martes, 4 de marzo de 2014

NORUEGA (del 10 al 14 de Septiembre de 1998), por Warren Ellis

Artículo de "Desde el Escritorio de Warren Ellis", Volumen uno (Avatar, 2000). Traducido por Frog2000.

Bergen, en Noruega, es un pueblo parecido a San Francisco: está encima de un fiordo rodeado por una montaña. El efecto de este emplazamiento es que por la noche está iluminado directamente. Visto desde las montañas, a esas horas Bergen te puede aturdir mientras brilla con un salvaje manojo de fuegos ámbar. Llueve mucho en Bergen (el lado negativo de su geografía), pero la lluvia es luminosa y nebulosa. Después de un tiempo te das cuenta de que has empezado a ignorarla. En correspondencia, la vida vegetal es verde y exuberante y el bosque de las montañas es intenso.

Nos reunimos en el aeropuerto con Arild Waerness, el organizador de la Convención de Raptus. Nos lleva en coche hasta Bergen, a nuestro hotel. Pero primero se pasa una hora conduciendo entre los paisajes, ofreciéndonos un "tour", contándonos la historia local reciente y su abundante pasado. Una hora maravillosa. El inglés de Arild, como el de casi todo el mundo que hemos conocido exceptuando a los americanos, es excelente. Los escandinavos son muy conscientes de que pertenecen a uno de los pequeños grupos lingüísticos (en su mayoría, como ocurre en Islandia, sus lenguajes son únicos del país), por ese motivo, con la ayuda de un verdadero sistema educativo progresista realizan grandes esfuerzos por aprender bien el inglés. Por otro lado, yo hablo exactamente tres palabras de noruego, que es bastante poco. Cuando regrese lo haré mejor preparado.

Raptus, el festival de cómics internacional de Bergen, es un evento maravilloso. Durante los tres días que dura acuden unos pocos miles de personas. Como le dije después a Arild, en Raptus se podía sentir un verdadero sentimiento de comunidad. El festival empezó por la noche, antes de la Convención propiamente dicha, con la llegada del "Tren de los Cómics": la industria del cómic noruega está situada en Oslo, a cientos de millas, y por eso toda la comunidad del cómic de Oslo se organiza para venir en el mismo tren hasta Bergen, un viaje de seis horas al que se sobrevive a base de grandes cantidades de alcohol. Todos se emborrachan y dibujan bocetos para la gente, generalmente entre carcajadas. Este año el Tren de los Cómics tiene a un equipo de televisión a bordo cubriendo el acontecimiento para la televisión nacional.

La Convención en sí empieza a la mañana siguiente con un desfile. Salimos todos juntos: Arild, sus dos jóvenes hijas, algunas de las parejas de los dibujantes y otros lunáticos vestidos como personajes de cómic y muchos niños y tamborileros y algunos de los invitados a la convención de Bergen, y acabamos en la zona de recepción con Edvard Grieg Haller. (Grieg viene de Bergen. Al mirar el enorme número de jodidas montañas que hay alrededor, te das cuenta de dónde provienen los tramos centrales de "Peer Gynt".)

Durante el desfile, una guapa mujer vestida de Catwoman me señala. Me comentan que es una de las mejores dibujantes de cómic de la industria del país, pero que tiene que trabajar como dibujante en juicios, abocetando a asesinos y violadores, para poder seguir tirando. Su nombre es Gru. El contingente americano encuentra esta información muy graciosa: algunas noches después Rod Ramos se me acerca dando bandazos, la señala y dice riéndose: "¡su nombre es Groo, tío!" Posiblemente es el momento más bajo de Rod en toda la
Convención, aunque he de decir que es una brillante compañía y que hace un fantástico trabajo dibujando bocetos para los chavales durante el domingo, grandes dibujos en miniatura en cada esquina de la página
así como todo lo que le piden que dibuje.

Cosas de la comunidad: mientras estamos desfilando por Bergen (Niki, Lili y yo participamos en el desfile mostrando nuestra solidaridad con la gente que había pagado para que acudiésemos), los chavales empezaron a hacer una larga cola de cocodrilo detrás de Arild, sus hijas y del enorme cartel de Raptus. Simplemente dejaban lo que estaban haciendo, se echaban a correr por la calle y se unían al desfile.

La Convención transcurrió estupendamente. Darick, Rod, nuestro editor noruego (Sigbjorn, de Bladkompaniet) y yo charlamos durante toda una hora en una sala que estaba repleta, y luego estuvimos firmando durante dos más el viernes. También estuve firmando al menos una hora durante la apertura de la Convención nada más comenzar. En noruego Transmet es Transmetro, y parece que vende bastante bien. Me alegra tanto a mí como a mi nueva amiga, mi traductora noruega, Iselin Evensen, que es preciosa, rubia, y está bastante, bastante loca. Ise hizo buenas migas con Niki y se enamoró de Lili, y probablemente el próximo año vayamos a visitarla a Oslo, si es que no se viene a Inglaterra primero. Francine Burke, el ángel que vela por los derechos internacionales de DC, miró el gran trabajo que había hecho y se sonrió. Nunca había visto antes a Francine, tan sólo habíamos intercambiado unos cuántos emails. Me gustó de inmediato. Y me gustó más aún cuando pagó la siguiente ronda.

La noche del viernes nos condujeron a Darick, Rod y a mí hasta el sitio donde está el Mad Tommy, muy por encima de Bergen. Tommy era uno de los que ayudaban en el Festival, un impresor que más tarde, esa noche, me regaló una camiseta que había impreso él mismo en la que aparecía una ilustración de dos mujeres haciendo algo la una con la otra que resultaría difícil de describir aunque tuvieses oportunidad de verlo. Fue cuando conocí a a Bud Grace, el creador de la tira de periódico Ernie (que es desconocida en Inglaterra y no demasiado conocida en EEUU, donde vive y trabaja Bud, pero que en Noruega -un lugar que Bud describe como "el cielo de los cartoons"- es muy IMPORTANTE), a Marco y al ilustrador del Pato Donald en Italia, y también a Trön. Trön es, me informaron entre risas, el último comunista vivo de Noruega. Es periodista, autor, orador y el típico intelectual. Además es un aficionado a la cerveza de proporciones épicas. Trön ya estaba borracho cuando llegamos, porque se había pasado el día en la frontera noreste de Noruega, donde el país se mezcla con Rusia, hablando con los guardias fronterizos (que estaban preocupados porque en un posible futuro iban a llegar refugiados hambrientos hasta la frontera desde la problemática Rusia) y también ofreció una conferencia. Después de la introducción se inclinó hacia mí y sentenció: "O te comes a la bestia, o será la bestia la que te coma a ti". Era una referencia a la comida, una exquisitez y todo un honor preparada especialmente para nosotros, los invitados internacionales.

La cabeza de un cordero.
En mi plato había una cara.
Una cabeza de cordero curada, sazonada y hervida.

Y estaba absolutamente deliciosa. Era como carne braseada, tierna, fibrosa y derretida. Nos sirvieron aquavit y vodka para pasar la comida, así como copiosas cantidades de una excelente y fresca cerveza casera fabricada mediante una receta tradicional. Fue una comida maravillosa.

En parte, en la introducción que acabo de escribir para el próximo tomo "Lobezno: Todavía Con Vida", hablo sobre esa noche de la inauguración

"No hace mucho un hombre me dijo: "Mira a la bestia a los ojos. En ese momento cómete a la bestia... o ella te comerá a ti"."

Hablaba sobre la cabeza del cordero que estaba a punto de comerme, pero no viene al caso. Porque en ese momento estaba en Noruega, en medio de una montaña, hablando con un intelectual comunista que se había pasado el día charlando con guardias fronterizos, allí donde conectan Noruega y Rusia. El estaba un poco borracho, no había tenido un buen día (los guardias de la frontera le habían dicho que tenían miedo de que una Rusia colapsada pudiese enviar una caravana de refugiados famélicos a las fronteras noruegas), y estaba rodeado de bárbaros extranjeros. Además de hablarme sobre sus tradiciones, trató de convencerme del honor y el respeto inherentes en la comida que nos habían ofrecido. Me aceptó como amigo nada más descubrir que era guionista inglés en lugar de algún yanqui seudo-humano. Bretaña y Noruega tienen lazos intelectuales desde hace mucho tiempo, me dijo. Y ahí fue cuando me comentó eso de que tenía que mirar a la bestia a los ojos.

De hecho, los ojos de la bestia estaban cerrados. Una cabeza en mi plato. Los organizadores del festín (además del hombre que me había traído a Noruega a un festival de cómic internacional), me explicaron que aunque la cabeza del carnero es un manjar suculento y que la sirven para honrar a sus invitados, en su momento supuso toda una cuestión de supervivencia.

En un país de granjas y de montañas, los propietarios de los cultivos y el ganado se quedaban lo mejor de la comida para ellos y dejaban lo que equivalía al despiece para los pobres bichos que lo cuidaban y cultivaban todo. En cuanto a las ovejas, los que estaban en la parte superior de la cadena se cogían la mayor parte del animal, dejando únicamente la cabeza y la parte trasera para los pobres. Por lo que estos tenían que hacer que fuese comestible para no morirse de hambre y fallecer. No tenían más recursos. Cuando era niño, el organizador de la Convención y su familia vivieron de esa forma, aunque sólo ha cumplido cuarenta años. Así que tenían que salar y especiar y curar esas partes del animal para que fuesen comestibles durante todo el invierno. Las curaban y las salaban tanto que comerlas le hacía daño en las encías. Pero se las comía para poder sobrevivir. Miraba a la bestia a los ojos y se la comía, o de lo contrario ella podría habérselo comido a él.

Más tarde, cuando nos regalaron unos puros cubanos, salí al balcón del Tommy sosteniendo un vodka frío y me quedé mirando hacia la oscuridad de Bergen, y pude ver un millón de fogatas naranjas alrededor del fiordo...

Southend, Londres

6 de Octubre de 1998 

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