domingo, 3 de noviembre de 2013

COMENTARIOS SOBRE CRUMB 22: REVERENDO IVAN STANG

Varios autores ofrecen sus impresiones sobre Robert Crumb y su trabajo. Artículo aparecido en Blab nº3 (1988). Traducido por Frog2000. 

1. JAXON
2. KIM DEITCH
3. JOHN THOMPSON
5. JOEL BECK
6. TRINA ROBBINS
7. HARVEY PEKAR
8. ACE BACKWORDS 
9. SAVAGE PENCIL
10. TOM VEITCH
11. SPAIN RODRIGUEZ 
12. JOSH ALAN FRIEDMAN
13. BETO HERNANDEZ
14. GEORGE HANSEN 
15. DON DONAHUE 
16. BOB BURDEN
17. JUSTIN GREEN
18. DANIEL CLOWES
19. LESLIE CABARGA
20. CHESTER BROWN
21. RICHARD SALA

22. REVERENDO IVAN STANG 

[Cineasta e investigador de la contra-cultura, Ivan Stang fue co-fundador junto con Philo Drummond de la Iglesia de los Sub-Genios, una divertida e inteligente, a la par que irritante, organización con ánimo de lucro y risas que desde los setenta dinamiza el underground con panfletos, libros y diversos actos. El púlpito oficial de Ivan Stang.]

Robert Crumb es uno de mis héroes, y los héroes son importantes (pueden hacer que quieras seguir vivo cuando ya no estás seguro de si te has quedado atrás o si estás a punto de ser atropellado.) Te mantienen en movimiento, o incluso mejor aún, apartado de las autopistas por las que no se puede transitar de forma segura.

Primero debería explicar qué es la Tendencia Monstruosa. En realidad no es un monstruo solitario, sino que está compuesto por miles de personas y estilos. Creo que tiene un índice de rotación muy rápido, así que nadie forma parte de ella durante demasiado tiempo. Puedes visualizarla como un gigantesco lío de carne erizado de gente y sus respectivas creencias, tomando velocidad por una de las curvas de la carretera (en realidad, construyendo dicha carretera según va avanzando), o como una especie de meteorito cárnico cayendo en barrena y al azar desde el espacio exterior, tragándose el vacío enfrente suyo a medida que se mueve, pero dejando un jodido rastro de billetes de dólar, ideas y gente en el vacío que va dejando a su paso (todo inutilizado porque ya no forma parte de la Tendencia.) Sólo necesita los cuerpos que la conforman para esquilmarlos: son el combustible de recarga, y cuando los quema y los deja vacíos, los aparta a un lado como cáscaras sin relleno. Es como un grupo de prisioneros corriendo a toda velocidad, excepto que no tienes que cometer ningún crimen para que te sentencien... incluso es capaz de arrastrar gente que parece agradable. (Mientras son incrustados astralmente dentro del Monstruo, la mayoría viven, físicamente, en L.A. o en New York City.)

Por supuesto, la Tendencia Monstruosa está constantemente cambiando de forma... en perpetua metamorfosis, porque siempre hay nuevo combustible disponible. La mayoría del combustible se lo proporciona la gente que intenta funcionar a toda velocidad para estar siempre al día y poder así estar unido a ella. No saben que se encuentran en peligro (que tan sólo son combustible) porque no pueden reconocer el olor a basura que se quema, ni a los que han quedado detrás y que una vez fueron sus compañeros.

Hay otros que permanecen de pie en medio de su camino, por lo que también son absorbidos. En realidad, siempre hay mucha, mucha menos gente conformando la Tendencia Monstruosa en un momento dado que aquellos que se han quedado atrás. El Monstruo en movimiento siempre está pendiente de la mayoría, que trota perezosamente detrás suyo, una mayoría poco entusiasmada y que guarda las apariencias o que trata de "ponerse al día" (muchos de ellos perfectamente satisfechos de haber podido agarrar su propia porción de la Tendencia durante el breve tiempo que han conseguido hacerlo, o felices de que ese ser se alimente de ellos.) Pero hay incluso menos gente aún, quizá unos cientos cada vez, que se las arreglan para adelantarse a la Tendencia Monstruosa. Robert Crumb es uno de ellos. Suele correr frenéticamente tratando de mantenerse por delante, pero a veces se cansa y casi se queda atrapado. Incluso ha sido capturado en una ocasión, en aquel tramo estrecho de autopista tan lleno de baches y de aspecto extraño.
Es bastante difícil ocupar su puesto, porque en realidad no estás en la autopista (estás justo a la cabeza de lo que está siendo construido en ese mismo momento), y no tienes ni idea de qué dirección va a tomar el Monstruo. Tienes que seguir corriendo mientras constantemente miras de soslayo hacia la Tendencia Monstruosa, intentando adivinar hacia dónde va a virar esa vez, para no hacer un movimiento en falso y ser atropellado o engullido (en cualquier caso, al final serás triturado y arrojado detrás suyo como todos los demás), sólo que es incluso peor, porque sabes que puede ocurrir en cualquier momento. Ahora sabes bien lo que es la Tendencia Monstruosa.

Pero la mayoría de la gente no lo descubre hasta que son tragados y excretados a continuación, después de que es demasiado tarde. Se convierten en basura, parte de los horribles despojos a lo largo de la carretera.

En ese trozo de carretera que Crumb se vio obligado a construir, algunos de nosotros vimos el lugar donde estaba garabateada la verdad sobre la Tendencia Monstruosa como si hubiese sido escrita en cemento fresco. Estas instrucciones secretas nos dejaron claro que nosotros, al igual que él, debíamos continuar marchando en cabeza a toda velocidad. Algunos podrían incluso tener que superar a los que se han quedado atrás y pelearse enloquecidamente para escalar hasta la cima, para durante un tiempo hacer un sprint con el fin de adelantarse, teniendo cuidado de no dejarse atrapar y ser expulsados por detrás a través de los tubos de escape. Correr delante de ella es un trabajo ingrato, pero al menos sabes dónde te encuentras. Siempre puedes mirar hacia atrás y saber exactamente dónde está. Y puedes arrojar clavos a tu espalda según estás corriendo.

Los clavos no la detendrán (en caso de que reviente una rueda, siempre aparecerá alguien, un ejecutivo, un político, un actor o una estrella de rock, para que los use como repuesto), pero la ralentizarán lo suficiente como para que se te ocurra qué vas a hacer a continuación.

Justo después de leerme la carta en la que me invitaban a que echase una mano para idolatrar a Crumb (algo de lo que sin duda no me avergüenzo), quién crees que apareció en mi puerta, sino Jay Condom, otro de mis amigos historietistas y co-autor (junto a Gary Panter) de Pee Dog Comics. Estuvimos charlando sobre lo que "Crumb significa para nosotros" y eso nos llevó a darnos cuenta de que todos vivimos experiencias similares cuando teníamos quince años, intentando imaginarnos si íbamos a ser hippies o no. Habíamos tropezado con "Head Comix" en las estanterías de las librerías (en librerías comerciales normales.) Habíamos escuchado a Jimi Hendrix, habíamos visto "Easy Rider" y Woodstock. Nos encantaban las películas de monstruos, pero no sabíamos lo que era el comix underground. Eramos paletos de Tejas. Aunque Crumb solía quejarse de que no quería "ser comercial", si cualquiera de nosotros (y muchos, muchos más) no hubiésemos visto ese cómic comercial a la venta, "Head Comix", nunca hubiésemos sabido que había algo que se llamaba "no comercial". Nunca nos hubiésemos atrevido a entrar en las "headshops", que en aquellos días estaban vigiladas por la policía. El resto de material hippie genérico era divertido, pero es muy, muy posible que si la obra de Crumb no hubiese sido tan incuestionablemente provocativa que una editorial grande la hubiese distribuido de forma considerable, hubiésemos seguido ciegos a todos los peligros excepto a otro tipo de cómics, y que jamás hubiésemos conocido los comix underground (me refiero durante el tiempo que era prioritario hacerlo).
Con toda justicia, debería mencionar que en esa época Frank Zappa sirvió más o menos para lo mismo. Al igual que el Firesign Theater. También se adelantaron a la Tendencia Monstruosa. Gracias a Dios que hubo gente que en primer lugar nos permitió saber que los hippies podían estar tan llenos de mierda como sus enemigos del "establishment", y en segundo lugar, nos mostraron lo divertido que podía ser contar la verdad base de mentiras. No recuerdo ninguna película o libro que me produjese el mismo efecto. Soy cineasta y escritor de profesión, y mis influencias incluyen de todo, desde Bugs Bunny hasta Fellini, pasando por Kesey y el resto, pero afrontémoslo, para un adolescente los cómics tienen más DIBUJOS que los libros, y el rock and roll más importancia que las películas. Y son los adolescentes los que necesitan más ese tipo de desacondicionamiento.

Podría convertirse en cuestión de vida o muerte. Bien pensado, al no tener ejemplos vivientes de lo que quería hacer, pruebas de lo que se podía hacer, bien podría haber caído víctima de cualquiera de esas combinaciones de cosas capaces de asesinarte a finales de los sesenta y principios de los setenta. Mi infancia fue una mierda con las orejeras siempre puestas, y luego sufrí una madurez parecida. Psicológicamente, a veces esas voces desafiantes (siendo la de Crumb la más insistente y entretenida), eran lo único por lo que la vida merecía ser vivida. Los actos de desafío, los recuerdos de viñetas increíblemente graciosas y sus trazos e historias me proporcionaron un significado en medio de los trabajos asquerosos, las malas noticias y las relaciones problemáticas, y la tentación siempre presente de las drogas. Los chavales necesitan significados en una actualidad incluso peor que la de entonces, y espero que mi propia obra pueda proporcionarles un poco. La existencia de Crumb fue una pista de que podías crear algo que valía la pena y que no hacía falta venderlo o que tuviese una distribución comercial. Es una línea muy fina, pero tiene sentido intentarlo (por lo menos una vez). Es cierto que si tu obra no aparece en las tiendas normales, al menos por el momento, es probable que nunca alcance al público que más lo necesita. Es como predicar al convertido. Pero si es lo suficientemente astuta, perderá su efectividad de forma parecida. Sé que Crumb, en su época más ingenua, evitaba el privilegio de publicar en lugares de la talla de Playboy por idealismo, pero espero que apreciase el hecho de que los cómics "underground" se hubiesen filtrado hacia la "superficie" y eso nos atrajese a algunos hacia esos lugares secretos donde operaban sus compadres.

Piensa como se puede sentir al ver copiado su estilo un millón de veces, tanto por dibujantes de cómic amateur hasta productores de anuncios para programas de máxima audiencia, pasando por el apestoso, lloriqueante y horrible Ralph Bakshi. ¿A dónde me lleva todo esto? Demonios, ¡en realidad he estado viviendo una vida de historietista underground! Lo que ocurre es que soy el único dibujante underground que no puede dibujar ni una mierda, y nunca he dibujado "cartoons". Mi carencia me ha forzado en su lugar a trabajar en películas y con palabras, pero básicamente, lo que hago sigue siendo comix underground. El sueldo es muy similar, y tenemos una versión muy parecida del antiguo público de los comix underground. De igual modo, la Iglesia de los Subgenios también podría ser un gigantesco comic book underground que se ha inmiscuido en los medios elctrónicos, usando radio, vídeo y libros (y los cerebros del público) como canvas. Me gustaría llevarla tan lejos como me fuese posible, hacia el vídeo y la televisión, mientras siga reteniendo toda su integridad (integridad aprendida de Crumb y de las cohortes que apuntaban hacia nosotros.) En caso contrario, significará que por una parte hemos perdido el control y la integridad en favor de la Tendencia Monstruosa, y por otra que nunca seríamos capaces de llegar al público adecuado, tan profundamente como sea necesario.

Los cómics de Crumb también nos han mostrado qué era realmente el Arte en una época en la que la gente llamaba "arte" a diseños abstractos desangelados que colgaban de las paredes de los museos. Esa legendaria imagen de un joven de estilo "empollón" que está de pie en una esquina de San Francisco, pregonando la venta de su primer Zap por 25 centavos a cualquiera que pasara por la zona, se ha quedado aferrada a mi mente como una persistente sanguijuela, una prístina fotografía perfecta del artista que hace lo que tiene que hacer, sin importar lo estúpido que parezca en un principio.
Mientras Jay Condom y yo estábamos discutiendo todo esto el otro día, Jay mencionó la historia del "Whiteman", reimpresa en aquel viejo tomo de "Head Comix". Casi había olvidado aquella condenada historia, ha pasado tanto tiempo... pero me doy cuenta, asombrado, de que tenía razón. Quizá sea más poderosa que ninguna otra, porque ilustra perfectamente la forma en que la obra de Crumb difiere de todo lo anterior. Se atrevió a hablar de algo que en aquellos años, era INDECIBLE. El miedo de Whiteman [Hombre Blanco] a la gente negra, una batalla interior con la sesentera sensación innata de que son tan humanos como él o incluso más (algo que resultaba tan evidentemente necesario comunicar que sus lectores nos quedamos sorprendidos, en el sentido de lo doloroso, y lo necesario, que podía ser contar la verdad). Las descripciones de Crumb de los negros y de las mujeres, su obsesión por las piernas gruesas, no obstante, lo comprendíamos mejor (colegas artistas masculinos y blancos) por lo que eran, más allá del racismo y el sexismo, y de hecho, se produjeron reacciones violentas en contra, por su uso de la ironía y el horror como armas estilísticas. Las vehementes respuestas de superficiales feministas a la moda y de estúpidos "liberales" bienintencionados (acusándolo de forma idiota y escandalosa), también nos enseñaron una lección: que a veces el artista listo que cuenta la "verdad" será incomprendido por la gente que era el objetivo principal que tenía en mente al contar desde un principio lo que quería contar.

La honestidad de Crumb también nos mostró sus propios fallos (y nos enseñó a todos) la importante lección de que nuestros héroes son tan humanos como nosotros. Recuerdo quedarme muy decepcionado con The People´s Comics (me parecía evidente que los muchos lumbreras que le llamaban "genio" no se habían subido a dar una vuelta por su mente, pero al menos Crumb les había conseguido causar una reacción vulgar -quizá de forma consciente- que les demostraba todo lo contrario, fuese por las buenas o por las malas.) Incluso en su período más pretencioso, que no duró demasiado, seguía siendo honesto. Dejó que sus preocupaciones internas echasen una mirada al exterior con su propia integridad como base. Era y es el "Jimmy Swaggart" de los cómics, pero a diferencia de Swaggart, Crumb deliberadamente deja que sus errores y sus inseguridades más profundamente artísticas salgan a la luz, así que sabemos que no le gusta mucho que nadie le ponga en un altar donde ser adorado. Suele mantenernos informados de los cambios por los que va pasando y que ha podido observar de primera mano, en caso de que nosotros también tengamos que pasar a través. Siempre ha sido justo con nosotros, mucho más de lo que tendría que serlo. Lo aprecio la hostia.

(¿Y qué es lo que estuvo haciendo en su período "más alicaído"? ¡Estuvo grabando condenados discos! Cogió, probablemente sufriendo un coste personal, grabó y editó aquellas versiones extravagantes de antiguas canciones "jazzy" que luego sus colegas y él interpretarían en directo. ¡Veinte años antes de que cada estudiante de instituto con un sintetizador y una mesa de mezclas se auto-editase una "cassette independiente"! ¿Qué te parece?) Crumb nunca olvidó sus verdaderos orígenes como desgarbado fan boy ni por un segundo. Weirdo no sólo fue su vehículo, sino también fue el vehículo de cualquier esforzado dibujante que mereciese ser publicado por primera vez en una revista. Un ejemplo personal: el primer Weirdo reimprimió material de los Sub-Genios en 1981 (!!), y ese pequeño pedazo de exposición atrajo la atención de la mitad de la gente que ahora está manteniendo todo el proyecto. Fue muy generoso con su tiempo e influencia. Porque la compartió con los demás.

Cuando le envié un panfleto de los Sub-Genios esperaba que no le gustase: ciertamente no sabía que me iba a escribir para contestarme. Para mi sorpresa y regocijo, no sólo nos contestó, nos enchufó en la revista y nos dio publicidad gratuita, sino que además me previno personalmente de las trampas psicológicas que cualquier artista, incluso los de éxito modesto, podían esperar. Predijo toda una serie de pasos con los que me encontraría en el pozo del Arte: inicialmente una glorificación ampliada y no merecida, seguido de otro período de inversión crítica por parte de todos los "poseurs" que te odiarán porque ahora eres "famoso" y ya no eres "underground", una crisis de identidad por culpa del viejo anatema de si realmente te habías "vendido" o no, y, esperanzadoramente, una época en la que recuperarías lo que que jodidamente quisieras hacer, fuese con público o sin él.
Más allá de su control artístico, de valor inestimable, están las lecciones que nos enseñan las adaptaciones de su obra en otros medios. La película de Fritz the Cat es el penúltimo aviso para todos los artistas de que nunca deberían renunciar y dejar el control de sus personajes en manos de Hollywood, porque una vez que los vampiros ponen sus manos sobre los mismos, chuparán tu creación hasta dejarla seca y la dejarán vacía de cualquier originalidad que hubiese tenido al principio. Cuando estaba en el instituto grabé una película en 16 mm. de la historia de Crumb con los yonquis titulada "Duck Yas Yas" (del Zap número cero), después aprendí que el mejor enfoque de todos es hacer algo propio, no "interpretar" el material de otra persona. (Elegí "Duck Yas Yas" porque era la única historia de Crumb que pensaba que se podía hacer correctamente con actores en lugar de dibujos animados. Y sin mucho presupuesto.) Pronto caí en la cuenta de que no era capaz de dibujar, pero sin embargo me sentía inexplicablemente obligado a filmar una de las piezas de Crumb. A Crumb no le gustó demasiado la película, y no lo culpo.

Me salgo por la tangente: además tuve la buena suerte de (por lo que sé) ver la única puesta en escena basada en la obra recopilada de Crumb: el Hip Pocket Theater en Fort Worth, donde se interpretó una obra con un actor que hacía (perfectamente) de Crumb. En la obra salía narrando y quejándose a su manera, todo interpuesto entre escenas de sus cómics. Que la compañía estuviese formada por actores haciendo de Mr. Natural, Honeybunch Kominsky, etc fue precioso, aunque terminó fracasando. Las historias no funcionan excepto como cómics de Crumb, dibujados con su estilo. Por otra parte, las secuencias en las que "Crumb" aparecía "hablando" funcionaban a la perfección. Todo estaba extraído de las innumerables tiras que Crumb había hecho a lo largo de los años, en las que se había dibujado a sí mismo despotricando sobre varios temas. El actor había conseguido clavar los manierismos de Crumb, y verle vociferando suponía toda una alegría para la vista. La lección final es la siguiente: si vas a adaptar una de las piezas de Crumb a otro medio, utiliza las que no son de fantasía.

Sé que el actor había conseguido reproducir muy bien los manierismos de Crumb porque finalmente conocí a mi héroe y estuve con él dos o tres veces (en un show de los Sub-Genios y en algunas convenciones de cómics.) No me podía creer la precisión con la que se había descrito en sus historietas. Quiero decir, incluso estaba babeando por las chicas a tope de grasa y con grandes piernas allí mismo, delante de mí, en la vida real. Se quejaba y rezongaba cínicamente, ¡igual que el personaje de Crumb de los cómics! De hecho, ¡el hijo de puta era más HONESTO de lo que me esperaba! Realmente parecía y hablaba como el neurótico y compulsivo Crumb de los cómics. Poderse ver uno a sí mismo tal y como nos ven los demás me parece toda una maldición.
Lo más asombroso que aprendí de Crumb durante estos encuentros personales fue lo ignorante que era en cuanto a su propio público. Mientras estábamos en la convención de cómics de Dallas, nos sentamos juntos para comer y me susurró: "¡Todos estos tipos empollones con gafas! ¿Son ellos los que han estado comprando mis cosas a lo largo de todos estos años!?" En realidad estaba sorprendido. Le contesté: "Bueno, si, ¡por supuesto! ¿No habías estado antes en una convención?" "No", replicó. Me quedé sin palabras. Estábamos en el condenado 1984, ¡por el amor de dios! Descubrir lo empollones que eran sus fans le había consternado. "Me parece deprimente, ¡son como geeks!" Reaccioné a destiempo. "¡Mira quién está hablando, Crumb! ¡Tú eres un tío con el aspecto de un empollón que lleva gafas, y yo también! La mayoría de ellos parecen geeks y empollones, pero no puedes conjeturar cómo son realmente, ¡puede que sean mejores o peores que tú y que yo!" Fue una experiencia muy extraña. No puedo ofrecer ninguna teoría que explique este agujero en particular en los conocimientos de Crumb. Sólo lo menciono por su interés. ¡Seguramente debería haber sabido que la mayoría de sus lectores serían [Flakey] Foonts y no [Mr.] Naturals! Bueno, te prometo que parecía que esperaba que sus fans pareciesen normales o algo parecido. Fue muy extraño.

A pesar de este misterio, me sigo identificando con Crumb. (Por supuesto, porque si fuese más alto y delgado y tuviese una mala postura, me parecería físicamente a él.) Aún siendo tan excéntrico, tiene lo suficiente de "hombre de la calle" como para que cualquiera pueda identificarse con alguna de las cosas que aparecen en sus cómics. Eso es lo que hace que su obra sea tan... tan... no sé qué es: es como si consiguiese vadear un montón de chorradas y se lanzase directamente hacia lo importante, una propuesta difícil en esta sociedad excesivamente complicada. Quizá no se pueda poner lo suficiente el dedo en la llaga de los porqués y los cómos, pero este tío ha explotado algunos de los arquetipos básicos de la consciencia colectiva y todo el resto del material jungiano. Más aún, algunos de ellos nunca habían sido utilizados antes. Y créeme, me parece todo un LOGRO.

Te puedo prometer lo siguiente: nunca he sido un Mr. Natural, ni tampoco un Philo Drummond, y nunca he reconocido la cabeza de la mascota de los Sub-Genios, "Bob" Dobbs, como lo que es.

El otro día me fui a la librería del barrio a buscar libros para niños. Imagina mi júbilo cuando me topé con mi propio segundo libro, "High Weirdness By Mail" (una enciclopedia de extrañas publicaciones de casi todo tipo), prominentemente colocada justo al lado de la reimpresión de "Head Comix". Ambas publicaciones están editadas por la misma editorial (Simon & Schuster) y el mismo editor (Tim McGinnis), y las dos se están vendiendo bastante bien. Ahh, sí, la dulce venganza de los normales. Espera a los mutantes adolescentes. Nos darán unos cuántos pavos por los royalties a Crumb y a mí.

Ha sido un gran honor. Y también un enorme placer (y de alguna forma le he pagado una antigua deuda) hablar sobre Robert Crumb. Para lo bueno y para lo malo, gracias a las comunicaciones modernas podrás leerlo mientras el autor sigue vivo.

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