sábado, 8 de marzo de 2014

LA MALDICIÓN, por Wally Wood


La Maldición (Guión y dibujo: Wally Wood)

Wally Wood formó parte de la cuadrilla responsable de que la E.C Comics siga siendo hoy en día, gracias a su gigantesca acumulación de talentos, una de las editoriales más celebradas por cualquier aficionado al cómic que se precie. Pero cuando el jefe de la misma, William M. Gaines, tuvo que echar el cierre de casi todos los títulos donde se había fogueado el dibujante nacido en Minessota, Wood no se quedó dormido en los laureles. Su inimitable (aunque imitado) estilo se paseó fugazmente por casi todas las propuestas empresariales que a partir de los sesenta vertebraron el cómic americano: sus trabajos aparecieron en Marvel Comics (e hizo que Daredevil se deshiciera del horroroso traje que lo deslucía en los primeros números de su colección), DC (con relatos para "House of Mistery" entre otros), la Charlton, Fox, Gold Key, Harvey y Avon. Pero además, el historietista fue impulsor de aventuras del calibre de "witzend", un prozine (fanzine realizado por profesionales) que se convertiría en referencia diez años después (entre sus vástagos ilegítimos se pueden encontrar el Star Reach y las revistas en blanco y negro de la Marvel) y en el que participaron desde antiguos colegas de oficio como Reed Crandall o Don Martin hasta monarcas del tebeo como Jack Kirby y Steve Ditko, o incipientes vanguardistas de la talla de Art Spiegelman. 

Además, el autor incluso llegó a contribuir con su elegante dibujo en las pavorosas antologías de la Warren (como Creepy y Eerie), lanzadas como indisimulado revival de la empresa aludida al principio, la E.C. Su estilo entró en dura competencia artística con el resto de dibujantes de la época (esto es, finales de los sesenta y principios de los setenta), un amplio plantel de luminarias a las que nos les había quedado más remedio que ganarse las lentejas a base de laborar de forma impersonal, asegurando la permanencia económica de la susodicha editorial con trabajos donde se buscaba concisión (ya que las historias solían tener una cantidad determinada de páginas), discontinuidad (raramente los seriales disponían de personaje fijo) y los famosos finales O´Henry que tanto había explotado, de nuevo, la añorada E.C. Había verdaderos maestros del guión mínimo, como Don McGregor o Doug Moench, que utilizarían lo aprendido para insuflar nueva vida a las editoriales de super-héroes poco menos de un lustro más tarde. Pero lo que verdaderamente puede apabullar a cualquiera es el hecho de echar un vistazo a la ristra de dibujantes que levantaron el emporio de James Warren, debido a la brutal cantidad de genio invertido bajo dichas condiciones adversas. Entre los que destacan, por supuesto, está Wally Wood. Y "La Maldición", historia que en nuestro país se publicó en un número extra de Vampus en abril de 1973 (en EEUU apareció en 1971 en el noveno número de Vampirella), con trazos menos oscuros y asfixiantes que los de sus compañeros de magazines, me hace pensar en cuántas gemas del noveno arte permanecerán ocultas para siempre en polvorientos archivos, abandonadas por la (i)lógica de un mercado que se perpetúa a base de la novedad efímera sin vanagloriarse apenas por la abundancia del pasado. 

Frog2000










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