lunes, 24 de marzo de 2014

MARSHAL LAW: ¡PONTE TÓXICO, JOE!

Releyendo "Marshal Law: The Hateful Dead" y "Marshal Law: Super Babylon", de Pat Mills y Kevin O’Neill.

Esta es la tercera parte del diálogo sobre Marshal Law entre Joe McCulloch y JANEANPATIENCE que apareció en la web Suggested For Mature Readers en agosto de 2013. Primera parte. Segunda parte. Traducido por Frog2000. 


J: Entre las muchas similitudes subyacentes que existen entre la cultura británica y la japonesa, una de ellas es que en ambas nos gusta leer nuestros cómics de forma semanal. Nada de quedarnos colgando esperando las 20 páginas de aventuras a color con una historia completa cada mes. No, dánoslo rápido, en blanco y negro y en antologías producidas por equipos artísticos que cambian frenéticamente. Tenemos la misma visión sobre los cómics que la de Estados Unidos sobre la comida rápida, dadle de comer rápidamente al hambriento y a gritos te empezará a pedir más antes de que se de cuenta de que lo estás alimentando con mierda.

Puede que suene mal, pero cada vez que se reúnen unos cuántos lectores de 2000 AD se entretienen con la idea de cuál de las series de la década de los 90 fue la que marcó el punto más bajo absoluto del cómic. Pero es un principio bastante sólido. Gran Bretaña se montó una industria maravillosa del cómic manteniendo la acción frenética e imprimiéndola en rollos hechos de limo y entregándola en casa todos los sábados por la mañana. Todos los seres grotescos que aparecieron en 2000 AD y sus competidores, Grimly Feendish y The Spider y "the Steel Claw" y Doomlord y "Tough of the Track", nacieron con la misma plantilla semanal. Y Toxic!, lanzada en 1991 con la determinación de superar en lo grotesco a todos las demás publicaciones de quiosco, también quiso hacerlo semanalmente, al igual que el resto.

El cómic supuso el salto de Mills al mundo en donde detentaba la propiedad de su trabajo, una empresa que incluía a otras luminarias de 2000 AD que no habían triunfado mucho en los Estados Unidos. El cómic empezó oficialmente con "Kingdom of the Blind", entregando 48 páginas de Marshal Law para llamar la atención de los lectores y fortalecer así el Toxic! semanal en donde Mills guionizaría cerca de seis historias más y en donde Law fue el personaje principal, llegando a aparecer en otra saga que sería recopilada más tarde como "The Hateful Dead".
JOE: Para ser aún más específicos, de hecho "El Reino de los Ciegos" estaba concebido (esencialmente) para recaudar fondos para la editorial Toxic!, Apocalypse Ltd., ya que al parecer, las relaciones con Marvel / Epic se habían enfriado tras la marcha de su editor, Archie Goodwin, que había apadrinado el "Miedo y Asco" original. Todo ello anticiparía la siguiente escapada de los mejores dibujantes de Marvel para formar Image. 

Fue muy parecido a la forma en la que el nombre de "Apocalypse" anticiparía lo que iba a ocurrir más tarde, cuando todo se fue a la mierda.

Hemos mencionado el "Thrill-Power Overload" de David Bishop antes, y eso nos da una buena visión general del fiasco multifacético que supuso Toxic! En la revista había una buena cantidad de conflictos de personalidad y de choques de ego de tinte ideológico involucrados. Mills asumió por defecto todo tipo de tareas editoriales no oficiales desde el principio, y hemos de destacar el rechazo del parcialmente terminado "Button Man" de John Wagner y Arthur Ranson, que no se incluiría en Toxic! porque su tono no era parejo al de los ideales de la revista. Las primeras semillas de la discordia se sembraron en ese momento, aunque sin duda, en última instancia todo el episodio tuvo como consecuencia que 2000 AD reconociese la titularidad del creador en determinadas circunstancias, una situación que actualmente beneficia a Mills y su "American Reaper", de su propiedad y de la de Clint Langley. 

Pero también existían otras preocupaciones bastante más pragmáticas, como la dificultad de asignar artistas de relleno a una tira donde el dibujante principal (bastante lento) también era el co-propietario.

J: Se editaron 31 números de Toxic! y Marshal Law apareció en nueve de ellos. Si tu personaje insignia no aparece en la obra, supongo que tu antología se encuentra en problemas. Y dado que Pat Mills había escrito la inmensa mayoría de los cómics donde O'Neill había estado trabajando en la última década, es de suponer que sabía que el dibujante no podría mantener un ritmo semanal. ¿Cómo, entonces, se esperaba que Toxic! funcionase en algún momento? ¿Había un plan más allá del primer par de meses? Nunca llegué a leer la revista, pero recuerdo que las reseñas aseguraban que algunas de las series terminaban a mitad de saga y eran reemplazadas por otras que igualmente nunca llegaban a concluir. Por lo que no era muy diferente de Warrior. Claramente, producir revistas antológicas es mucho más difícil de lo que parece.
El cambio desde la mini-serie y el "one-shot" hasta el punto de ser la estrella principal de un cómic semanal reverberó a lo largo de las páginas. Supuso un gran cambio tanto en el tono como en la dirección. Toda una antología, una aventura editorial, y probablemente un montón de dinero, recaían en el trasero vestido de cuero de Marshal. Así que inmediatamente se empezaron a construir mundos. En lugar de un kamikaze lanzado en contra de los arquetipos de los superhéroes para demoler los elementos retóricos de los mismos y los personajes secundarios de los cómics, todo se había sacrificado en pos de la risa fácil y de las conclusiones rápidas, y se empezaron a redactar nuevas reglas. Se diseñó a Razorhead, el fugitivo reclutado como compañero. Se generó al padre de Marshal Law, un patólogo que dispone de un argumento paralelo con la misma intención de impresionar al lector. Surge la necrópolis que nunca antes se había mencionado. Y el Barrio Rojo de San Futuro, el primer latido regular como protagonista que tuvo Marshal anteriormente, se muestra de forma más ostensible.

Todo eso en 48 páginas. Y mucho más, por supuesto, porque la verdadera historia (que surge sin explicación o presagio alguno cerca de la mitad del recorrido de páginas) trata acerca de los superhéroes muertos que vuelven a la vida y del rencor personal que muchos de ellos tienen en contra de Marshal por haberlos asesinado. Se puede observar que existe una meta clara, una oportunidad de criticar el heroísmo de cualquier muerte seguida por la prometida resurrección, y un Mills y O'Neill en forma no lo habrían desperdiciado por nada del mundo. Pero en su lugar aparece el Escarabajo Negro, líder de los super-zombies por razones que nunca se nos explican, que se trae de vuelta a Lynn, la ex novia de Marshal Law, desde la tumba. Nunca se  explica por qué su conservadora familia la había enterrado desnuda con una capucha con las barras y estrellas y una voluminosa capa roja, pero Lynn persuade a Law de que se pegue un tiro en la cabeza para que pueda ser devuelto a la vida por mediación de los jugos tóxicos, de ahí el poco sutil cántico de "¡Vuélvete Tóxico, Joe!" Entonces él aprieta el gatillo y el tomo se termina con un continuará.

Después del entrelazado argumento relativamente centrado de los dos productos anteriores, los autores entregan una historia chocantemente confusa. La textura es muy diferente, y resulta obvio todos los cortos episodios en los que se ha dividido la saga, mientras se atenua el salvajismo de Marshal. Se suceden escenas enteras protagonizadas por superhéroes sin que nadie los golpee, mientras que los comentarios afilados no suponen un gran sustituto. La mezcla de sexo y violencia sigue presente, el Barrio Rojo es el lugar donde los normales van a echar un polvo con los súpers, pero no hay análisis de ningún otro tipo, ni asistimos a la anterior deconstrucción de los iconos que realmente funcionaban como núcleo de la serie. Al fijar su futuro a Marshal Law, utilizándolo de forma consciente como personaje emblemático, sus creadores le extirparon los colmillos, deshaciéndose de la ultra-violencia superficial y la inteligencia que residía en segundo plano.
JOE: Resulta bastante fascinante leer sobre cómo O'Neill comenzó supuestamente a influir en el guión de Marshal Law. En propias palabras del dibujante (a través de Thrill-Power), estaba "bastante cansado de la revista Crisis, del material político más denso, del giro ecológico abraza delfines." El propio Mills añade que "[el personaje] tenía estilo, y el estilo en el cómic es lo más importante, por lo que me puse con ello". El "estilo" (un agresivo cuesco de comedia que garantiza la ofensa caracterizado por O'Neill como "¡quema la selva!") era esencialmente lo que años más tarde, en los noventa, se denominaría como "incorrección política", un masivo meme popular de la Era Clinton en los EE.UU., aparentemente preparado para contraatacar la lingüística de pensamiento policial y de los grupos de presión agraviados que no toleran la disensión. En ese punto solo se utilizaba de vez en cuando por los comentaristas de derechas, y por una buena razón: en la práctica, era (típicamente) tan sólo una forma de mantener bajo llave los impulsos rebeldes del status quo, a través de la burla y la disminución de ciertas perspectivas que ya eran marginales entonces, o simplemente se utilizaba como forma de caracterizar las actitudes opuestas definidas como "radicales" e "intolerantes". Quiero decir, ¿quién coño querría incendiar un bosque?!

Esa actitud hizo que la serie padeciese algunos problemas evidentes, dado que el subtexto político de las sagas anteriores de Marshal Law era mucho más que un retoño de la propia participación de Mills en la revista Crisis "abraza delfines". Los episodios de Toxic! reorientaron el enfoque hacia una especie de "Marshal Law: Poli del Vicio", recorriendo las inclinaciones sexuales de los superhéroes, con pocos medios más para valerse por sí mismos que la utilización de su fisicidad. Era bastante divertido y estaba lleno de pequeñas y estupendas digresiones, como la idea de "aporrea al héroe por dinero", que acaba de reaparecer en el "Gamma" de Ulises Farinas y Erik Freitas publicado por Dark Horse la semana pasada, pero la especificidad parecida al láser de anteriores entregas se sustituyó por chistes sexuales por lo general de trazo grueso, y por supuesto, la serie dependía mucho de la ambientación.
Claro, esta particular forma de hipocresía ya se encontraba presente en números anteriores, pero al menos se nos aseguraba que el propio Marshal era un pervertido, y que su misión era fundamentalmente contraproducente. En esta ocasión presenciamos un penoso redireccionamiento hacia el chiste -JAJA- sobre la homosexualidad, y en lugar de caracterizar un comportamiento homosexual específico como una forma única de explotación (como ocurría en "El Reino de los Ciegos"), el tema se escala hasta niveles más groseros, con hombres mayores follándose a chicos más jóvenes, -¿eh, muchachos? ¿Eh? ¿LO PILLÁIS?-

En el momento en que la serie incrementa la parodia sobre la muerte no permanente en los cómics de superhéroes -otra debilidad que Garth Ennis se apropió para su The Boys- todo empieza a acercarse peligrosamente al comportamiento real de un cómic normal de superhéroes, con un nuevo "sidekick" molón, y mediante la expansión de la familia Marshal, incluyendo a una Lynn que-vuelve-de-entre-los-muertos, sin mucho ánimo por enarbolar de nuevo su academicismo radical en lugar de agitar sus tetas de una forma teóricamente irónica: de hecho, en su lugar tenemos un "¡Vuélvete Tóxico , Joe!"

J: Después de Apocalypse, la siguiente ocasión que pudimos ver a Marshal Law fue en un cuarto versículo parecido a los dos primeros, un especial de 48 páginas que se publicó en los EE.UU. y donde la atracción principal era la de que Marshal hacía pedazos, literal y figuradamente, a superhéroes emblemáticos. Pero en lugar de los iconos contemporáneos del realismo (seguramente Mills y O'Neill podrían haber hecho sangre con el Spider-Man de McFarlane o los X-Men de Lee) optaron por destripar el superheroísmo de la "Golden Age". Lo cual, al inicio de los noventa, fue como la definición de patear a alguien que ya estaba tirado en el suelo. Ir contra un blanco que apenas había aparecido en los cómics durante años, recordado tan sólo por su ridiculez impresa en papel barato en nuestra era del más grave papel satinado pintado de colores brillantes, supuso un giro bastante desconcertante.
JOE: Super Babylon es un producto donde toda esta confusión se acaba desbocando. Publicado por Dark Horse en 1992 y (posiblemente) desenterrado de entre los contenidos como serial completo para Toxic!, en ese momento ya fallecido (las nueve primeras páginas o así son expresivamente modulares), y con los restos de lo que sospecho que eran múltiples historias futuras, la trama hace referencia a los esfuerzos de Marshal para hacer frente a los apetitos carnívoros de su amante no-muerta mientras que repele el desafortunado renacimiento de los superhéroes propagandísticos de la Segunda Guerra Mundial, que casi exclusivamente están motivados por el racismo.

Cualquiera se hubiese imaginado una primeriza y más centrada colaboración entre Mills y O'Neill que pudiese exprimir un poco de buen jugo de la Generación Más Grande De Todas. Me gustaría recomendar el cómic del '79 realizado por Stephen R. Bissette, Rick Veitch y Allan Asherman realizado en base a la película de Steven Spielberg, "1941", para poder ver una versión superior de temática similar, porque "Super Babylon" camina sin rumbo y de forma mucho más ligera, demorándose en parodias tontas y poco profundas del género que Mills, sin embargo, había utilizado inteligentemente en "Marshal Law Takes Manhattan", y que aquí forman parte importante del evento principal, lo que demuestra de forma inadvertida el valor que tiene que Moore y Gibbons capturasen sucintamente la anécdota de la capa en la puerta giratoria de Dollar Bill. Los únicos momentos brillantes son las visiones deslumbrantes dibujadas por O'Neill de las decenas de personajes que pululan a lo largo de ciertas páginas y la divertida evocación que Mills lleva a cabo de la Wonder Woman de la Edad de Oro, que sólo se junta con estos payasos para conseguir divertirse en alguna fiesta bondage decente.
Sin embargo, incluso ella es pulverizada por cometer ese delito. También Mary Marvel, pero por ser demasiado modesta. ¿No hubo, en algún momento, algún subtexto feminista en este cómic?

Difícilmente te podrías imaginar el desenlace de Super Babylon, un ataque de pánico a gran escala ante la perspectiva de que al protagonista le pongan los cuernos, en donde un Marshal traicionado hace una mueca de terror ante el absolutamente horrible detalle que le supone la liberación de Lynn: el deseo de vivir la vida... ¡sin él! Sospecho que para Mills significaba que Lynn criticaba a Marshal al igual que hacía al final de "Miedo y Asco". Pero no se dan más detalles ni argumentación de algún tipo. Simplemente se muestra a un hombre enojado asesinando a una mujer con poca ropa por haber elegido a otro amante, confiando probablemente que sus lectores entenderán que este cómic no es tan retrógrado, que todos somos almas iluminadas, que no estamos aterrorizados por la sexualidad de la mujer, que no colapsamos emocionalmente a la primera señal de actitudes que contraríen lo que deseamos, que no somos así y que no necesitamos que se nos machaque tanto con el mensaje, que también nos gusta divertirnos. No como a esos lectores de superhéroes, ¿no es cierto? Somos mejores que ellos, ¿verdad?

Recuerdo el concepto era más profundo y triste. Me acuerdo cuando sospeché que se podían hacer cosas divertidas con los superhéroes. En realidad, tal y como predijo el propio Marshal, se ha convertido en lo que más odiaba. Y eso es todo. El Marshal Law auto-suficiente se acabó para siempre. Había llegado el momento, creo, de que lo enterrasen.
J: Por lo tanto, no me corresponde señalar que el subtexto sexual vuelve a surgir rugiendo en "Super Babilonia" de forma tan sutil como siempre: revisa el bulboso falo púrpura de la pistola de Tesla, la enorme polla que finalmente vaporiza a Lynn y a su amante no-muerto. O fíjate en que cada miembro de la Sociedad esconde una perversión oculta y que esa es la única caracterización que reciben, una superficie brillantemente limpia que en realidad está salpicada de suciedad. O que en los flashbacks se demuestra que los héroes no son nada más que putas y chaperos del regimiento, que se cargan en tráilers para enviarlos a las tropas para quitar su lujuria y que no hagan más que combatir: ese es el verdadero uso de todos esos abultados músculos y pechos afeitados apenas contenidos.

Y luego tenemos a Lynn. ¿Por qué la estudiante feminista post- modernista vuelve como un voraz monstruo, determinada no sólo a destruir a su amante sino que todo el mundo parece volver de la misma forma y nunca se explica el por qué? Porque esa es la forma de retorcer el argumento. Las escenas de humillación sexual pertenecen, por tanto, al lado reptiliano del cerebro que has apuntado, sin ofrecer variación alguna sobre la plantilla habitual de película de acción. Pero creo que vale la pena mencionar la breve reinvención de Lynn como la super-heroína Vindicta, con una V roja en el cuello, calazando botas, el vientre al descubierto y la zona de los pezones resaltada por un corsé. Tal vez esté divagando, pero parece estar destinada a llamarse realmente vagina en lugar de Vindicta, y como si dispusiera de una "Dentata" implícita, el amor de Marshal por la debilidad homosexual es conquistado por ese amor transformado en odio y mediante una segunda muerte producida por una retro-techno-polla. ¿Recuerdas todo el análisis sobre Espíritu Público que aparecía al final de "Miedo y Asco", con el texto sobre la Guerra Fría discurriendo en paralelo? Lynn ya no hace nada parecido, y Pat Mills no parece querer recordarlo.
Pero en "Super Babylon" también hay momentos de disfrute: "Lightning Streaker" desnudo, haciendo vibrar sus genitales hasta que parecen un borrón, por lo que ya no necesitará nunca más un disfraz. La cara de póquer de Victory Girl, llena de lujuria y ansiosa por ser dominada. Black Scarab vestido de forma inexplicable con el sombrero de un Papa. La sala llena de héroes archivados, incluyendo estanterías que contienen vigilantes disfrazados con la temática de aves y un arco iris de "Hornets". Billy Batson siendo zapeado. La página de seis viñetas donde cada uno de los idiotas dispone de su propia frase acerca de lo que van a hacer para contribuir al asalto. El chiste sobre moler a los héroes bajo las orugas de los tanques, a pesar de que sea la misma frase que remataba "Takes Manhattan".

Mills intenta desencadenar un golpe ideológico contra la Edad de Oro, primero con una página donde se expone el inútil espectáculo que supuso, y en segundo lugar (y de manera más eficaz) destrozándolos con los GI´s reanimados que se apropian de las balas con las que se ganó la guerra, mientras que los héroes de la propaganda de la Edad de Oro hacían que todo pareciese limpio. No es mucho más que una idea y realmente no justifica todo el esfuerzo gastado, pero algo es algo. Sin embargo, en segundo plano se desarrolla una temática bastante decente. Después del prólogo recogido de Toxic!, vemos la primera aparición de Marshal Law desde el punto de vista de Doc Weird, que comenta: "UN SUPER- NAZI... UN MONSTRUO VESTIDO CON UNIFORME SS Y CON ALAMBRE DE PÚAS ENVOLVIENDO SU BRAZO," inmediatamente seguido por la visión más sexual que se ha visto hasta el momento de Victory Girl. La extensa y culminante masacre de la Edad de Oro por parte de Law se produce a lo largo de ese momento maravilloso en el que se encuentra al volante de un tanque nazi gigante, derribando la pulposa carne de cañón que debería haber desaparecido cuando lo hizo el papel de periódico donde apareció. Le recriminan a Marshal Law ser un fascista, y él lo admite, pero aquí es donde se da a entender de forma explícita que es un nazi. El aspecto "brillante y chirriante", definición de Martin Amis para las brillantes botas de cuero usadas por los hombres de Hitler y Stalin, no sólo es superficial. Bajo el uniforme no se puede encontrar a un buen tipo. Es exactamente lo que denota el uniforme, un ideólogo asesino sin compasión por la población a la que llamamos Humanidad.
Es la primera vez que Law se destapa como fascista y nazi. Mills y O'Neill le aplican el mismo rasero a todos los demás superhéroes, a los populares tipos sin piedad vestidos de cuero de aquel entonces y a los de aspecto más limpio de la Edad de Plata y de Oro, que son retratados de la misma forma. Todos son fascistas. Todos son matones que usan su poder para seguir las órdenes de sus líderes, y ningún conjunto de líderes tiene más moralidad que cualquier otro. Al igual que ocurría con el Superman que aparece en el Dark Knight de Miller, que defendía el estilo americano derrocando gobiernos extranjeros, cualquier supuesto héroe hace tanto bien por el mundo como cualquier otro arma. Marshal Law representa nuestro orgullo por haber luchado contra ellos, es nuestra fantasía secreta de poder brutal y también supone el vacío interior de cualquier superhéroe colorista. Algo muy apropiado para 1992, cuando una nueva ola de violencia de "pin-up", amoral y sin sentido entró en erupción. ¿Hacia dónde nos podemos dirigir a partir de este momento?

(Continuará)

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