lunes, 2 de diciembre de 2013

"YA HE OLVIDADO LO QUE IBA A DECIRTE, PERO SÉ QUE ERA CIERTO". EL TESTIMONIO DE JEAN-PIERRE DIONNET (1 DE 4).


“Ya he olvidado lo que iba a decirte, pero sé que era cierto”: El Testimonio de Jean-Pierre Dionnet (1 de 4). (Por Joe McCulloch para The Comics Journal (Noviembre de 2013). Traducido por Frog 2000.)

Ha pasado una década desde que pude ver por primera vez los textos de Jean-Pierre Dionnet. Estaba leyendo Métal Hurlant, es decir, el último revival de ese foro de cacareados cómics llamado Humanoids, Inc., la rama norteamericana de Les Humanoïdes Associés, de los que se tradujeron 14 números entre 2002 y 2004, y me quedé paralizado por un detalle que aparecía en una columna de opinión llamada "Spouting Off" que estaba escrita por este hombre, Dionnet, del cuál yo nunca había oído hablar. "¿Podrías llenar toda una columna, de forma entusiasta y sin tapujos, sobre los títulos que te acabas de leer?" Y me lo pregunté, ansioso, mientras los engranajes giraban y hacían lentamente “clic” en mi cabeza.

Con el tiempo pude aprender mucho más acerca de este hombre viajado que había nacido en 1947: que había escrito sobre cómics desde la década de los ´60, que había estado presente durante los acontecimientos que se produjeron en la famosa revista Pilote, que se había conmovido con la maduración que había llevado a cabo el cómic francés, cómo, junto con los artistas Jean "Moebius" Giraud y Philippe Druillet y el financiero Bernard Farkas, había ayudado a fundar Les Humanoïds y comenzado a editar Métal Hurlant en 1974; cómo, más tarde en el ´77, había presenciado el nacimiento de Heavy Metal, un hijo pródigo que había surgido en América. Y entonces, ¿cómo se había convertido en una personalidad de la televisión y en un distribuidor de películas, además de ser un hombre sofisticado y urbano?

¿Y cómo, lo más enigmático de todo, había llegado a guionizar un puñado de cómics?

Digo "un puñado" porque los cómics de Dionnet nunca han estado bien representados en idioma inglés. Desde hace diez años tan sólo he podido encontrar dos de sus tomos, ambos recogen trabajos que fueron originados en la década de los ´70: (1) la edición de 2002 que editó los Humanoids de "Exterminator 17" [Norma Editorial], una fábula inclinada hacia lo teológico protagonizada por un androide soldado que termina fusionándose con su creador, y que está dibujada por Enki Bilal, y (2) “Conquering Armies” [Los Ejércitos del Conquistador (Eurocomic)], un compendio de historias de guerra misteriosas y quijotescas dibujadas por el grandioso Jean-Claude Gal, tristemente fallecido. Este último fue uno de los primeros libros recopilatorios de Heavy Metal, allá en el '78, haciendo que me entusiasmase tanto como para dedicarle una de mis columnas caprichosas llenas de miscelánea, alabando sus épicas dimensiones.

Entonces te podrás imaginar mi interés cuando los Humanoids anunciaron una nueva edición en 2013 de esa misma obra, “Conquering Armies”, titulada ahora "Armies", e incorporando el material original en color junto con la totalidad de una serie de Gal / Dionnet posterior titulada Arn [La Venganza de Arn, Eurocomic], donde se narra la amoral historia del hijo castrense de un mundo de fantasía con la ayuda del guionista de "Picaret." Me ofrecieron la oportunidad de hablar con Dionnet acerca de dicha versión, y no me costó aceptar, a pesar de que me preguntase cómo iba a idear algunas buenas preguntas cuándo él mismo ya había escrito un recuento exhaustivo e interesante que trataba sobre la creación de historias como prefacio de dicho nuevo tomo.

No debería haberme preocupado tanto. Al igual que el columnista que descubrí cuando ambos éramos más jóvenes, Dionnet requiere muy poca ayuda para divulgar sus impresiones. Hablamos por teléfono en inglés, y a continuación se realizó una transcripción que estuvo preparada por Keith Barbalato, Lucy Kiester y Sonya Selbach en Fantagraphics, transcripción que luego edité y Dionnet corregió y modificó por correo electrónico. He optado por mantener la mayor cantidad de la cadencia del discurso de Dionnet como me resultase posible, porque en gran medida esto va sobre sus declaraciones: es un testimonio sobre una cultura que él ha admirado tanto como le ha producido escepticismo y está hecha de todo corazón, y espero que no tarde muchos años antes de que se conecte de nuevo al medio del cómic.


Joe McCulloch: ¿Es cierto que ya habías escrito ensayos sobre cómic antes de empezar siquiera a guionizarlos?

Sí. Empecé cuando era muy joven, sobre los 16 ó 17 años. No fue exactamente a los 16, porque a esa edad seguía leyendo cómics. He leído cómics durante toda la vida. Sólo los baratos, la mayoría de ellos. Así que me he leído un montón de cómics de DC y de Marvel antes de saber lo que eran, porque eran reediciones en blanco y negro, ya que por el precio de una revista Spirou podías cogerte diez tomos gordos de esos tebeos en blanco y negro. Así que mis oportunidades se duplicaban.

Y mi padre ganó un concurso. Así que, cuando era muy joven gané la suscripción para el primer año de una nueva revista. Fue a partir del número 1 hasta el número 52. Fue en una gasolinera; podías ganar la mejor revista que estaba a punto de salir, se llamaba Pilote.

Por lo tanto ese fue el lado positivo. El lado malo era que, de todos modos… todos los chicos se pillaban Tintín, o se cogían Spirou y otra revistas, pero yo… yo sólo conocía las revistas de pequeño formato muy baratas. Así que estaba desconectado de los gustos de los otros niños.

Y también prefería a los chicos malos del bloque donde vivía, porque me fascinaban. Yo me enzarzaba con ellos, ellos se enzarzaban conmigo. Cometí algunos robos pequeños, me encantaba la sensación, aprendí los trucos. Mucho más tarde, cuando conocí a mi esposa actual, ella estaba trabajando en una casa grande que tenía una seguridad muy fuerte. Ella se encontraba fuera en ese momento, y yo me fijé dónde estaban los "ángulos perdidos" de las cámaras [es decir, las áreas donde no filman las cámaras], así que salté, conté hasta tres, caminé y me metí en uno de los ángulos muertos, y cuando llegó ella yo estaba allí de pie, esperando para saludarla. Tuve suerte porque los policías conocían y solían tratar con mis padres, aunque mi padre nunca me pegó. Era la segunda vez que hacía algo parecido y dejé de hacerlo.


Me di cuenta de que en el mercado se podían comprar muy baratos todos los cómics publicados desde 1945, o algo por el estilo, en gordos tomos que incluían a [Le Journal de] Mickey y "Prince Valiant", incluyendo algunas revistas comunistas muy buenas, como Vaillant, donde comenzaron [Nikita] Mandryka y Raymond Poïvet. Así que me convertí en un fanático de los cómics.

Yo estaba en una escuela católica muy estricta. Así que no leía cómics a lo largo de la semana, porque teníamos como una media hora para leer por la noche, y en aquella época elegía libros de verdad, que en su mayoría estaban escritos por escritores románticos. Y por supuesto, desde que era un adolescente también me gustaban los que parecían raros, los de [Joris-Karl] Huysmans, que estaba escribiendo cosas sobre demonología, y por supuesto, también me gustaba Baudelaire, Edgar Allan Poe, y descubrí la primera edición que se había hecho de Lovecraft y otros parecidos. Pero durante el fin de semana me leía cómics, porque son más rápidos de leer.

Teníamos una casa grande y la planta de arriba era la mía, así que empecé a leer un montón de cosas.

El primer artículo… cuando llegué a París acudí a tres universidades. Una para aprender periodismo, carrera que terminé. Más tarde fui a otra para aprender algo de teología, "Humanidades”. Hice dos años, pero por lo general los profesores no eran muy buenos, eran muy permisivos (era 1968), a excepción de uno que más adelante fue colaborador en Métal Hurlant; él usó uno de mis artículos como base para un trabajo sobre literatura popular y nos hicimos amigos al instante. Jacques Goimard; era el director de la Sorbona en ese momento y el jefe del suplemento literario de Le Monde.

Y también di clases de derecho. No me gustaban porque tenían una visión muy puritana del mundo en ese momento. Yo no quería aprender a proteger la ley. No me gustaba… creo que algo no puede estar bien o mal. No soy [Steve] Ditko, pero creo que no hay bien o mal, y lo que hacíamos era aprender los trucos para que cuando fueses culpable pudieses escaparte. No me gustaba eso.

Joe McCulloch: Si, si, si, si.

Así que ya que mis padres me daban algo de dinero para las clases, y que yo sólo iba a la universidad durante los primeros días, y luego un mes antes de los exámenes estudiaba muy rápido para poder proseguir el año siguiente, ya me consideraba todo un “freak”, y quería tanto ser diferente como ser aceptado. Quería "le beurre et l' argent du beurre" [“estar al plato y a las tajadas”], como suele decirse. Así es mi vida.


Comencé a vender en un pequeño tenderete en "El Mercado de las Pulgas" con otro tío, donde él ya estaba con discos viejos y fonógrafos antiguos, y también tenía un pequeño montón de cómics. Y compartimos el puesto y más tarde nos mudamos a una pequeña tienda llamada Futuropolis. Estaba llena de ventanas, algo que es muy malo para los libros. Pero luego nos mudamos a una más grande y comenzamos un fanzine que se llamaba Futuropolis. Y también, en esa tienda, conocí a algunos editores. Y yo era joven, pero muy tenaz. La gente estaba haciendo la versión francesa de Galaxy [Ciencia Ficcion], la gente estaba escribiendo varios libros de Ciencia Ficción. Había una revista llamada Universe y me preguntaron si les escribiría algunos artículos.

Así que mis primeros artículos trataron en su mayoría de gente de la que no se sabía nada en Francia, como [Frank] Frazetta. Y tenía que investigarlo todo por mí mismo, y había muchas lagunas; aprendí mucho, mucho más tarde supe que si tenía un hueco en el perfil que había hecho sobre él era porque me faltaban los años que estuvo trabajando para Al Capp. E hice cosas para algunos extraños cómics italo- frances procedentes de Italia que resultaban totalmente desconocidos. Y luego vino la exposición de las Artes Decorativas y el Museo del Louvre [L'exposition Bande dessinée et Figuración narrativa] en 1968, y ellos [es decir, la Société Civile d' Etude et de Recherche des Litteratures Dessinées, o SOCERLID, quienes organizaban la exposición] sacaron una revista llamada Phénix.


Y para esa revista escribí un montón de artículos, ya que hicimos un viaje a EE.UU., en 1969, creo, donde los conocí a todos. Quiero decir, conocí desde Milton Caniff hasta a Stan Lee, Lee Falk, hice un montón de entrevistas que todavía están archivadas, están inéditas. Nunca encontré el momento de sacarlas. Con alguno de ellos me hice muy amigo. Tampoco con muchos. Pero sí me hice amigo de Will Eisner, porque era como mi mentor para los negocios. Tenía una relación muy estrecha con [Joe] Kubert, y es una pena, porque hace cuatro años vino a mi casa con Moebius y ahora ambos han fallecido. Tuve una relación muy estrecha con Harvey Kurtzman, y una buena relación con Jim Steranko, y también, por otro lado, empecé a llevarme muy bien con Ron Turner y Art Spiegelman.

Joe McCulloch: Oh, qué bien.

Así que yo estaba en el medio, ya que con mi perspectiva francesa, para mí no había diferencia entre el underground y el mainstream. Cuando pude ver las primeras cosas de, por supuesto, [Víctor] Moscosco, o el que fuese... pero el que más me afectó fue [S.] Clay Wilson, ya que su obra me parecía algo muy, muy raro, como la música de Debussy o algo así, y me encantó ese material, porque estaba fascinado por el gran arte y por el cine, por las películas que veía cada día. Y esa era la misma gente que en aquella época hablaban en las revistas de verdad o en periódicos como Le Monde. Los cómics y la Ciencia Ficción tuvieron un reconocimiento repentino. Estoy hablando ahora de un mundo que está muerto: cuando Francia pudo descubrir el arte japonés, el "art nègre", el jazz, etc Entonces estábamos en el centro del mundo. Ahora estamos casi muertos.

Empecé a tener una muy buena relación con las grandes editoriales a través de [Carmine] Infantino y Stan Lee. Me pasaba todo el tiempo por DC y Marvel y me decían: "¿Quieres cogerte alguna página de Spider-Man o de Kirby?" Y puede que les dijese: "Ya lo haré más tarde, porque ahora tengo que irme a hacer algunas compras", y nunca las cogí.

Joe McCulloch: Así que así era aquella época.

Si, si.

Y por eso mis primeros artículos fueron en su mayoría sobre comic book, ya que en Francia nunca había aparecido un artículo sobre ellos. Yo estaba particularmente fascinado por la habilidad de Infantino, cuando hizo el Space Museum sin entintadores y con un dibujo muy económico. Y lo dejó pensando que nunca llegaría a superar a Kubert y a [Alex] Toth, y sin embargo creo que fue el mejor de todos. Pero acababa de conseguir el trabajo demasiado tarde. Había formado una escuela de diseño, a los 60 y tantos años, y creo que estaba haciendo algo único para la época, escritura y dibujo sin entintador. Pero tuvo que ser el rey del mundo en DC, eso es lo que él sentiría, y nunca volvió a subir hasta ahí. Me parece algo raro: era alguien más grande que la vida, como Druillet, eran enormes, y no podían volver a serlo.


Philippe me dijo un día: "Pareces muy pequeño en comparación, y quizá por eso tendrías que regresar. ¿Cuántas veces te has preguntado que mejor te habría gustado irte?" Y yo le dije: "Si incluimos el alcohol, a los nuevos jefes que me disparan, las drogas, las mujeres de mala vida, digamos que me lo habré preguntado unas cinco veces”. Y entonces me di cuenta de que había tenido mucha suerte. Más suerte que fortaleza. 

Algo en el aire me ha dicho cada vez, "es hora de salir del agujero, ya no hay más bombardeos, el cielo está claro de nuevo." En este momento estoy, espero que sea mi último combate, peleando con los servicios de rentas internas. He perdido mucho, pero sigo vivo, y ahora sé que el final está cerca: pero todavía tengo que ser más generoso con mi tiempo y dinero, usarlo lo mejor que pueda en el tiempo que me queda. Esa es la única manera, permanecer siendo el mismo y cambiar al mismo tiempo.

Y he tenido algunos buenos momentos, como cuando estaba paseando con Kurtzman, que me dijo: "Me encantaría irme a San Francisco, pero necesito dinero para que pueda comer mi familia", y me pasaba todos los ejemplares de la nueva EC, qué raro, estaban absolutamente nuevos, y luego yo, más tarde: le di todos los nuevos Métals, 30 años después. La historia continúa y ahora lo entiendo: si quiero puedo volar, pero no demasiado alto, porque soy responsable de mi familia.

Todos eran judíos e italianos, los primeros maestros [de los cómics]. Yo me encontraba en plena visita a Brooklyn y al Bronx, y al distrito de la moda en New York. Stan Lee estaba al otro lado, en New Jersey, o lo que fuese. Will y Kubert me estaban mostrando los edificios donde vivían. Y fue un momento magnífico, porque creo que yo era tan sólo un individuo que estaba muy interesado en los comic books, y estaba con Alain Resnais. Eramos muy amigos, qué divertido era él... Alain había estado trabajando en algunos guiones con Stan Lee, que estaba escribiendo una historia para él, estaban intentando hacer una película sobre Lovecraft. Al final no pudo hacerla, él es el tipo que hizo “Last Year at Marienbad” [El año pasado en Marienbad, 1961], y las conferencias que daba en las universidades pagaban sus facturas.

Cuando nos juntábamos todos, íbamos a ver a Stan. Yo iba de tiendas, porque en aquella época podías comprar cualquier cosa por poco. Me refiero a que podías comprarte todos los cómics de L.B. Cole por casi nada. Podías comprar de todo por poco dinero. Y yo recibía, todos los meses, un enorme paquete de cómics por parte de DC y Marvel que me pasaban bajo la puerta. Pero mi iluminación llegó cuando una vez estuve comprando en una tienda clásicos de la DC que estaba buscando.


Y me encontré con aquella historia de Thor en la que iba al Infierno. Estaba enganchado, porque de repente me dí cuenta de que él [Kirby] era el maestro de esa nueva forma de arte a la que llamaban cómics. No es que fuese una buena copia de las tiras de cómic como los otros, sino que más bien provenía de las reediciones de la EC o lo que fuese. No tenía reminiscencias de Alex Raymond. Al Williamson quizá le era más cercano. Pero con Kirby descubrí a un tío que, para mí, había abierto la puerta y la había cerrado detrás suyo. Después todo es post-moderno, incluyendo Watchmen, que para mí es la tumba de los cómics construida sobre el cuerpo de Ditko.

Y estuve visitando a Neal Adams en su rincón. Y también iba al cine. Recuerdo que un día fui a ver “Taxi Driver” y me llevaron a conocer a Scorsese, para trabajar en algunos proyectos que nunca despegaron. Fuera del cine todo parecía exactamente como era en la película: el viejo Broadway. Después tuve una reunión con Jim Steranko en un bar de mala muerte… su actitud, la mirada, podría haber estado dentro de la película de Scorsese, él se parecía a Mickey Rourke en The Outsiders [Rebeldes, Francis Ford Coppola, 1983].

Joe McCulloch: Claro, claro.

(Continuará)

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