miércoles, 9 de octubre de 2013

COMENTARIOS SOBRE CRUMB 14: GEORGE HANSEN

Varios autores ofrecen sus impresiones sobre Robert Crumb y su trabajo. Artículo aparecido en Blab nº3 (1988). Traducido por Frog2000. 

1. JAXON

2. KIM DEITCH
3. JOHN THOMPSON
5. JOEL BECK
6. TRINA ROBBINS
7. HARVEY PEKAR
8. ACE BACKWORDS 
9. SAVAGE PENCIL
10. TOM VEITCH
11. SPAIN RODRIGUEZ 
12. JOSH ALAN FRIEDMAN
13. BETO HERNANDEZ

14. GEORGE HANSEN 


[Editor, dibujante y propietario del sello discográfico especializado en jazz de vanguardia "Bloody Murder Records", George Hansen disfrutó de una prolífica época como creador de cómic underground a principios de los setenta, realizando un montón de títulos entre los que destacan "Choice Meats", "Hard Times" o "Go Nuts".]

La primera tira de Robert Crumb que leí apareció en la revista Help! de Harvey Kurtzman, pero en esa época su trabajo no me parecía tan atractivo como el de otro de los dibujantes que aparecían en la revista, Gilbert Shelton. Su tira "Wonder Wart-Hog" me parecía apasionante. La única razón por la que seguí comprando Help! fue porque era donde podía seguir las aventuras del "Cerdo de Acero". ¡Qué personaje tan magnífico me parecía! ¡Estaba totalmente enloquecido! Años más tarde, después de haberme leído los primeros números de Zap realizados completamente por Crumb, y el único cómic underground en solitario de Shelton, "Feds´n´Heads", mis reacciones ante el trabajo de los dos artistas fueron bastante opuestas: el de Shelton me dejó frío, ¡mientras que la obra de Crumb me noqueó por completo! Las libertades que se tomaba Crumb con el medio del cómic también me parecían impresionantes. Nadie había tratado esta mierda de la misma forma antes. ¡Te dejaba completamente flipado! Me topé con los comix underground de Crumb cuando me quedé atrapado en California durante meses, eran los días del flower-power, finales de los sesenta. Residía en un apartamento que compartían tres amigos, y un día me encontré con una publicación de extraña apariencia que alguien se había dejado sobre la mesa de la cocina. Era el primer número de Zap Comix. Me senté y me lo leí entero, desde la portada hasta la contraportada, ¡y luego me lo volví a leer una y otra vez! Nunca había visto nada igual. Como yo también era historietista, sencillamente tuve que sentarme e intentar dibujar algo que fuese igual de jodido y loco. Empecé a llenar mi cuaderno de bocetos con la mierda más asquerosa y ruda que se me ocurriera. Era divertido. ¡Magnífico! ¡Estaba en el cielo! Así que a principios de los setenta, cuando la Compañía de Distribución Apple de Adam empezó a buscar dibujantes que hiciesen comic book underground, me presenté de inmediato, listo y totalmente acelerado para dibujarlos. Y por muy mierdosas que algunos digan que son mis obras, sin embargo he de decir que detrás hay mucho trabajo. Aunque en esa época tampoco me preocupaba mucho la calidad de los guiones. Nunca he dicho que sea un gran narrador. Sé que la calidad artística de mis primeros trabajos en el comix se puede rebatir, pero las experiencias que tuve mientras los estaba haciendo fueron magníficas. Tenía libertad total para hacer lo que quería: ¿Quieres ver a mujeres desnudas haciendo cosas raras? ¡Sin problemas! ¿Quieres ver palabrotas en un comic book? ¡Hecho! ¿Quieres leer buenas historias que te aporreen la cabeza? Entonces lee las obras de Crumb, ¿de acuerdo?
Crumb era capaz de contar historias magníficas, y su obsesión con el pasado y con la rica cultura que era capaz de suministrar, además de su increíble habilidad como dibujante, le daban a su trabajo sustancia e integridad, mientras que yo solía dibujar mis cosas con la intención de abusar de palabras como "mierda" y "joder" en el medio del comic book. Literalmente, Crumb rompió todas las barreras, ¡y los idiotas como yo pasamos a través y nos meamos en ellas! Lo que por supuesto, me hizo ganarme acusaciones de estar plagiando a Crumb que empezaron a asediarme en cuanto apareció mi trabajo. Después de obras como "Hard Times" y "Choice Meats", puede que la gente se me acercase y me dijese, "Hey, tío, ¿cómo es que le has robado el estilo a Crumb? ¿Eh? ¿Qué tipo de cabrón malnacido eres?... ¿eh, tío? ¡Ja! ¡Jodido plagiador!" Si, ese tipo de reacción a mi trabajo formaba parte de la rutina. Ahí estaba yo, sentado ante mi mesa de dibujo todo el santo día, rompiéndome el culo dibujando esos jodidos comic books, y ¿qué es lo que ocurría? Que gente como Eric Fromm (alias Gary Arlington) le decía a la gente del negocio de envíos por correo que rehusara hacerse cargo de cómics "inferiores" publicados por cierta compañía editora de comic books de Chicago, así que me pusieron en la lista negra. Si, el @¡x?x!! Arlington, que había publicado cómics peores que los míos en alguna de las antologías de cómic que había producido y que también reclamaba ser el todopoderoso "mayor seguidor de los cómics de la E.C. de todo los tiempos" me había puesto en la lista negra. ¡Vaya tío! ¡Estoy seguro que el @!x¿x!! gilipollas había votado por Nixon! Aparte de difamarme en público y poner mis comic books en la lista negra, ¡Arlington nunca hizo nada por mí! ¿Pero queréis escuchar algo irónico? Muchos de mis cómics, de los que él había rehusado hacerse cargo y advertido a sus clientes para que no los comprasen, ¡ahora están alcanzando precios muy altos en su tienda! Por lo menos es lo que cierto tío importante de entre los historietistas underground de California me ha dicho. En principio, Arlington no debería haber "contaminado" su stock con esos cómics "inferiores que plagiaban" a Crumb, vendiéndolos ahora en su tienda por mucha pasta. ¿Sabéis a lo que me refiero? 
Además, el maravilloso abogado de Crumb decidió aprovecharse de esos comic books "que estaban plagiando a su cliente" e intentó exprimirle algunos dólares a mi editor, ¡que a su vez se imaginó que ahora era yo quien le debía el dinero!! Y esto no podía haber ocurrido en un momento mejor que justamente ese, en el que mi esposa me estaba pidiendo el divorcio y necesitaba de verdad mi cheque por los royalties

Supongo que lo primero que debería hacer es defender mi trabajo, pero ¿a quien le importa? Un amigo mutuo de Crumb y mío, Marty Pahls, me preguntó varias veces sobre la influencia de Crumb en mi obra, y yo no sé cómo señalar que todo siempre es más fácil de lo que parece. Para empezar, me doy cuenta de que la obra de Crumb tiene una influencia tremenda en la mía, pero emular su forma de escribir y su estilo cartoon nunca fue intencionado. Todo el mundo "roba" de varias fuentes, y mientras que en algunos momentos de mi vida he copiado los estilos de Basil Wolverton, Bud Fisher, George Herriman, Carl Barks, Harvey Kurtzman, Will Elder y otros grandes maestros del medio del cómic, nunca "mangué" nada directamente de Crumb. Porque nunca se me ocurriría. Pero independientemente de todo esto, la influencia de Crumb todavía se sigue filtrando. El poder de su obra resulta imposible de ignorar. 

Crumb y yo parecemos tener algunas cosas en común que nos han influenciado a ambos. A los dos nos gustan y coleccionamos discos a 78 revoluciones de jazz, blues, hillbilly y de otros músicos de los treinta de los que la mayoría de la gente nunca habrá oído hablar. Los dibujos animados del mismo período también son una fuente mutua de inspiración. Lo mismo ocurre con los cómics de "funny animals" de los cuarenta y cincuenta, y por supuesto, con los títulos de terror de la E.C. así como con el Mad de Kurtzman (y en menor grado, con el Panic de Feldstein.) También apreciamos los viejos juguetes y los productos del pasado. Pero ahí es donde se acaban las similitudes. Nuestra familia y entorno social son tan diferentes como el día y la noche. Mientras que Crumb tuvo problemas tan sólo para hablar con chicas mientras estaba en el Instituto, mi mayor problema era encontrar sitios donde poder follar con ellas (o por lo menos coaccionarlas para que me hiciesen una mamada). Crumb era un empollón. Yo tenía un problema. 
Crumb es el historietista más prolífico de finales de los sesenta y principios de los setenta. Se puede ver su influencia en todo, desde los anuncios de dibujos animados del mainstream hasta los paquetes publicitarios que aparecen en las revistas. A lo mejor sin Crumb no habría existido el movimiento de comix underground, ninguna alternativa a publicaciones mainstream como National Lampoon, ni tampoco programas de televisión como Saturday Night Live y... "Ahora, ¡hey! ¡espera un minuto!"

Otros historietistas han emulado el estilo indulgente de contar historias de Crumb, en plan "vamos a ver lo que estaba haciendo cuando empecé a crecer", pero puedes apostarlo, sus reminiscencias personales palidecen en comparación. Me refiero a que puede que estos historietistas dibujen alguna pequeña y estúpida historia sobre su primera cita, su primer polvo, o el día en el que su madre les quemó su colección de cómics, ¿y qué? Tal y como me apuntó Marty Pahls una vez: "Crumb no hizo gilipolleces con ese tipo de mierda". En su lugar, hacía cosas que le mostraban a sí mismo ¡arrastrándose fuera del vientre de su madre! ¿Qué tipo de persona podría incluso llegar a pensar en algo así, y luego permitirse dibujarlo? Crumb, ese es nuestro hombre.

Todo el material de Crumb trata sobre divertir al lector con cualquier cosa. Nada escapa a su atención. Su temática lo cubre todo: amor, odio, trabajo, desempleo, guerra, tensiones raciales, mierda... si, todo está ahí. Mientras que el popular trío drogata de Shelton, "The Fabulous Furry Freak Brothers", se ha quedado anclado en los sesenta, los personajes de Crumb no lo han hecho. ¿Realmente crees que a The Snoid o a Fritz the Cat les importaba una mierda los sesenta? No lo creo. ¡Sus travesuras eran y siguen siendo intemporales, Jack!

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