martes, 17 de junio de 2014

LA ENTREVISTA CON AL FELDSTEIN EN THE COMICS JOURNAL (3 de 6)

Realizada por Steve Ringgenberg para The Comics Journal n 177 (1995. Traducida por Frog2000. Parte 1, parte 2.

RINGGENBERG: Creo que Mad es de las que paga algunas de las cantidades más altas por los guiones de todo el negocio.

FELDSTEIN: Bueno, no sé cuánto habrá subido desde que me fui en 1984, pero a nosotros nos pagaban muy bien. Lo único que sé es que chicos como Hart, Siegel y Kogen se marcharon a California y consiguieron trabajar con Carol Burnett y Bob Newhart y otra gente parecida, y les pagaron una tremenda cantidad de dinero, aunque de vez en cuando continuaron escribiendo para mí por lealtad y porque apreciaban que yo les hubiese dado cancha cuando empezaron. Cuando se marcharon al oeste a la Ciudad de la Televisión, me contaron que su mejor tarjeta de presentación fue que habían escrito para Mad, lo que consiguió que se abrieran las puertas de muchos, muchos trabajos. Así que fue bastante gratificante.

RINGGENBERG: ¿Fue cuando empezaste a darte cuenta de que Mad se había convertido en una fuerza cultural a tener en cuenta?

FELDSTEIN: Si. Bueno, fue como la culminación de mi sueño de convertirme en editor /dibujante/ guionista. Tener la oportunidad de disponer de un producto que fuese tan eficaz y tan al alcance de todos como se había convertido Mad. Como nota al margen, he de decir que cuando me hice cargo de Mad por primera vez creo que lo hice bastante bien, y más o menos estamos hablando de mediados los cincuenta. Me hice cargo en la primavera o a finales del ’55. Me encargué de parte del material de Harvey y luego empecé a desarrollar el mío según iba terminando lo que estaba almacenado.

RINGGENBERG: ¿Cuánto material te dejó Harvey en el momento de irse?

FELDSTEIN: Acabé un número que acababa de hacer, y luego teníamos almacenado aproximadamente la mitad de material para el número siguiente, que él ya había comprado. Así que lo incluí en la revista.

RINGGENBERG: ¿Te dio tiempo a tener listo el material del siguiente número?

FELDSTEIN: Fue duro, pero lo conseguí. Jerry y yo lo escribíamos todo porque no teníamos guionistas, creo que nuestro primer escritor fue Frank Jacobs. Le di la bienvenida con los brazos abiertos y comencé a comprar material. Bien te lo puedo decir, fue como si hubiese hecho magia. Fui muy afortunado cuando me hice cargo de este proyecto, de continuar con Mad hasta lograr que funcionase, porque de la nada llegaron todos mis maravillosos compañeros. Bob Clarke también acudió en busca de trabajo. Ya he hablado de Mort Drucker, que llegó poco después. Jack Davis también volvió nada más empezar. Antes trabajaba con Harvey y luego empezó a hacerlo para mí.

Poco más tarde regresó Al Jaffee (que también había estado con Harvey) y empezó a trabajar para mí en cuanto Harvey se metió en problemas. Los guionistas comenzaron a hacer aparición, bien a través de correos que nos escribían o llegaban directamente a la oficina. Don Martin entró un día muy temprano, ese chico de no-sé-dónde, Florida, Jersey, de alguna parte. Pero acudió con sus pequeños pies doblados y sus divertidas caricaturas. Inmediatamente le dije: "Vamos a darte una pequeña página." Creo que originalmente era una página de consejos, pero más tarde empezó a hacer esos enloquecidos gags sucesivos de una página a lo “cartoon”.

RINGGENBERG: ¿Cuándo fue el momento en el que Don Martin se unió al “staff”?

FELDSTEIN: Prontísimo. Probablemente fue en el ’56 o el ’57. No lo recuerdo exactamente, porque todo era como un caos. Fue uno de esos períodos de mi vida en donde las cosas estaban fluyendo y a empezar a encajar en su sitio. Además conseguimos un nuevo distribuidor y la revista empezó a venderse mejor… Y luego, por supuesto, llegó ese momento tan interesante, cuando me hice rico… [Risas.] Bueno, rico no, pero quizá estaba muy bien pagado. Bill, su madre y su hermana eran los propietarios de la revista y tenían dinero, y en esos días, a finales de los cincuenta, había un impuesto graduado sobre la renta. Dios sabe por qué, a lo mejor era del 90, del 89 por ciento o por el estilo, con una renta ordinaria que realmente no era como la de hoy, donde tienes que pagar un 32 o un 38 por ciento de más, y Mad había empezado a funcionar bastante bien.

Habíamos conseguido poner en circulación unos 450.000 ejemplares más o menos, quizá 475.000, y Hacienda nos dijo: "Oye, tenéis un excedente de un millón de dólares, y si no lo invertís en la revista o hacéis algo con él, tendréis que declararlo como dividendos, porque no podéis mantenerlo como excedente corporativo después de pagar los impuestos". Así que nos dejaron temblando, pero al contable se le ocurrió la idea de encontrar una empresa que tuviese pérdidas tributarias donde se pudiesen hacer cargo de ese excedente. Encontraron un fabricante de maquinaria textil que se llamaba Premiere Corporation que tenía sin usar toda esa, no sé, maquinaria que no se había vendido, o maquinaria que les habían devuelto, o lo que fuese. Así que Bill vendió Mad a la Premiere Corporation por lo que creo que fue una cantidad de alrededor de 5 millones de dólares. De esa forma perdíamos un millón de dólares, que era el excedente. Así que ellos se hicieron cargo de la empresa y le dieron a Bill el excedente del millón de dólares, y entonces las ganancias de capital las repartieron entre su madre, su hermana y él, que en ese momento serían de un 33 por ciento. Fue mucho mejor que perder el 85 por ciento del capital, y ese es el motivo por el que lo hicieron.
DEJANDO MAD

RINGGENBERG: Mientras la grabadora no estaba en marcha me has comentado que sentías que el hecho de que Bill vendiese la revista fue como que te hubiese pegado un buen sopapo.

FELDSTEIN: No, no. Fue una bofetada a la revista. Verás, en realidad no creo que Bill entendiese realmente lo que era Mad. Me refiero que a él le gustaba el material de ciencia ficción y de terror. También le encantaba el material sobre crímenes. Formaba parte de los esfuerzos creativos y se sentía bien con ello. Pero respecto a Mad no sentía nada. Se divertía mucho como fan de la revista, pero me dejaba rienda suelta. Cuando teníamos lista la revista para mandarla a la imprenta, cogía las galeradas y se las leía por primera vez. No tenía ni idea de lo que se iba a encontrar ni nada parecido. Rara vez instituyó ningún tipo de censura, salvo que me sobrepasara de los límites legales, o que pensara que le podían demandar por los derechos de autor o algo así. Pero aparte de eso, nunca me dijo ni una palabra.

Estábamos en diferentes espectros políticos, algunas cosas no le gustaban, pero seguía adelante porque era algo cultural, una revista de comentario social y sabía que teníamos que cubrir todos los puntos de vista. De todas formas, cuando vendió el magazine me puse furioso, porque hubiese querido una parte del mismo. Le dije: “no quiero lo que quería Harvey, pero deberías haberme ofrecido una parte antes de venderlo para que yo también pudiese estar dentro.”

Me dijo: “bien, te diré lo que vamos a hacer, Al. Te haré un contrato de trabajo por el que te quedarás con un porcentaje de la revista. Y como va a caer en manos de una entidad corporativa, mantendremos los gastos cubiertos a través de un porcentaje del resultado de las ventas en bruto de Mad." Así que me ofreció un contrato de trabajo con un porcentaje de los ingresos brutos, lo que en ese momento significaba como un aumento de 25 a 30.000 dólares sobre lo que solía recibir. Lo cual era bastante agradable, ¿sabes? Quiero decir, estamos hablando de finales de los cincuenta.

RINGGENBERG: Debías estar encantado.

FELDSTEIN: Bueno, al menos me aplacó un poco, porque le dije: "Está bien." Y pensé: "Bueno, ahora me toca a mí hacer algo con esta revista." Bueno, entonces pasamos de vender 435.000 ejemplares a 2.800.000. Ese fue nuestro techo de ventas, el número con la Aventura del Poseidón. De la nada empezamos a vender 200 libros de bolsillo más. De la nada se hicieron once ediciones en el extranjero. [Risas.] Y todo fue después de ese contrato. Así que Bill terminó presumiendo de que yo era el editor mejor pagado del mundo, que no era del todo cierto, porque había editores mejor pagados, como Henry Luce y Hugh Hefner. Pero yo lo estaba haciendo muy bien en el momento en que otra empresa compró Mad y empezó a pasar por toda una serie de adquisiciones: primero “Premiere” se la vendió a Lionel. Lionel se la cedió a Independent News/ National Comics, DC, y luego todo el paquete fue a parar a Warner, que era el floreciente conglomerado de entretenimiento de Steve Ross. Así que terminamos en esa editorial. Por supuesto, Steve contaba con el material de Superman y la distribución de todas esas revistas, porque había comprado las compañías que las publicaban, por lo que la revista alcanzó esa clase de sitios de venta de mayor exposición, y así es como la revista, nuestra revista Mad, se convirtió en todo un éxito, porque tenía una buena distribución y todo lo demás.
RINGGENBERG: Cada vez que la revista se revendía, ¿tenía algún efecto en el funcionamiento del día a día de la misma?

FELDSTEIN: No. En absoluto. Nadie se pasó por nuestras oficinas, ni siquiera alguien del grupo de la Warner Communications. A lo largo de los años, Bill y su personal habíamos acumulado cierta reputación, así que ni siquiera nos tocaban. Incluso cuando compraron el edificio en el complejo Rockefeller Center, cuando compraron su propio edificio y se llevaron todos sus conglomerados de empresas a ese edificio, las editoriales de libros y de libros de bolsillo, y las revistas y los discos y todo lo demás, incluso entonces nos negamos a mudarnos.

Bill no quiso mudarse. Quería quedarse en el 485 de Madison Avenue, Mad Avenue, y no había nada más que hacer. Porque creía que empezarían a pegar sus narices a lo que estábamos haciendo, que nos empezarían a molestar, y no podían hacerlo porque nuestros dibujantes y guionistas se habían enamorado de lo que hacían. Así que mantuvimos la independencia. Aún siguen en Madison Avenue, aunque creo que cuando el contrato se acabe, que probablemente sea de forma inminente... ahora que Bill se ha marchado al [edificio de] Warner Communications... aunque ahora es Time-Warner...

RINGGENBERG: ¿Crees que la negativa de Bill a mudarse también proviene de que era un animal de costumbres, de que no le gustaba el cambio?

FELDSTEIN: Oh, por supuesto. Y eso también formaba parte del motivo por el cuál me retiré. Noté malas vibraciones. Me refiero a que habíamos pasado por una buena racha, pero teníamos... sentía que para ampliar el alcance de la revista había que hacer más cosas, sobre todo en otros medios que se estaban convirtiendo en prominentes, tales como cintas, películas, televisión. Deberíamos habernos metido, y me dolió que shows como That Was The Week That Was y Saturday Night Live se empezaran a emitir y que nosotros no estuviésemos haciendo nada parecido. Incluso nuestro competidor inmediato, National Lampoon, estaba haciendo películas como aquella película de la Universidad ¿cómo narices se llamaba, esa en la que se tiraban comida? Bueno, de todos modos …

RINGGENBERG: Si te hubieses quedado en Mad más allá del ’84, ¿qué es lo que te habría gustado hacer en la revista?

FELDSTEIN: Bueno, el motivo para marcharme fue que no podía hacer nada en la revista mientras Bill siguiese al cargo. Bill rehusó coger anunciantes. En ese momento él sentía que teníamos que seguir con una actitud de la que estábamos orgullosos, que era no haber aceptado publicidad, y por lo tanto no estábamos sujetos a las presiones de nadie, que era una especie de paranoia que existía desde los años 50 y 60, pero en ese momento los adolescentes se estaban convirtiendo en consumistas, estaban empezando a comprar cosas. Pensé que podíamos disponer de un espacio publicitario en Mad que no afectaría de ninguna manera a la editorial y que podría ayudar a hacer que todo el paquete fuese un poco más atractivo. Incluso podríamos haber hecho publicidad humorística y montar nuestra propia agencia de publicidad.

Si hubiésemos seguido por ese camino, cualquiera que quisiera hacer publicidad en Mad tendría que haber pasado por la agencia de publicidad de Mad y hacer un anuncio humorístico. Pero Bill no quería formar parte. Porque básicamente era un editor de cómics, y tampoco era el propietario de la revista, así que no quería disponer de una gran organización en expansión que le daría un montón de dolores de cabeza cuando ahora no los necesitaba. Sólo quería tener un lugar al que ir a trabajar y luego salir a comer. De todas formas empezamos a discutir, Bill y yo, por culpa de todo este tipo de ideas. Yo quería rodar una cinta, una versión VHS de Mad, si es que se podía hacer. Quería investigar si podíamos ensamblar cada mes o cada dos meses o de forma trimestral una cinta y venderla a un precio que fuese razonable, porque la cinta en sí misma, el casete, no costaba tanto. Probablemente podríamos haber sacado algo con un precio de 4.95 dólares de forma trimestral, como un programa de televisión de una hora sobre la revista, sin censura.
Me hubiese gustado que se vinieran intérpretes universitarios que acudirían desde la Universidad al Mad Show y habríamos contratado a un guionista que se fuese de viaje para que pudiésemos ir actualizando el material a medida que se iba generando, ¿sabes? Algo parecido a cuando hicimos la “Invasión blah” de Haití. Podríamos haber hecho algo parecido, ¿sabes? Se me ocurrieron un montón de ideas, pero Bill no quería formar parte. Así que mi último contrato fue de tres años en lugar de cinco, tan sólo lo firmé por tres años porque me imaginaba que acabaría dejándolo. En el último año de contrato, mi tercer año de mi contrato de tres años, mi esposa enfermó de cáncer de pulmón y me tuve que ir de todos modos. Pero me habría ido con cáncer de pulmón o sin él, aunque Bill se pensara que lo había dejado por la enfermedad de mi esposa, pero no era cierto del todo. Me fijé en las cifras de ventas. Cuando me fui, se habían reducido desde los 2,8 millones hasta 1,75. Desde entonces se han quedado entre 500.000 y 700.000. Es muy triste, ya sabes. Me había esforzado un montón... no quería hacerle daño a Bill de ninguna manera, pero tenía algunos amigos en Warner Communications y les dije lo que estaba pasando y lo que debería estar pasando, pero tampoco tenían capacidad para arreglarlo. Él era el encargado y creían que sin él todo se vendría abajo. Bueno, ahora él ya no está y les está yendo bastante bien.

RINGGENBERG: ¿Seguiste teniendo buena relación con Bill después de marcharte de la revista?

FELDSTEIN: Oh, claro. Bueno, era bastante cordial. No era tan cercana como la que tenía con Lyle Stuart. Me refiero a la época en la que éramos muy amigos. Nunca había estado tan cerca como lo estuve durante el período de Mad, porque estaba haciendo dinero, ya sabes. Él no estaba demasiado contento y creo que le aterrorizaba que yo tuviese tanto poder. No es que yo esgrimiese ese poder, entiéndeme, pero él dependía de mí para que la revista continuara evolucionando. Pero llegó un punto en el que me dio la sensación de que no íbamos a ir a ninguna parte y el tiempo me ha dado la razón, porque las ventas de la revista se han ido deteriorando. Puede haber sido simple desgaste natural, o cualquier otra cosa, pero cuando me fui sentía que no había margen suficiente que me pudiese compensar.
SHOW BIZ

RINGGENBERG: He oído decir que cuando estuviste haciendo “Psychoanalysis” había un programa psiquiátrico en la televisión en el que estuviste trabajando.

FELDSTEIN: Sí. Se me acercó el grupo de Steve Allen y nos pusimos a hablar sobre el tema. Steve precedía a Jack Paar en el “Tonight Show”, que antecedió a Carson y que precedió a Jay Leno. Steve Allen era el chico maravilla del momento de la televisión nocturna, y fue quien descubrió a Steve Lawrence y a Eddie Gorme, y tenía, oh, Dios, a algunos de los comediantes más maravillosos del resto de programas. En ese momento estaba trabajando como analista, y me llamó y me dijo: "He leído esto, alguien me lo ha enseñado. Vente conmigo y charlemos." Así que me fui a su estudio y, por supuesto, me quedé muy impresionado. Quiero decir, ahí estaba esa gran estrella de la televisión, y todos los demás a su alrededor. Me dijo que quería adaptar mis guiones para la televisión, porque pensaba que sería genial, y creía que se podría hacer una especie de programa piloto basado en algo así, de unas dos horas o de hora y media de duración.

Le contesté: “Me encantaría participar.” Así que me presentó a un escritor que se llama Howard Rodman, que en aquella época era un buen guionista de televisión, a la altura de Rod Serling y el resto. Estamos hablando de los cincuenta, ¿sabes? Creo que fue él quien nos juntó. Empezamos a escribir un par de guiones, y más tarde escribí otro en solitario, pero nunca los emitieron. Y NBC me dijo: "Vamos, esto es un programa de variedades nocturno. ¿Por qué quieres que sea tan serio?" Por supuesto, entonces otro productor rehizo la idea al completo, y la titularon “The Eleventh Hour” durante un tiempo. Sí, finalmente montaron un programa de televisión, y sí, estaba inspirado en la serie de “Psychoanalysis,” que Bill y yo habíamos ideado como parte de la “New Direction” de la editorial, después de que nos censurasen nuestras series de terror. Los dos estábamos bastante metidos en el psicoanálisis. Hicimos lo propio de los cincuenta, cuando teníamos poco dinero,  muchos problemas y queríamos salir adelante como fuese.

(Continuará)

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