qué más, su gato, que no tenía más de dos años, murió unas horas después de percibir que tenía problemas, todo por culpa de una neumonía. Su voz al teléfono suena rota, derrotada, una cosa más cuando ya no podíamos hacer frente a otra. 

Y ese es el motivo de por qué warrenellis.com no ha sido actualizado con regularidad durante este año.

Southend, Londres
1 de Septiembre de 1999

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