jueves, 3 de octubre de 2013

RONIN: LA HUIDA DE MILLER, por Kim Thompson.


RONIN: LA HUIDA DE MILLER, por Kim Thompson.

Artículo aparecido en The Comics Journal número 82 (julio de 1983). Traducido por Frog2000.

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Ronin es el Gran Proyecto de DC de 1983... o puede que inclusó de toda la década. Frank Miller ha tenido libertad creativa total, un contrato que se rumorea que ha sido el mayor que se haya firmado alguna vez en el cómic americano, y un tamaño exclusivo para la obra impresionante que le ha permitido a Miller disponer de 288 páginas para hacer lo que le plazca.

La confianza que tiene DC en Miller es comprensible. En su breve carrera, el joven artista ha unido el éxito comercial masivo y el tipo de aclamación crítica que no se escuchaba desde los ahora brumosos días de Steranko. Ronin es enormemente ambicioso, está meticulosamente concebido, y su ejecución es muy original: parece y se hace sentir como ningún otro comic book del mercado. Por lo menos Ronin permanecerá como un raro ejemplo de comic book comercial que refleja totalmente la visión de su creador, sin estar enturbiada por injerencias editoriales, colaboradores contraproducentes o las presiones de la serialización indefinida. Quizá lo más importante es que Ronin no sólo supone una mera réplica del Daredevil de Miller: aunque existen similitudes entre la temática y el estilo, su concepción es más audaz, menos comprometedora y más rica. 

Desafortunadamente, todas las evidentes debilidades del Daredevil de Miller le han seguido al mismo hasta su nuevo proyecto, muchas de ellas amplificadas. Ronin erosiona aún más la ya precaria posición de Miller como uno de los mayores artistas que han emergido en los cómics mainstream desde los primeros setenta. Su obras se ve socavada por fallas graves, y son fallas que parecen ser parte de la "gestalt" artística de Miller en lugar de algunas dificultades técnicas que podrían ser corregidas en un futuro. Ronin no sólo me provoca desilusión, sino también una sensación de pesimismo con respecto al futuro de la carrera de Miller: porque parece dirigirse directamente hacia la tierra de nadie de una narrativa disyuntiva y amanerada que está puesta al servicio de la experiencia de segunda y tercera mano. Ronin no es sino la última parada en el camino.

El conflicto central de Ronin es entre un joven guerrero samurai y el demonio que mató a su maestro, deshonrándolo de esa forma  y convirtiéndolo en un Ronin: un samurai sin maestro, un vagabundo. El foco central de la batalla alumbra a una espada al estilo de "Stormbringer", lo único que es capaz de matar al demonio, y que éste quiere por los motivos que te puedes imaginar. Un giro añadido es el de que la espada sólo podrá matar al demonio una vez que haya derramado la sangre de un hombre bueno. Después de veinte años de vagabundeo, el guerrero se enfrenta al demonio y lo mata de una forma grotescamente lógica que satisface el peculiar requisito de la espada, y al mismo tiempo, las almas del demonio y del protagonista son fusionadas en su interior. 


Con la ayuda de la técnica narrativa a ráfagas, la historia se precipita a un ritmo muy rápido. Pero la energía cinética no se construye sobre algo sólido, y como consecuencia, muy poca cantidad de la historia se queda en la memoria del lector. Al igual que hizo en Daredevil, Miller lo sacrifica casi todo por el efectismo, lo cuál exime al material de cualquier impacto más allá del valor que tiene como choque inmediato.

Permitidme empezar por el personaje y sus motivaciones. Miller se impuso una tarea formidable al colocar la historia en el Japón medieval, que a pesar de los "revivals" efectuados por Kurosawa y "Shogun", sigue siendo algo profundamente ajeno al espíritu occidental. Esto no supone un problema insuperable, pero Miller ni siquiera llega a estar a tiro de piedra de resolverlo. Construye al joven samurai como un tipo adusto, obsesionado éticamente y algo tenue, y luego busca facilitar el cliché dándole a su anciano mentor un atractivo más terrenal. No sé si introducir al samurái dentro de los clichés clásicos y luego burlarse de él a través de su maestro es una idea algo brusca: porque inmediatamente nos sentimos separados del Ronin, a quien consideramos como un patán sin sentido del humor. Peor aún, a menudo las torpes reflexiones verbales de Miller reflejan un cinismo contemporáneo que resulta algo más que molesto: algunas de las bromas en mitad de la batalla no estarían fuera de lugar en Spider-Man (o en Daredevil.) Fácilmente, puede que el intento más plomizo de frivolidad se produzca cuando el joven samurai empieza a parlotear acerca de sus deberes y de su formación, y el anciano lo tranquiliza con un áspero "oh, cállate": es el cómic con menos sentido del humor que he leído en mucho tiempo. Porque las intentonas ingeniosas son terriblemente torpes y forzadas, como si Miller hubiese sentido la necesidad de algo que se parece a intentar redimir el tono sentencioso oriental, pero sin hacerlo conscientemente del todo.

Los conceptos japoneses de inflexible honor y responsabilidad insuflan a las acciones del Ronin el impulso necesario, pero también le impone al personaje una línea de de acción tediosamente lineal. Una vez establecida dicha premisa, sabemos que debe matar al demonio y eso es todo. Miller establece dos situaciones dramáticas que podrían conducir hacia un subtexto psicológico más completo para la serie, pero descarta una de las opciones y pone muy poca atención en la otra. En primer lugar, tenemos la idea de que el Ronin está avergonzado por su fracaso y debe llevar la carga con él hasta que libre al mundo de la entidad que causó su situación. Sin embargo, el concepto de pena (o de su equivalente occidental, la culpa) se integra rápidamente después de la sorpresa inicial, y nunca vuelve a reaparecer. En segundo lugar, tenemos la idea de la espada mágica que debe ser impregnada con la sangre de un inocente, un potente y flagrante símbolo del sacrificio, tanto en el sentido literal como en el abstracto. Pero Miller se deshace de la idea después de burlarse del lector con la sugerencia de que el Ronin podría matar a una mujer y a un niño que acaba de rescatar. Luego, en el clímax de la batalla con el demonio, Miller saca de repente la olvidada vanidad de la que hasta ese momento se había olvidado y hace que el Ronin mate al demonio atravesando su propio cuerpo y el de su enemigo con la espada. Es una, erh, imagen impactante, pero la idea de sacrificar inocentes había tenido una resonancia moralmente mayor que este horrible truco y, al menos, mantenerlo como otra posibilidad aledaña habría estirado un poco más la tensión de la narración.


La primera parte de la obra suele sentar las bases, eso es cierto. Pero incluso así, no hay razón para la falta de densidad impuesta por Miller. No puedo imaginar que Miller vaya a ser capaz de apuntalar plenamente a su personaje hasta el sexto número a largo de toda la historia y darle algún tipo de subtexto, de hecho, aquí los torpes intentos de caracterización (el viejo guerrero) y su historial previo con Daredevil me llevan a sospechar que no va a poder conseguir algo mejor.

La obra está cuidadosamente diseñada y meticulosamente ejecutada, y prácticamente nada del resultado es demasiado bueno. Miller sigue dibujando muy mal el cuerpo humano, sus personajes nunca parecen encontrarse en equilibrio o moverse correctamente. Porque en una obra que está compuesta sobre todo de escenas de lucha, tener a un artista que no dibuja bien la acción parece un riesgo bastante grande. Sin embargo, en cierta forma Miller no hace aparecer acción en absoluto. Es algo que ya empecé a notar en Daredevil, y resulta aún más cierto en Ronin: las viñetas de Miller, de forma individual, son por lo general inmóviles. En ellas se muestran a las personas antes y después de la acción, cualquier movimiento ocurre entre viñetas. Significativamente, las pocas viñetas donde en realidad se están moviendo los personajes están entre las peores construidas y son las menos convincentes.

Las tan cacareadas habilidades narrativas de Miller también se han derrumbado en un conjunto de gestos molestos. ¿Por qué casi cada viñeta debe ser de la longitud o de la anchura de la página? Es como si se hubiese impuesto la tarea de elaborar su historia en una cerca de estacas de madera, alternando entre secciones horizontales y verticales. El resultado es el de que el lector es arrastrado hacia delante a una velocidad aterradora. Las estrechas tajadas de dibujo no dejan lugar para que el ojo se desvíe, y te empujan sin miramientos de una viñeta a la siguiente. Cada vez que llegaba de forma ocasional a una viñeta "normal", sentía como si me estuviese parando para recuperar el aliento.

Incluso si se hace un esfuerzo por permanecer mirando a una viñeta más de los dos segundos que lleva escanear los elementos de la misma de forma efectiva, casi ni te podrás creer que estás siendo recompensado. Ninguna de las viñetas está compuestas de alguna forma que resulte estéticamente agradable. ¿Y cómo puede ser esto? Porque no se puede dibujar cualquier cosa en un espacio que es diez veces más alto que ancho. Cuando Bernie Krigstein subdividía una página en gajos temporales, tenía el buen sentido de establecer en una imagen normal la ubicación y los personajes, antes de usar su exquisito sentido del ritmo y el diseño para hacer un zoom hacia un detalle importante o para un momento de acción. En estas viñetas diseñadas de forma opresiva, Miller lo reproduce todo a base de secuencias enteras hasta alcanzar el orgasmo, y el efecto resulta alienante.


El dominio de la perspectiva de Miller también sigue siendo inestable. En la doble página que muestra el supercientífico Complejo de Aquarius, por ejemplo, las calles y los edificios de Manhattan se extienden como si estuviesen siendo reproducidos a partir de una fotografía deformada. (Y no, no es estilización o una perspectiva forzada, sino una mala perspectiva.) Sin embargo, Miller consigue hábilmente solventar el problema, porque rara vez intenta dibujar la profundidad de campo, aunque sus viñetas no sean completamente planas y estén dibujadas en varias capas, como un cómic en 3D.

La confusa perspectiva y el espigado guión dejan al lector en un estado permanente de dislocación espacial, que se agrava aún más cuando entra dentro del Complejo Aquarius y descubre que todas las construcciones se encuentran sobre plataformas o flotando en el aire. Como resultado, cuando el demonio invade el centro y persigue al protagonista, se debilita la tensión debido a que no tenemos la menor idea de dónde se encuentra, hacia dónde va, o la velocidad a la que se mueve. Esto es la denominación de una mala narración por definición.

Mucho se ha dicho acerca de que Miller ha desarrollado toda una nueva forma de dibujo en Ronin, pero de hecho, se pueden encontrar tres de ellas. La primera es nada más y nada menos que un desastre de cruce de trazos en crudo. Ronin se está editando como título a todo color, con las infinitas variaciones de tonalidades, ¿por qué entonces Miller ha escogido modelar las figuras con el cruce de trazos, un sistema desarrollado para evitar la incapacidad que tenían las primeras impresoras para conseguir los tonos continuos? Bien, la razón podría ser el hecho de que si Miller no arrojase algunas capas de cosas desaliñadas, su pésimo dibujo sería algo vergonzosamente obvio. Cualquier aspirante a dibujante sabe que si tienes un dibujo mediocre, éste se verá menos descaradamente mediocre cuantas más líneas le pongas. Las rayitas cruzadas de Miller enturbian las formas y el diseño lo suficiente como para dejar que se salga con la suya con un mal dibujo, y la "estilización" le resuelve el resto de la papeleta.


En algunas entrevistas Miller ha explicado que ha tomado la mayor parte de su técnica de los cómics japoneses, con los que no estoy familiarizado. Sólo puedo pensar que puede que los cómics japoneses que le han inspirado sean malos, o que algo se ha perdido en el traslado. Teniendo en cuenta el historial de Miller con Kane, Krigstein y sus otras malversadas influencias, me inclino por lo último.

(Dicho sea de paso, Miller también jugó con dicha técnica en una serie de dos páginas de "pin-ups" verdaderamente horribles de "grandes detectives de la ficción", o algo por el estilo, que hizo para Ms. Tree’s Thrilling Detective Adventures. Tan sólo puedo conjeturar que utilizó dicha estúpido trabajo para poder practicar la técnica, coger el dinero y echar a correr. Es una evidente y burda maniobra por parte de Eclipse para utilizar el nombre de Miller, y ciertamente el editor de Ms. Tree obtuvo lo que sin duda merecía, y cualquier lector que fuese seducido para comprar esta pequeña y tonta historieta gracias al nombre de Miller, también merecía lo que recibió.)

Es en la segunda parte de Ronin, que está ambientada en el futuro, donde se manifiestan los dos estilos. El segundo es más o menos como el primero, pero está realizado con una pluma más gruesa. Sin embargo, el tercero es el más sorprendente del lote: es el de Moebius. No inspirado en Moebius ni un derivado de Moebius, sino el de Moebius, y punto. El propio Miller me dijo en una conversación privada que se había dado cuenta de que había dejado que el estilo de Moebius se hiciese cargo demasiado completamente del primer número, y que esperaba poder corregirlo en futuras ediciones. Eso espero, porque la duplicación es asombrosa. 

Algunos artistas han sido capaces de absorber el estilo de otro artista y hacer cosas maravillosas con él; la espectral y precisa duplicación del estilo del fallecido Hergé realizada por Joost Swarte es el mejor ejemplo. Miller no tiene esa suerte. Aquí el principal problema es el hecho de que las viñetas de Moebius y las viñetas que no tienen su estilo chocan terriblemente. Las primeras son bastante elegantes y están limpiamente delineadas, con algunos trazos epilépticos que caracterizan al resto del libro, las últimas están sobresaturadas y, bueno, son feas. Cuando Miller mete el primer plano de un personaje, por ejemplo, dibuja y dibuja hasta que el papel casi gime bajo el peso de los planos y los ángulos, cada uno de ellos definido por un patrón de rayitas cruzadas y emborronamientos que, sin embargo, fallan porque no existe ningún tipo de sensibilidad hacia la estructura facial o hacia su expresión.


Ahora hemos llegado al corazón de los problemas que tiene Miller como dibujante: su dibujo es todo técnica y nada de observación. Ninguna de las viñetas de Miller indican que alguna vez se haya sentado y estudiado un rostro, un edificio, la forma en la que caen los pliegues de una bata, una hoja. Eso no que quiere decir que Miller no dibuje del natural: de hecho, Miller tiene una reputación de investigar las cosas de forma escrupulosa. (Ed Hannigan satirizó una vez su supuesta costumbre de escalar hasta los tejados de Manhattan sólo para conseguir los depósitos de agua adecuados para Daredevil.) 

Lo que quiero decir es que parece totalmente incapaz de traducir lo que ve en la página. En algún lugar entre el ojo y la mano, la realidad entra en conflicto con su técnica. Se trata de un síndrome común entre los artistas que empiezan y que están desarrollando una técnica. Cuando finalmente aprenden a dibujar, la mano ha desarrollado un conjunto de propuestas para llegara a una resolución, y se niega a ser coaccionada por las infinitas sutilezas que demanda el acto de crear dibujos que están basados en la observación. Aquí tenemos, por cierto, uno de los males del sistema de cómic americano. Debido a la estructura financiera que obliga a los jóvenes artistas a desarrollar de inmediato un conjunto de técnicas, hay que sacar las cosas a toda velocidad si uno no quiere morirse de hambre, y es más fácil aprender una técnica que aprender a dibujar. En el momento en que al artista se le paga lo suficiente como para reducir la velocidad -si es que alguna vez llega tan lejos- sus técnicas han matado a su capacidad para traducir sus propias sensibilidades a la página. Este es el motivo del por qué es casi seguro que gente como Jim Starlin y Marshall Rogers nunca van a dibujar bien.)

Pero a pesar de todo esto, Ronin es un cómic que tiene muy buen aspecto. Parte del crédito hay que dárselo al departamento de producción de DC y a los impresores (y a Miller por insistir en que las cosas se hicieran así), pero una gran parte del reconocimiento debe ir a la colorista Lynn Varley. Con Ronin en la mano se puede ver que Varley es, simplemente, la mejor colorista del cómic americano. La mayoría de los otros coloristas, cuando se enfrentan con el proceso completo de las separaciones de color, tratan de hacer el trabajo del artista por él, a base de jugar con efectos de modelado y aerógrafo sin tener en cuenta el hecho de que el mayor beneficio de todo el proceso es la consecución de una paleta de color más variada, y por lo tanto más sutil.

Varley (supongo que junto a Miller) ha tomado tres decisiones importantes y beneficiosas a la hora de colorear Ronin. En primer lugar, ha evitado el uso de degradados casi en su totalidad, lo que permite que su técnica indique bien la forma y el movimiento. En segundo lugar, ha favorecido a los colores de tierra, utilizando grandes cantidades de grises y marrones, y dejando bajos los tonos primarios y secundarios, salvo cuando se recalca algún efecto. (Por ejemplo, el complejo Aquarius es de un color verde bilioso brillante, dándole el brillo de una monstruosa araña verde que permanece de cuclillas sobre las cenizas de la ciudad muerta.) En tercer lugar, se ha restringido deliberadamente para incluir en las páginas uno, o como máximo dos colores básicos, pero utilizando el proceso de color con la intención de permitirse una infinidad de matices dentro de dichos colores.


El color está muy bien pensado y aún mejor ejecutado. En un principio pude leerme el tebeo fotocopiado en blanco y negro, y muchas secuencias que eran confusas bajo dicha encarnación adquieren una nueva claridad en su versión en color. Específicamente, Varley ha otorgado a cada localización de la historia un determinado código de color y claves de color ambientales para que el lector sepa dónde tiene lugar la acción. Eso no es algo que alivie los problemas de Miller con las relaciones espaciales (realmente todavía no podrías decir dónde está alguien en relación a alguien), pero le da al cómic una sensación de ubicación que antes me había perdido. También resulta difícil calibrar la cantidad de capricho que Varley ha impuesto en lo que es esencialmente un dibujo frío y que da sensación de estar pobremente ejecutado. El colorido añade una dimensión que no estaba presente en el mismo dibujo en absoluto. Las escenas del Japón medieval están coloreadas en tonos tierra de aspecto antiguo que estallan en rojos y amarillos expresionistas durante el fragor de la batalla. El interior del complejo supercientífico Aquarius se representa en verdes pálidos y antisépticos que con frecuencia se reflejan en los rostros de los seres humanos, dándoles un brillo artificial poco saludable.

La idea que hay detrás de la segunda mitad de la historia es lo suficientemente compleja como para que no valga la pena resumirla; si la has leído, un resumen no será necesario, y si no lo has hecho; no quiero echarte a perder el clímax. Me resulta menos fácil discutir sobre la historia que sobre el arte, tal y como he hecho, ya que Miller aún no ha mostrado todas sus cartas. Además, cuando le dije a Miller que estaba revisando Ronin, él me pidió que hiciese una segunda revisión una vez que la serie hubiese terminado. Puede que lamente habérmelo pedido después de leer esto, pero estuve de acuerdo en hacerlo. Así que dentro de unos 10 meses te puedes esperar una segunda parte de esta revisión, alrededor del Journal número 90.

Sin embargo, haré unas pocas observaciones. El cambio desde el pasado hacia el futuro en mitad del primer número es un buen truco que resulta sorprendente, y si hay más sobresaltos de ese tipo en próximos números, sin duda la serie tendrá una gran cantidad de energía. (¿Y calidad? Eso dependerá de si esas ideas son buenas, por supuesto.) Tengo curiosidad en cuanto a cómo las cosas del código honorario del samurai y el demonio de la primera mitad se mezclan con las cosas psíquicas y post-Holocausto de la segunda mitad. Francamente, mis esperanzas no son demasiado altas, pero ya veremos.


Destacaré algunas influencias del guión. Me atrevería a decir que Miller podría haber tomado prestados algunos libros de Heinlein de Chris Claremont, aunque, por lo que sé, puede que nunca se hayan leído "La Luna es una cruel amante" [Robert A. Heinlein, 1967] (lo digo por el equipo que crea una imagen visual de sí mismo en una pantalla de televisión) o "Waldo" [Robert A. Heinlein, 1942] (lo digo por el personaje principal lisiado que utiliza apéndices mecánicos).

Mi reacción hacia la historia es precisamente la siguiente: es una historia inteligente, aunque se vanaglorie de ello desde un principio, y me mantuvo pasando las páginas todo el rato. Pero su inteligencia es poco profunda, y no me fío de que Ronin vaya a ofrecer algo más profundo. Creo que el primer número traiciona los objetivos de Miller, eso si no es que se los cargan sus hechuras.

Ronin es un hermoso paquete producido y controlado por un solo creador. En eso supone un paso en la dirección correcta para los cómics americanos. Ronin le enseñará a las empresas convencionales que pueden hacer una gran cantidad de dinero sin robar las ideas de sus creadores, metiéndolas en vereda con editores antipáticos y reaccionarios, e imprimiendo el material en papel higiénico. Miller merece todo el crédito por haber usado su influencia para llevar a cabo ese tipo de cambio, y también se merece las alabanzas por tratar de hacer algo diferente. Pero me hubiese gustado que también me pareciese bueno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

tanto musica como comic: MH

¿Por qué no poner enlaces a cbr o cbz de comics?

Aquí RONIN:

http://mediafire.com/?3d3c2l7zvpcl05g
http://mediafire.com/?y4ho6azq1ah517e

frog2000 dijo...

Por mí metería sólo cómics no publicados o que estén agotados. Pero habiendo lugares como el CRG...