(De la columna “Come In Alone” número 34, escrita por Warren Ellis. Aparecida el 21 de Julio de 2000 en Comic Book Resources. Traducida por Frog2000. Nota: el título es una invención, la columna original no disponía de ningún encabezado.)
No estoy en San Diego.
Es jueves por la noche y estoy en mi casa en Southend
después de haber estado cenando en Canedown con Niki y Lili. Este es el país de
las brujas de Canewdon, y creo que la asamblea de brujas local todavía suele
bailar desnuda en los campos de trigo durante Halloween, y la policía local
tiene que mantener una presencia perimetral para contener a los sudorosos
adolescentes enloquecidos por los senos, dejándolos fuera del camino de las
brujas. Vagamos por los campos de trigo después de la cena, cediendo algo de
espacio a los patos dormidos junto a ese estanque que había al lado del campo.
Lili cuenta los colores del cielo: Essex tiene unas explosivas puestas de sol
durante el verano, naranjas y plateados, púrpuras y azulados y rosas y dorados
y brillantes.
Exactamente al mismo tiempo mis colegas están inhalando el
sudor de dos mil fans diariamente. Aspiran sus alientos cargados de enfermedad
y las partículas en el aire de sus últimas comidas. Observan como conectan una
fina línea entre los mocos que les caen de las fosas nasales y su labio
superior, vibrando como si pulsaran una cuerda con cada palabra que dicen,
preguntándose si los dispararán desde su cara, cuando por fin se liberen de su
anclaje (recuerdo una visión perfecta similar cuando estuve en la convención de
Nueva Zelanda del año pasado). Se sientan junto a un editor al que
probablemente desprecien. Son chillados por uno de los “corredores de stands”,
que quieren saber por qué no estaban allí a las diez, como ponía en el
programa. Sus tímpanos son devastados por un millar de niños con dientes
afilados como cuchillas que lo recogen todo y se te suben a la chepa gritando
"¿Esto es gratis? ¿puedo coger esto?" Son arengados por alguien con
un caso de hipotiroidismo que viste una podrida camiseta de Spider-Man 2099 tres
tallas más pequeña, por el hecho de haber matado a un personaje que para ti
sólo consisitía en un puñado de palabras y algunos dibujos, pero que para él
era la mujer a la que amaba, maldita sea.
Ahora el Sol ya se ha puesto. Estoy sentado aquí, con un
whisky escocés de 21 años, un filete de trucha ahumada y queso cheddar a mano
no pasteurizado que proviene de una granja orgánica. Hace calor, pero no mucho,
¿sabes? Estoy cómodo. El teléfono está callado, tengo un correo electrónico.
Todo el mundo está en San Diego, ya ves.
He estado en Convenciones con actrices. Recuerdo
perfectamente una sesión de beber después de una Convención donde una actriz
que actuaba en una popular serie de televisión entró, se bebió una copa
bastante rápido, y luego se dirigió directamente a su habitación para
"echarla fuera de mí." Había estado posando, siendo fotografiada por
fans durante aproximadamente ocho horas seguidas. Fans de Ciencia Ficción de
TV. Del tipo hardcore. Iba a preguntarle cómo se sentía al posar para que
algunas personas se masturbasen con sus fotos en la intimidad de sus casas.
Pero pensé que sería más amable no hacerlo. En momentos como ese el sentido del
humor te puede fallar. Aquí fue donde mi sentido del humor para convenciones lo
hizo: cuando me enteré de que Claudia Christian había recibido un disparo
durante una de esas sesiones de posa-con-un-fan. Su manager, Damon, me habló
sobre ello. (Por cierto, Damon es un diamante, y si alguna vez lo ves en una
´Con, invítale a un trago.) Un seguidor de la serie se presentó en la Convención
vestido como Tribble (una gran cosa peluda sin forma) y quiso hacerse una foto
con Claudia, que hizo lo habitual: se paró junto a él, echó su brazo alrededor
de su cuello, sonrió ampliamente...
…y un arma salío de uno de los lados del Tribble y la
disparó.
Todo en blanco. Muchos moratones, quedó echa un desastre,
pero sobrevivió. Y ahora tiene un guarda de seguridad junto a ella en las
Convenciones. Y se toma una copa después de las mismas. Tienes que creerme.
Conocí a otra actriz de una de esas series de televisión
que, básicamente, viajaba por todo el mundo de Convención en Convención,
sangrando en seco para todos los fans de esa serie que se reunían con ella, y
les vendía fotos firmadas y otra basura hasta que todo su dinero era aspirado.
Es alguien capaz de conseguir que los organizadores de la Convención la lleven
al medio de la nada si huele que uno de sus seguidores de por allí tiene
cincuenta dólares en el bolsillo. Y ella consigue apoderarse de ellos. Ese es
su trabajo. Su trabajo es ser alguien de esa serie de televisión. Los fans
quieren tocarla, porque tiene la magia de ese pedazo de mierda sobre ella. Ella
les hace sonreír y hace que se sientan conectados con la serie. Es un gran
negocio. Damon creó una Convención llamada Mujeres de Ciencia Ficción en la que
estaban Claudia y otras dos actrices de Deep Space Nine, y Alice Krige (una
consumada actriz que actuó en una de las películas de Star Trek), y
evidentemente, en Vegas podían hacer uso de su participación en Star Trek. Y me
explicaron que, en esencia, todo el asunto era una mierda, y Claudia haría una
mierda de aparición. Esto me acojonó vagamente, porque Claudia, además de ser
posiblemente la actriz más simpática que he conocido (eso no incluye a aquellas
con las que he tenido relaciones. No, espera. Sí, sí que las incluye), es
alguien que es muy capaz de actuar. Y ahora su trabajo es ser alguien que actuó
en una serie de televisión, aleteando por los alrededores de las Convenciones
en busca de sangre que beber. Un productor de Star Trek me dijo que hay un tipo
que tuvo un hijo haciendo de Borg en algún episodio de Star Trek: The Next
Generation, y que ahora va a todas las Convenciones sobre la faz de la tierra.
Le llaman FRED, QUE HIZO DE BORG EN STAR TREK. Estuvo una sola vez en la serie.
Ese es su trabajo actual. Ser Fred Borg en el circuito de las Convenciones.
Una de las cosas más tristes que he visto nunca ocurrió en
San Diego. Todavía estaba enganchado a los cigarrillos, y estaba fuera del
Centro de Convenciones fumando mi número 75 cuando me di cuenta de algo
extraño. Un hombre muy viejo y delgado, ligeramente encorvado, iba abriéndose
camino lentamente por entre la multitud de fumadores que estaban plantados en
la acera. Se paró frente a un grupo y les dijo algo. Hubo una extraña y breve
pausa. Y luego, asintiendo con la cabeza y sonriendo, todos le dieron la mano,
y por un momento él resplandeció de alegría y después se desplazó hasta el
siguiente grupo. Así que esperé a que llegase hasta donde estaba yo.
Lo más triste, por cierto, es que no me acuerdo de su
nombre.
Llegó donde estaba yo y me saludó, y luego se presentó
diciendo: "Yo fui el compañero fallecido de Adam West en “Robinson Crusoe
On Mars”.
Y me di cuenta. Este pobre infeliz había caminado desde Dios
sabe dónde hasta llegar a un lugar en la Tierra donde se pudiese concebir que
alguien hubiese oído hablar de él. La Convención de Cómics de San Diego.
¿Y sabes lo que hice? Le dije: “Oh, claro, ¡por supuesto!” y
asentí con la cabeza, sonreí y le estreché la mano y le dijo que era muy
agradable conocerle. Al igual que todos los demás. Y su rostro se iluminó y me
estrechó la mano, y luego se fue arrastrando los pies por la acera. Hacia el
siguiente grupo de gente.
Las diez y media. El sol se ha puesto. En este momento, en
San Diego es el momento más caluroso. Había cuarenta y cinco mil asistentes el
año pasado. Todos metidos en una gigantesca trampa para ratones humanos de
plástico con dos respiraderos, en mitad del Verano.
Voy a abrir el jardín de invierno, encenderé algunas velas y
antorchas, le serviré una copa a Niki, me sentaré junto a las fresas, la
madreselva y la lavanda, y disfrutaré de la noche.
Que le jodan a San Diego.
INSTRUCCIONES: Lee
“SEIZE THE TIME”, de Bobby Seale (1968, 1970) y escucha “The BLOOD IS RED EP”,
de Gallon Drunk (FM Records, 1999).


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