martes, 17 de diciembre de 2013

DESCARNANDO LOS CÓMICS: FRANK MILLER Y SIN CITY, por Warren Ellis


Descarnando los cómics: Frank Miller y Sin City, por Warren Ellis. (Extraído de "Desde el Escritorio de Warren Ellis", Volumen uno (Avatar, 2000.) Traducido por Frog2000.

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Un viaje a la librería local de Waterstone siempre supone tanto un placer como un horror. Placer porque puedo estar deambulando por las librerías durante horas (algo que hace que Niki enloquezca, aunque al menos ella es igual de maligna con las tiendas de ropa), tan sólo hojeando y picando aquí y allí. Y también es una inmersión en el horror porque la cuenta corriente siempre se lleva un desagradable golpe. El sábado pasado la Ansiedad me asaltó, así que me fui a la librería cargando con Lilith, mi hija de un año, para el viaje. Lilith es una inveterada observadora de la gente, y desde su nacimiento ha estado fantásticamente interesada en cualquier cosa o en nada, y siempre me ha parecido cruel dejarla en casa cuando voy a salir, por lo que me la llevé conmigo.

Menciono esto conectándolo con una charla que tuve con el periodista del Wizard Craig Shutt hace un tiempo. En Estados Unidos, al parecer, uno nunca acude específicamente a una librería de cómics para comprarse una novela gráfica. En Inglaterra se hace, yo lo hago... así que en la parte superior de mi lista mental tenía la edición que Titan Books había lanzado de "Sin City: La Gran Masacre", de Frank Miller. (Y menciono deliberadamente a Titan Books porque Ruth, la novia de mi colega Garth Ennis, es la relaciones públicas de Titan, y creo que realiza un buen trabajo. Es gracias a ella que exista espacio para la crítica de la novela gráfica en los periódicos de calidad de Gran Bretaña. Ruth es toda una profesional.) 

Steven Grant me dijo una vez (algo parecido a) que Sin City podía y debería ser el sujeto de toneladas de ensayos con enfoques extrapolados, debido a la inventiva que tiene esa pieza de tebeo. No sólo estoy de acuerdo con él, sino que de hecho me encuentro trabajando en una larga obra en la que su estructura de página está ideada a partir de las ideas que he recogido leyendo Sin City, pero supongo que ya que no muchos más le han dado una oportunidad parecida, podría conseguir lo mismo disparándome en un pie. 

Sin City ha sido descrita como si te estuvieses leyendo cómics con el resplandor de los faros arremetiendo contra ti, y yo no podría estar más de acuerdo. Muy pocas personas han hecho que el blanco y negro sea tan intenso como lo hace Frank Miller. La historia es mortalmente simple. El héroe policía y degenerada bolsa de mierda Iron Jack Rafferty remueven algo de la mierda de Old Town, el distrito de luces rojas de Sin City donde las putas son la ley, y su cabeza es jodidamente rebanada. Dwight McCarthy, el lunático al límite oficialmente muerto y la presencia masculina del casco antiguo en la que se puede confiar con cautela, tiene que deshacerse de la evidencia o el inestable equilibrio entre las mujeres de la Vieja Ciudad, la policía y la mafia se derrumbará. Las cosas volverán a ser como solían ser en el viejo barrio: proxenetismo, palizas, violaciones. Sin embargo, una de las prostitutas está a sueldo de la mafia y los pone sobre aviso acerca de la matanza policial. Los gángsteres se dan cuenta de que si entregan la cabeza del policía sus compañeros harán sangrar al barrio viejo, y lo que quede será presa fácil para la mafia. El destino de Old Town se reduce a lo que ocurra con Dwight y la cabeza de un muerto.

Mortalmente simple. Una buena y vieja historia pulp, repleta de adrenalina y rociado arterial. Aparca tu cerebro en la puerta... bueno, no, en realidad no lo hagas. La historia es simple, pero no estúpida. Y necesitas tu cerebro si realmente quieres desmenuzar cómo se las ha arreglado Miller para contar la historia. Vale la pena el tiempo que conlleva.

Lo que ha hecho Miller es transitar las carreteras de la sencillez respecto a la narrativa. Algo que puede ser la cosa más difícil del mundo. Lo ideal en la narrativa en los cómics es entregarle un cómic a alguien que nunca se haya leído uno y ver si puede tener perfecto sentido para él. Nueve de cada diez veces habrás fallado. La disposición de página en los cómics se ha convertido en algo arcano, tan sólo descifrable por aquellos que lleven leyendo cómics desde hace años. Las viñetas no avanzan de forma lineal, sino que saltan por la página sin indicadores simples en cuanto a dónde debería posarse el ojo. Los textos de apoyo se caen encima de las imágenes, como si lucharan con ellas. Los cómics más importantes de los últimos veinte años son aquellos que han golpeado su cabeza contra esta forma de actuar. Watchmen permanece como una de las pocas obras más importantes del medio, ya que ha encontrado una manera de hacer que su historia sea comprensible para aquellos que no son lectores de historietas. Y no es por la estructura de página de nueve viñetas, sino por el enfoque estructuralista incluido en las nueve. La "cámara" funciona de una forma familiar para cualquiera que haya visto una película. No es que sea un tomo cinematográfico "per se" (aunque Alan Moore hable a menudo de las propiedades cinemáticas de las nueve viñetas), pero el progreso de una viñeta a otra se realiza frecuentemente desde un plano general hasta el primer plano (o viceversa). Junto con la regularidad de la red de nueve viñetas, eso es algo súper sencillo de comprender para la mayoría de las personas (a diferencia de mi forma de construir las frases.) Pero centrarse en esa parrilla de nueve viñetas es perder la idea que hay detrás de Watchmen.


Miller parece estar atacando el problema de la comprensión desde otro ángulo, y en mi opinión parece haber encontrado la respuesta a través de la estimulación. Los tomos de Sin City transcurren tan rápido como el infierno. Están construidos para ser leídos de una sentada. La mayoría de las páginas están diseñadas en tres niveles y en ocasiones, aunque raramente, el autor modifica la composición de tres viñetas por página, y entonces, cuando incluye cuatro o más es por un motivo específico, como en esas cinco viñetas donde hace que Dwight se hunda en un pozo de brea con exquisita lentitud. Las páginas de tres viñetas están realizadas por lo general a base de planos generales, cada una de las viñetas apiladas una encima de la otra. Cualquiera que lea la composición estará educado para empezar a leer por la parte superior de la página y a continuación desplazarse hasta abajo de izquierda a derecha, leyendo en zigzag , por lo que la comprensión no resulta problemática. Es mortalmente fácil. Normalmente los bocadillos de diálogo se colocan de una forma que facilite todo esto. Las páginas con dos niveles son, evidentemente, muy sencillas de leer. Si Miller rompe sus estructuras es, de nuevo, algo raro y es porque tiene buenas razones para hacerlo (comunicando el caos que ocasiona la rápida violencia contra un enemigo desprevenido, por ejemplo) y por lo general la página no se encuentra demasiado lejos de parecer un marco escalonado. Todo esto puede parecer descaradamente obvio, pero cógete un montón de cómics comerciales al azar y dime cuántos de ellos siguen el mismo sistema. No hay demasiados. Contar una historia simplemente requiere una gran cantidad de reflexión de antemano. Esto no sólo es algo que sale atropelladamente de los dedos de Miller y se coloca en la página. Miller escribe cada guión de cada título de Sin City por completo, de arriba abajo, antes de hacer incluso una marca en su mesa de trabajo. Frank Miller trabaja bien para ganarse la vida.

Sucede otra cosa interesante aquí, porque Miller no ha hecho hincapié lo suficiente sobre esta codificación, hasta sus últimas consecuencias. Con frecuencia, aunque no siempre, empuja los textos de apoyo fuera de la imagen completamente, para que el texto permanezca solitario en un área de espacio en blanco entre viñetas. Parte de la relativa complejidad de un cómic se debe al número de elementos diferentes que tienen que trabajar juntos dentro de la viñeta. Los propios dibujos, los bocadillos, y a menudo también los textos de apoyo y las onomatopeyas. Eso es un montón de información, particularmente cuando toda ella está siendo recogida por un solo sentido, la vista, y tiene que trabajar conjuntamente dentro de la viñeta, dentro de cada plano, correctamente y en orden, antes de que el lector pueda pasar al siguiente. Durante bastante tiempo el lector de cómics está enfrentándose con un máximo de cuatro elementos narrativos diferentes que tienen que estar ordenados en orden y ser entendidos de forma individual y en su conjunto antes de continuar.

A primera vista no parece algo tan difícil. La mayoría de la gente ha leído tiras en los periódicos, por lo que comprenden de forma limitada la progresión entre viñetas y los bocadillos. La mayoría de la gente ha leído libros, por lo que entienden el hecho de que los textos de apoyo son como una especie de narrativa. Son cosas que el lector de edad adulta entiende de forma instintiva. Pero si pones todos los elementos juntos a alguien que no sea lector de cómics, los problemas parecen empezar a surgir. Los textos de apoyo flotan alrededor de la imagen, para empezar.

Así que lo que Miller ha hecho aquí es circunvalar los problemas. Aquí tienes una imagen con un bocadillo de texto, y tal vez también algún efecto de sonido. Gran parte de ello lo entiendes de forma instintiva porque te has leído las tiras del periódico. Y aquí tenemos los textos de apoyo, aparte de los dibujos, para que se vea como lo que es, un pedazo de texto narrativo relacionado, algo que se reconoce y se comprende bien porque te has leído libros. ¿Hay algún tipo de dificultad en ello?

Al diseñar el elemento de la prosa como si en realidad pareciese prosa, parece estar abriendo el terreno para hacer que el lector no habitual de cómics tenga una comprensión instintiva de la forma del cómic de forma algo más sencilla. Como decía, no es algo que haga todo el tiempo, lo que me lleva a creer que Miller no ha reconocido todas las posibilidades que tiene ese movimiento único. Y esto es a lo que me refería cuando decía que Sin City podría ser objeto de decenas de enfoques al que trasladarlo. La obra en cuestión es tan inventiva, en pequeñas pero importantes maneras, que una deconstrucción de su mecánica podría también proporcionarle a la gente una gran cantidad de teorías con las que jugar, sin que sus títulos fuesen vistos como imitaciones de Sin City. Al igual que ocurrió con Watchmen, parece que Sin City está siendo imitada sólo en las formas más superficiales. Hay mucho más en estos tomos de lo que parece.

¿He mencionado que también es una condenada buena historia y que es la hostia de divertida? ¿No? Bueno, pues lo es. Id y comprad una copia, bastardos.

Southend,
15 de Noviembre de 1996,

Warren Ellis

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