miércoles, 12 de marzo de 2014

TRANSCANDINAVIA, por Warren Ellis


Transcandinavia, por Warren Ellis.
(Extraído de "Desde el Escritorio de Warren Ellis", Volumen uno (Avatar, 2000). Traducido por Frog2000. Se puede encontrar otra versión de la visita de Warren Ellis a Islandia aquí y aquí.

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El 17 de Septiembre anoté en mi notepad  con el bolígrafo que parece una "jeringa sangrienta" regalado por Sigbjorn (de Bladkompaniet) en Bergen (Noruega) lo siguiente: "Este tour ha sido un viaje relámpago...". El 17 de Septiembre estábamos saliendo del Hotel Legoland de Dinamarca en dirección a Reikiavik, Islandia.

He perdido la cuenta de las entrevistas que he hecho para periódicos en Bergen. ¿Seis? Y por lo menos han sido tres sesiones de fotos. Oh, y una entrevista en la radio. Dos firmas planificadas y unas cuántas más improvisadas. Las viñetas de Transmet llenan locales. El primer periodista me telefoneó a las dos horas de haber llegado al hotel. Creo que todo salió bien. Arild, el organizador del Raptus, y Francine de DC, y Sigbjorn y todos los demás de la compañía Bladkompaniet se merecen alguna recompensa. Así como Iselin, por revisar mis guiones.
Marcho para Reikiavik.

Notas en Islandia.
(Cualquiera de los errores de esta sección son fallos exclusivamente cometidos por los islandeses.)

Aquí viven 250.000 personas. Los apellidos son ilegales desde hace poco tiempo, en su mayoría para evitar el casi vergonzoso hecho de que hay un cuarto de millón de personas que se llaman Smith (o algún equivalente local.)

Los islandeses son bravos. Me han contado que eso se debe a que no son buenos escondiendo sus sentimientos. Su mezquindad es famosa. Las fotografías de los colonos islandeses del último siglo muestran de forma invariable a una pandilla de psicópatas de ojos con pinta muy enloquecida que miran a la cámara con rabia y odio apenas contenidos. Cuando les presionas, terminan por admitir que no son demasiado educados. Los japoneses los consideran bárbaros, cosas seudo-humanas.

El territorio es una asombrosa cosa desagradable y arruinada. Estoy aquí para una sesión de firmas en una tienda de cómics llamada Nexus-6, en el centro de Reikiavik. El propietario, Gisli, y el mánager, Petur (se dice Peeyet-oor, de forma áspera), nos conducen a mi familia y a mí a las fueras de Reikiavik, hasta los límites de lo que se denomina El Interior del País. Muy amable por su parte, ya que hace un día maravilloso digno de admirar. 

Los colonos vikingos deforestaron Islandia. Lo que no usaron para construir o para que flotase lo quemaron, probablemente se lo comieron e hicieron sexo con ello, dejando tan sólo el musgo, los líquenes y los matorrales que se aferraban a la tierra. Sólo ha sido ahora cuando se ha empezado a llevar a cabo un exiguo programa medio jodido de reforestación. La capa superior del suelo fue arrancada y arrojada al mar por los afilados vendavales islandeses, reduciendo la tierra de cosecha disponible. Intentaron usar flora importada para enlazar entre sí el suelo que quedaba, plantándola para evitar un futuro de rocas y tierra árida. 

El área de Parliament Fields es un pedazo de terreno asombrosamente miserable dominado por un vasto monte de roca negra. Cerca del monte, a mi espalda, los extraños contornos de dicha roca negra tienen un efecto amplificador de la acústica. Fuera de aquí, bajo un enorme cielo mortecino, los hombres abordan el Parlamento, permaneciendo sobre el suelo de líquen, con sus voces rodando como el trueno por las negras rocas que se esparcen frente a ellos. No parecen tener apego por lo que los rodea. Hay una enorme y estruendosa cascada, cuya salida ha excavado una garganta en la roca negra, pero si la observas bien, te das cuenta de que no hay ningún río al que alimente, ni se puede encontrar ningún flujo saliente más allá. 

Islandia es el lugar que le prestó al lenguaje mundial el sustantivo de "geiser", por la ciudad Geysir, donde el suelo burbujea y despide hacia el cielo grandes chorros de agua humeante y enloquecida. Entre otras particularidades, el idioma islandés es exclusivo de Islandia, no se habla en ningún otro sitio del Mundo, y aún así, este pequeño país soporta cinco periódicos nacionales y miles de nuevas novelas cada año. Islandia tiene una de las mayores tasas de alfabetización del mundo, es un lugar genuinamente super-literario.

En un pedazo del cercano interior suelen producirse terremotos terrestres. La última vez que estuve allí, uno llegó a siete en la escala de Ritcher. Se espera que se dispare de nuevo durante los próximos cinco o siete años. Allí está viviendo toda una comunidad. Probablemente, podría llegar a ser aniquilada. Y está lo suficientemente cerca de Reikiavik, una ciudad de unas 100.000 personas, como para causar graves daños.

Le pasaron una foto mía al periódico nacional, "Morgenblaoio", donde llevaba puesto un sombrero que me había comprado en Legoland por culpa de una emergencia ineludible: para resguardarme de la jodida lluvia. Un sombrero americano de ala ancha, la barba sin cortar para protegerme del clima nórdico invernal y el pelo recogido hacia atrás. La fotografía se limita a una toma de la cabeza y las espaldas. Me sentí como un extra barato de la miniserie "Lonesome Dove".

Te lo juro, me han hecho más fotografías en estas dos semanas de mi tour escandinavo que durante los últimos veinte años.

Verdaderamente echaré de menos toda esta cobertura por parte de la prensa del mundo real. He disfrutado con estos periodistas inteligentes y educados, con sus sólidas investigaciones y soberbias interpretaciones, y con su madura y perceptiva forma de realizar las preguntas. Tuve que cancelar una aparición en televisión debido a que sentí malestar, algo de lo que todavía me arrepiento. 

Nexus-6, la tienda de cómics de Reikiavik, vendió algo menos del centenar de copias de "Transmet: Back on the Street" en apenas dos horas, lo que duró la sesión de firmas. También vendieron un montón de otro material mío, el equivalente a unos cuántos miles de dólares. Un montón de los compradores que acudieron ese día no habían estado antes en la tienda, ni tampoco habían leído cómics (Transmet había sido reseñado en "Morgenblaoio" el día anterior, y la sesión de firmas había sido anunciada ampliamente en la prensa nacional, con comentarios elogiosos por parte de estrellas de pop islandesas, aunque ninguno era de Bjork.) Para mi gozo, muchos de los lectores que fueron atraídos por los anuncios y los halagos acudieron de nuevo a Nexus-6 al día siguiente a por más.

Un día conocí a un Miembro de la Iglesia de la Unificación. Me contó que la obra de Neil Gaiman es muy popular entre los "Moonies".

El islandés tortura las vocales de forma innecesaria. Un chico me preguntó si le podía firmar uno de los tomos. Le pregunté el nombre. Le llevó como unos veinte segundos pronunciarlo. Le dije que me lo deletreara. "H-u-g-o", me dijo.

Me invitaron a una lectura en la Universidad Islandesa. Sin preparación alguna, habiendo escuchado el título del debate para la lectura propuesta el día antes, fui allí a toda prisa y hablé brevemente (quizá unos cinco minutos), antes de decir que podían hacer las preguntas que quisieran. Se suponía que la lectura duraría una hora. Un representante de la Universidad cerró la sesión después de una hora y cuarenta minutos. Lo que más me asombró de todo fue que la habitación estaba diseñada para que estuviesen allí sentadas unas cien personas. Gisli estuvo contando los asistentes que había antes de que yo dejase el escenario, y dejó de contar cuando llegó a los doscientos. Algunos estaban allí de pie. Aparentemente, entre la audiencia se habían mezclados los periodistas y las estrellas del pop. Y aquí es cuando las cosas se vuelven raras. Al día siguiente me reconocieron por la calle. Docenas de veces. Me asaltó una delgada sensación de extrañeza de cómo se sentiría uno al ser famoso en el "mundo real". No obstante, no fue una experiencia placentera, sino una experiencia. Como me señalaron más tarde, en un lugar tan pequeño como Islandia una lectura a la que acuden más de 200 personas constituye una buena proporción de la población completa del país. Además, en uno de los mayores periódicos nacionales me dedicaron toda una página. 

Ser famoso en Islandia se parece un poco a ser una de esas bandas que una vez fueron populares en su hogar y que ahora van a hacer una gira de 268 fechas por Sumatra, donde son reverenciados como dioses. Conocí a un montón de buena gente allí (Gisli y Petur están arriba de todo.) Fueron unos anfitriones exquisitos y nos trataron a mi familia y a mí maravillosamente bien. Me gustaría volver a Reikiavik, y me quito el sombrero ante su hospitalidad. Particularmente ese jodidamente horrible sombrero con el que me fotografiaron esos bastardos. Aunque creo que haría las cosas de forma diferente: iría yo sólo. Islandia es un país de bebedores, y no pude hacer gran cosa debido a que tenía a mi familia vigilándome. Islandia es un país de bebedores porque es fría y desoladora, y porque todas las casas están hechas con acero corrugado abandonado durante la Segunda Guerra Mundial, y no hay nada más que hacer que beber, joder y dormir. Los bares cierran a regañadientes a las cuatro de la mañana. Siempre hay una fiesta a la que acudir después. Islandia tiene resaca y es lenta y abre dolorosamente sus negocios a mediodía (al menos eso es lo que me pareció, los sitios estaban desiertos antes de la hora de comer.) La siguiente vez, creo, iré sólo y viviré a la manera islandesa durante algunos días. Tal y como dijo Petur: "bebiendo viciosamente".

Como regalos de despedida me entregaron raros CDs y singles y oscuras grabaciones de Bjork (de la que soy fan desde que estuvo en The Sugarcubes), y una copia del texto islandés más importante, "Egils Saga". Sí, creo que volveré.

Southend, Londres
30 de Octubre de 1998

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