ENTREVISTA EN COMICS JOURNAL A GRANT
MORRISON (1 de 4)
Entrevistado por Nick Hasted para The Comics Journal número
175 (Abril de 1995)
Cuando al comienzo de la entrevista, Grant Morrison cuenta que la casa donde nació se ha convertido en la actualidad en una institución
mental, nos está ofreciendo la mejor introducción posible que se pueda dar a su
trabajo. Desde las bizarras travesuras de la Doom Patrol, pasando por la
deforme realidad de Animal Man y llegando hasta los seudo-históricos
Invisibles, nada de lo que ha guionizado Morrison puede calificarse como
“normal”.
“Arkham Asylum”, su trabajo de mayor exposición hasta la
fecha, sigue demostrando que todo lo que sale de su mente tiene garantizado
llevar incorporado un toque único. El brutal uso que hace Morrison de la
simbología e imaginería de Cristo es puesto al servicio de la mitología de
Batman, algo por lo que el autor ha sido tan criticado como alabado por parte
de su editor y lectores.
Nacido y criado en Glasgow, Morrison fue “descubierto”
durante la búsqueda de oro [realizada por las editoriales americanas] de
mediados de los ochenta. A veces, su trabajo ha sido criticado como si fuese
deliberadamente intelectual, además de también haber sido acusado de imitar
famosos estilos anteriores de otros autores, aunque realmente, lo que uno encuentra
en el núcleo de la obra de Morrison es un profundo afán por el uso de la
escritura, además de una correcta utilización de la misma.
En este reciente encuentro, Morrison permitió que Nick
Hasted explorase sus influencias, su punto de vista sobre los super-héroes y
tambiém permitió que se echase un vistazo a toda su carrera.
MI VIDA EN LOS BLOQUES.
Nick Hasted: ¿En qué parte de Glasgow naciste?
Grant Morrison: Sencillamente , a las afueras de Glasgow.
Hasted: ¿Qué tipo de zona era en aquella época?
Morrison: Era una especie de zona rural. En una ocasión, el
lugar de mi nacimiento fue un popular hospital de maternidad, y ahora se ha
transformado en un institución mental.
Hasted: ¿Lo has llegado a ver transformado?
Morrison: No, no he podido visitar el interior, pero he
estado cerca de él. Sencillamente es uno de esos lugares donde (con el paso del
tiempo) acabará cualquier mujer de Glasgow, aunque eso no será culpa mía.
Hasted: ¿Qué es lo que más te divertía durante tu
adolescencia?
Morrison: Torturar animales.
Hasted: Precisamente estaba pensando en eso.
Morrison: Nah... supongo que básicamente hacía lo mismo que
los demás chicos. Eran días apacibles y mucho más sencillos. No teníamos
video-juegos ni cosas del estilo, así que, sencillamente, salir por ahí con mis
amigos y una vez cogí la tiña al lamer la espalda de un sapo. El lugar en el
que crecí se llamaba “Govan”, que es la zona de Glasgow donde se construían los
barcos. La gente aún trabajaba allí durante aquella época, así que era como una
especie de zona industrial. Vivíamos en una casa con una pequeña habitación y
una cocina, y si la rodeabas llegabas al muelle, y allí, en los viejos refugios
del lugar, era donde solíamos jugar. Así que eso es lo que hacíamos por
entonces.
Hasted: Suena a cliché, pero Ramsey Campbell decía que
cualquiera que escriba buenas historias de terror tiene que haber tenido algún
tipo de experiencia terrorífica fundamental como referente, ¿crees que eso es
cierto?
Morrison: No estoy muy convencido. Sobre todo con eso de que
debe ser algo fundamental. Más bien creo que han de ocurrir una suceción de
hechos variados a los que puedas acabar recurriendo. Aunque cuando eres niño
nada te parece totalmente horrible. Hay un montón de cosas que yo he
experimentado y que estoy tratando de extraer para utilizarlas en mis
historias, pero no hay una sóla cosa que sea tan significativa. Nunca he visto
a mi padre siendo cortado en dos por un autobús, por ejemplo.
Hasted: ¿Y crees que hay cosas que sólo surgen cuando
escribes, o realmente las temes tanto que ni siquiera escribes sobre ellas?
Morrison: Supongo que hay cosas que siempre están rondando
muy cerca. Lo que me gusta de la escritura es que puedes tratar con todos esos
elementos de una forma que otra gente no sería capaz, a menos que se buscasen
un buen psiquiatra. Pero tampoco es algo que me parezca demasiado importante.
Mis recuerdos no son horribles sino más bien extraños, y esa
es una de las razones por las que escribo este tipo de material. Recuerdo
muchas sensaciones siniestras. Cosas sencillas, como cruzar de una calle a otra
donde no había estado nunca antes... eso me daba la sensación de que estaba
entrando en un universo alternativo, porque era una calle igual que la mía pero
que discurría en paralelo a la misma. Nunca había estado fuera de mi calle, por
lo que en realidad el hecho de ir caminando y encontrarme con otra que se me
antojaba bastante parecida, aún no siendo igual del todo, me producía la
auténtica sensación de que había dado el salto entre dos mundos. Eran
experiencias que ahora se me antojan como muy importantes para mí, aunque no me
parezcan terroríficas.
Hasted: Cuando pasabas por alguna calle nueva, ¿qué es lo
que te parecía tan peculiar, por qué te parecía tan raro?
Morrison: Porque es como si el lugar fuese reconocible.
Cuando tienes esa edad y eres tan pequeño, hasta ese momento tus experiencias
han sido muy limitadas. Encontrarse con un sitio que parece tan familiar, pero
en el que obviamente nunca has estado, te resulta una experiencia tan rara como
inquietante.
Hasted: Recuerdo cuando era niño: solía creer que Paris
estaba en la cima de una colina. Me parecía como si pudiese verlo si daba la
vuelta a la esquina.
Morrison: En realidad tuve una experiencia parecida con la
ciudad de Londres. Había otra residencia mental que me fascinaba. Tenía una
torre con un reloj que se parecía un poco al Big Ben, y yo estaba convencido de
que ese lugar era Londres, porque alguna vez lo había visto en fotografías.
Hasted: ¿Pensabas que aquella residencia mental realmente
era Londres?
Morrison: Claro.
Hasted: Y ahora, ¿piensas diferente?
Morrison: Bueno, no. En realidad no.
Hasted: ¿Qué es lo que solías leer durante tu infancia y
adolescencia?
Morrison: Lo primero que recuerdo son los libros de Enid
Blyton. Y también leía cómics, empecé a leerlos bastante pronto. Recuerdo que
leía los antiguos cómics del Marvelman de Mick Anglo. Me acuerdo de uno en el
que aparecía el Barón de Munchausen. Me sentía algo inseguro leyéndolos, porque
durante aquella época enfermé. Me atacó una extraña fiebre con la que aluciné
sobre todo tipo de cosas inusuales, y ese cómic me atrapó de verdad. En
realidad no empecé a leer cómics hasta que fui al colegio, y allí gané un libro
de Enid Blyton como premio por un dibujo que hice de Sansón. Le puse un
sombrero de copa y me dieron aquel libro, algo qe hizo que repentinamente
tuviese la necesidad de leer y escribir más cosas. Creo que ese fue un momento
fundamental en mi carrera.
Hasted: ¿Cuántos años tenías en aquella época?
Morrison: Unos siete.
Hasted: ¿Qué tipo de cosas empezaste a leer después?
Morrison: Todos los libros que ha escrito Enid Blyton. Y
luego me gradué con los libros de “Los Tres Investigadores”, que estaban
aprobados por Alfred Hitchcock. Eran de misterio y de ciencia ficción.
Hasted: ¿Y qué leías de adolescente?
Morrison: Ahora me averguenza mucho. Montones de mierda de
Michael Moorcock, cosas de fantasía y de espada y brujería. Leí “El Señor de los
Anillos”, que me causó una honda impresión porque era gigantesco, y me di
cuenta de que había muchas cosas que desconocía y que Tolkien conocía a fondo.
Así que me comprometí a conocer todo lo que me fuese posible sobre mitología,
para poder entender mejor las cosas. Desafortunadamente, eso me lanzó a
absorber cualquier novela de fantasía mierdosa que se hubiese publicado alguna
vez.
Hasted: ¿Dónde solías leer los cómics?
Morrison: Mis padres solían tener cómics en casa, porque
eran bohemios y radicales, y les gustaba cosas del estilo, que es algo que está
más allá de los límites paternos de cualquiera que yo conozca. Mi mami era una
gran seguidora de la ciencia ficción, y también tenía viejos Jack Kirbys,
números de los Cuatro Fantásticos. El Dr. Extraño también estaba por allí. El
hermano de mi mamá, mi tío Billy, realmente estaba muy metido en el tema. Pero
yo no empecé a coleccionar cómics hasta que tuve doce años y fueron como
sustitutos del sexo, lo que supongo que también serían para la mayoría de la
gente.
Hasted: ¿Leías algún tebeo británico?
Morrison: Como cualquier niño que haya crecido en
Inglaterra. Me leía todos los cómics ingleses, pero tan sólo eran una parte más
de mi vida. No eran nada que me obsesionara, como sí que ocurre cuando coleccionas
cómics americanos.
Hasted: ¿A qué se dedicaban tu papá y tu mamá?
Morrison: Mi mami era secretaria y mecanógrafa, y mi papi
tuvo una sucesión de trabajos de todo tipo mientras se peleaba con el Gobierno.
Hasted: ¿Es verdad, como contaste en el último episodio de
Animal Man, que tuviste un amigo imaginario cuando fuiste niño?
Morrison: Claro, claro.
Hasted: ¿Y era importante para ti?
Morrison: Supongo que ahora me parece más importante de lo
que fue en realidad. Pero tuve un amigo imaginario que se llamaba Foxy; y en la
etapa en la que tuve esas alucinaciones y esa fiebre, todo lo que alucinaba
tenía que ver con zorros. Desde entonces, sencillamente he asumido que es como
una especie de tótem personal, y para mí, dichas experiencias se convirtieron
en algo que intentaba decirme una cosa importante. Porque lo recuerdo de forma
muy vívida. Puede que la televisión se encendiese sola durante la noche y los
zorros entraban en mi habitación y veían las noticias, y yo podía verlos
correteando por allí. Obviamente, dicha imagen tiene que tener algún tipo de
significado, pero todavía no he descubierto cuál puede ser. Supongo que es algo
parecido a lo que les ocurre a los Indios cuando atraviesan sus pechos con ganchos.
Hasted: Ya como adulto, ¿te divertiste incluyendo a Foxy en
la serie?
Morrison: Oh, por supuesto. Simplemente el hecho de poder
tratar con ese tipo de material es una recompensa inmensa. En realidad, al
final de Animal Man hice lo que realmente quería hacer. Cuando era niño creía
que el zorro vivía en aquellas colinas, y que podría ponerme enfrente de ellas
para hacer señales. Y realmente volví allí de adulto y lancé las señales, y tal
y como ocurre en la serie, nadie me replicó.
Hasted: Al sacarlo en el cómic, ¿crees que era como si
estuvieses intentando resucitar a Foxy?
Morrison: No lo sé. Creo que era algo más intelectual.
Aunque también pensé que había contactado con algo importante, pero que
obviamente era muy diferente de lo que sentía cuando era niño, cuando ese tipo
de cosas te pueden parecer algo inmenso.
Hasted: La única serie que has ambientado en Glasgow es
“Bible John”, en la que se analizaba un asesinato. ¿Qué opinas ahora del guión?
Morrison: El tebeo está ambientado en Glasgow porque odiaba
la escena de novelistas que se puede encontrar allí. Odio el hecho de que a
todo el mundo que vive en Glasgow se le
ofrezca escrbir sobre “la vida en los bloques”, o “los días en la cantina del
astillero”. Todo es como muy artificial y paródico. Hay un nivel completo de
pura nostalgia mierdosa atado a la escena novelística de Glasgow. Por el
contrario, yo siempre he intentado llegar a un público más internacional, y me
gusta hablar sobre un rango de cosas mayor. Aún así, quería escribir al menos
una vez sobre algo que hubiese ocurrido en Glasgow.
Hasted: La forma en la que aparece representada la ciudad en
“Bible John”, o por lo menos la forma en la que la dibuja Daniel Vallely, es
muy grisácea, toda la gente y los lugares que aparecen se ven como muy
apagados. Hay desperdicios por todos lados. ¿Realmente ves la ciudad de esa
forma?
Morrison: Bueno, en su mayor parte se parece a lo que sale
representado. Obviamente llevo aquí toda la vida, así que soy capaz de ver los
matices que otra gente no podría ver. Pero supongo que la impresión que produce
la ciudad es como si fuese un gigantesco cadáver moribundo, y supongo que esa
es la sensación que intentábamos ofrecer en las páginas del cómic. Cuando
estuvimos investigando para hacer el título y visitamos los lugares donde se
produjeron los asesinatos tuvimos la terrible sensación de que todo estaba como
demasiado apagado, como si todo el mundo se hubiese quedado en su casa.
Hasted: En ese momento, ¿es como si creyeses que alguien
podía entender esa sensación cadáverica?
Morrison: Lo pensaba. Siempre hay como una especie de
glamour pegado a los lugares echados a perder y en proceso de descomposición.
Me interesan las fábricas cerradas y las máquinas que se están pudriendo allí,
y de nuevo, tampoco estoy muy seguro de por qué. Pero son imágenes que, de
alguna forma, me resultan potencialmente interesantes.
Hasted: Para ti, ¿esa es la diferencia entre Glasgow y otros
lugares de Inglaterra? ¿Esa falta de vida?
Morrison: Bueno, no es algo tan cercano. También se puede
encontrar en más lugares. Hay partes de Manchester en las que me siento como en
casa. Acabo de llegar de Katmandú y te aseguro que es un lugar que parece como
si hubiese caído la bomba atómica y todo el mundo estuviese intentando seguir
hacia delante. Pero de nuevo, tuve esa verdadera sensación de “Bueno, el sitio
es muy reconocible. Puedo reconocer todos esos sucios charcos de agua estancada
donde los niños juegan con las ratas.”
Hasted: ¿Te gustó?
Morrison: Claro, claro, e incluso me gustó el persistente
olor a curry y a meados que asfixian toda la ciudad. De alguna forma, me
resultaba familiar.
Hasted: ¿Tuviste noticia de los asesinatos de “Bible John”
en el momento en el que sucedieron?
Morrison: Claro. Ese es uno de los motivos por los que
quería hacer el cómic. Supongo que la mayor parte del material proviene de mi
propia infancia. En aquella época estaba leyendo demasiados libros de misterio
de Los Siete Secretos y de Los Cinco y mis amigos y yo decidimos averiguar el
paradero del asesino. Solíamos seguir a tipos de aspecto sospechoso, la mayoría
mormones, que eran inocentes de todo excepto del hecho de ser mormones. Y como
iban vestidos de traje y el asesino llamado “Bible John” era conocido por
vestir con traje, de forma muy pulcra, seguíamos a estos tipos y apuntábamos la
matrícula de sus coches. Pero obviamente no sacamos nada en claro. Así que el
cómic fue como una forma de hablar de todo ello y de intentar resolver los
crímenes.
Hasted: ¿Cuántos años tenías en aquella época?
Morrison: Cuando empezamos a seguir a aquella gente tendría
unos ocho años.
Hasted: Al caminar por los lugares donde se habían producido
los asesinatos, ¿se respiraba esa resonancia que les das en los guiones?
Morrison: Claro, por supuesto. Estaba intentando ser tan
honesto como fuese posible, y quería describir bien todos los hechos que
ocurrieron en aquel momento. Como nadie nos creía, también hicimos una especie
de sesión de espiritismo. Para uno de los capítulos dijimos: “Bueno, hagamos
algo que no se haya nunca, hagamos una sesión de espiritismo y veamos la
información que podemos recoger.” Y la hicimos, y yo comuniqué exactamente lo
que ocurrió en ella, aunque finalmente nadie me creyese. A la gente le resulta
muy difícil tratar con ese tipo de cosas.
PUNK
Hasted: En 1976 tenías 16 años.
Morrison: Claro.
Hasted: ¿Tuvo el punk algún impacto en tu vida?
Morrison: Total. Por completo. Fui transformado por
completo. Supongo que también le ocurrió a un montón de gente.
Hasted: ¿Te considerabas un punk?
Morrison: Claro, claro. Y probablemente aún me lo considere,
algo que después de todo me parece trágico.
Hasted: ¿Querías ser una estrella del rock n´roll?
Morrison: Oh, por supuesto. Poco después formé un grupo y
estuve tocando durante unos cuántos años.
Hasted: Y de alguna forma, ¿te gustaría ser ahora una
estrella del rock?
Morrison: Claro. En aquella época creíamos que cualquiera
que pasase de los 23 años estaba muerto, y mi actitud aún es la misma. Así que
no creo que haya forma de que me guste Phil Collins. Prefiero guionizar cómics.
Pero si has hecho algo parecido, si has tocado la guitarra y cantado, habrás
disfrutado de una experiencia que nunca podrías obtener en otro sitio, porque
es muy directa. Si estás frente al público y cantas las canciones que tú mismo
has escrito, obtendrás una respuesta inmediata: o bien saltan arriba y abajo o
bien te arrojan botellas de cerveza. Realmente me gustaba mucho actuar y lo
hecho mucho de menos.
Hasted: ¿Saliste de gira alguna vez?
Morrison: Nah, tocábamos por los alrededores de Glasgow.
Hasted: ¿Os sentíais parte de algo importante por el hecho
de tocar, algo que era más excitante que el cómic?
Morrison: Claro. Claro, definitivamente diría que sí. Creo
que tocar en un grupo es una experiencia realmente tribal, en realidad lo que
obtienes es adrenalina. Así que pienso que no hay muchas cosas que se le
parezcan. Y además, al acabar de escribir el guión de un comic-book, no hay
chicas que te salten encima.
CAPTAIN CLYDE
Hasted: ¿Qué es lo que te hizo empezar a guionizar cómics?
Realmente, a finales de los Setenta, no era una profesión que estuviese muy
ligada al rock n´roll.
Morrison: Bueno, pensando en ello, creo que siempre he
querido escribir. Cuando era adolescente escribí un par de novelas, porque me
interesaba mucho la escritura. Hablé con una agente de Londres, pero cuando se
las leyó se dio por vencida porque eran las típicas novelas de estudiante, y no
creo que hubiese habido forma de sacarlas adelante. A continuación se empezó a
editar la revista Warrior. En aquel momento hacía años que no leía cómics. Las
cosas que estaba haciendo Alan Moore parecían lo suficientemente interesantes
como para pensar que hacer cómics quizá tuviese algún tipo de valor, y ese era
el tipo de obras que me interesaba hacer, porque eran cosas mucho más
apropiadas para el medio de los cómics que para el de la literatura. Eso es lo
que me hizo empezar a crear cómics.
Hasted: Tu primer trabajo fue publicado en Near Myths. ¿Qué
era Near Myths, qué hiciste allí?
Morrison: Eso fue en una época en la que a algunos cómics se
les llamaba “ground-level”. Era un concepto donde podías hacer cómics tomando
prestados los mejores elementos de los cómics “underground” y los casabas con
lo que hace que la lectura sea más accesible a un lector de cómic “mainstream”.
En realidad era un recipiente para el desastre. Pero para mí, el que alguien me
ofreciese diez libras por página era algo que me parecía fantástico, porque en
aquella época estaba cobrando el subsidio de desempleo. Lo que hice para ellos
fue una serie llamada Gideon Stargrave, que era una copia del Jerry Cornelius
de Michael Moorcock, pero que estaba escrita bajo mis propios términos.
Hasted: Luego empezaste a trabajar para DC Thompson,
editorial que por lo general mucha gente recuerda como un lugar de verdadera
esclavitud.
Morrison: Bien, supongo que lo era. En realidad yo no
trabajaba en las oficinas, pero por lo que he oído de la gente que sí que
estaba allí, al principio era un lugar fantástico que arraigó en 1930. Las
jerarquías que controlaban DC Thompson no aceptaron que la empresa llevase la
escalofriante cifra de cincuenta años en el negocio, y eso es algo que me
resulta fascinante. Me gustaba el mundo que llegaron a crear en sus
publicaciones: una Escocia totalmente chiflada con pequeños niños sonrientes
que jugaban al fútbol y que le quitaban el casco a la policía.
Hasted: ¿Te resultó fácil escribir para ellos, teniendo en
cuenta el extraño ambiente que se vivía allí?
Morrison: Bueno, lo que hice para ellos eran historias
espaciales para un nuevo título llamado Starblazer que lanzaron debido a que
Star Wars se había hecho muy popular dos años atrás. De nuevo, me lo pasé muy
bien porque me pagaban por hacer todas esas cosas y me resultaba raro pensar que
me estaban pagando por escribir guiones. En realidad, incluso me permitieron
dibujar una de las series, algo que creo que fue uno de los mayores errores que
cometieron nunca, y además me pagaron 600 libras por hacerlo, lo que me sigue
pareciendo increíble.
Hasted: ¿Quién era el Capitán Clyde?
Morrison: Bueno, salió en la misma época. Mi papá se llevaba
bien con Govan Press, que llevaba una cadena de tres periódicos en Glasgow,
porque siempre les había ofrecido historias sobre sus actividades políticas. Así
que les dijo, “¿Por qué no dejáis que mi hijo haga algo para el periódico?” Y
al editor, que era un tío que se llamaba Colin Tuff, se le ocurrió la idea de
una serie de super-héroes llamada “Capitán Clyde”. Así que me ofreció el nombre
y tuve que inventar algo con él.
Hasted: ¿A qué se parecía?
Morrison: Sencillamente parecía un super-héroe. Lo que yo le
añadí y que resultaba único en la época era el hecho de que estuviese
desempleado. Se pasaba bastante tiempo cobrando el dinero del paro, pero
también peleaba contra super-villanos. Era un paso más hacia los super-héroes
realistas que llegarían más tarde, aunque creo que, obviamente, no fui tan
lejos como Alan Moore en Marvelman.
Hasted: Más o menos, ¿tenías trabajo en aquella época?
Morrison: Claro.
Hasted: ¿Y confiabas en aquello que estabas creando? ¿Te
sentías como si estuvieses a la cabeza de algún tipo de movimiento?
Morrison: Bueno, en aquella época yo estaba más interesado
en mi grupo. Tenía un amigo que se llamaba Tony O´Donnell, que actualmente
se encuentra haciendo una serie sobre
fútbol, y él fue quien básicamente estuvo enviándome cosas de la SSI y me decía
“¿Por qué no pillas ese curro?”, aconsejándome que no lo dejara. Continué
mandando propuestas y haciendo trabajos por los que nunca me pagaron para
revistas que nunca llegaron a aparecer.
Hasted: ¿Y dejaste de dibujar porque no te considerabas un
buen dibujante?
Morrison: Aaah, ¡esa es una buena pregunta! En realidad creo
que era bastante bueno, porque estuve dibujando “Captain Clyde” durante tres
años. Ahora mismo podría estar dibujando cómics en Image, incluso sin tener que
volver a aprender nada más. Lo único que no podría hacer ahora mismo es
entintar.
Hasted: ¿Y por qué no volviste a dibujar?
Morrison: Dejé de hacerlo porque me consumía mucho tiempo y
yo estaba más interesado en escribir guiones, y además no quería dibujar
ninguno de los mierdosos argumentos que me enviaba la gente. También pensé que
para hacer entender mis propias ideas era mejor que me limitase a guionizarlas.
Además, me resultaba más fácil conseguir trabajo de esa forma. Si les decías a
los editores que eras guionista-dibujante, sencillamente pensaban: “Aprendiz de
todo [Jack of all trades], maestro de nada.”
Hasted: Lo siguiente que hiciste fue para Warrior y Marvel
UK, creo que a mitad de los ochenta, que fue una época en la que hubo un “boom”
del cómic británico. Los medios estaban muy interesados en la historieta, había
muchos talentos mainstream por ahí. ¿Sentías como si estuvieses en un campo que
realmente tenía un potencial enorme, como si fuese un medio que estaba a punto
de explotar?
Morrison: En ese momento no. Porque en ese momento acababa
de entrar en Warrior, donde Alan Moore había saltado del barco y todo el mundo
estaba peleado con Dez Skinn. Sencillamente parecía como si el buque se
estuviese hundiendo. Llegué en el último número y me pareció como si todo lo
que yo tocaba se desintegrara. En realidad, ese sentimiento de que estaba
ocurriendo algo importante no apareció hasta unos años después, con obras como
“Dark Knight” y el Watchmen de Alan Moore, supongo que en realidad tan sólo
sería un mes más tarde. Pero en aquella época parecía como si la industria del
cómic inglés fuese una canoa que se estaba hundiendo lentamente.
Hasted: ¿Y eso no te aterraba?
Morrison: Bueno, como yo no tenía nada de nada, tampoco me
preocupaba gran cosa.
Hasted: Alrededor de la época en la que realmente se pudo
ver dicho “boom” (1986), hiciste los guiones de tu primer gran éxito, Zenith,
para 2000 AD. ¿Cómo es que 2000 AD contactó contigo para que les escribieses un
título de super-héroes?
Morrison: Porque les estuve fastidiando sin pararme a
respirar. Y entonces había una regla que ya no existe: primero, cada guionista
tenía que escribir un cierto número de historias de Future Shocks, y a
continuación se le ofrecía una nueva serie, y dicha serie siempre tenía que
estar creada por el editor. En este caso ellos querían un título de
super-héroes, y sencillamente lo que ocurrió fue que yo fui el único que
completó su etapa de aprendizaje.
Hasted: Me parece raro que hasta ese momento no hubiese
habido ninguna serie de super-héroes ingleses exitosa. Es uno de los elementos
de la cultura americana que no han logrado trasladarse allí.
Morrison: Sencillamente, creo que estaba asumido que era una
de esas cosas que los americanos siempre hacen mejor. Hacían coches más grandes
y mejores que nosotros y también hacían mejores super-héroes. Y a la gente
tampoco le importaban mucho.
Hasted: ¿Por qué tu super-héroe era una estrella del pop de
los ochenta?
Morrison: Porque quería hacer que fuese tan parecido a mí
como fuese posible. El personaje estaba interesado en las cosas que me
interesaban a mí, y también pensé en lo que ocurriría si yo fuese un
super-héroe. En aquel entonces, si decías algo parecido a “¿Qué ocurriría si
realmente yo fuese uno de ellos?” era algo que parecía bastante radical. Me
senté y empecé a trabajar bajo dicho presupuesto y entonces pensé, bueno, por
supuesto que ni intentaría salvar el mundo. Grabaría un montón de discos,
ligaría con muchas chicas y bebería un montón. Excepto que podría irme volando
a casa, en vez de tener que coger un taxi. Y eso es lo que realmente me
interesaba del personaje, y para el resto de la trama tan sólo tuve que unir
los puntos de cualquier cómic de super-héroes y hacer que luchase con otra
gente.
Hasted: En los bocetos que hiciste para Zenith, se parecía
mucho a ti.
Morrison: Claro. Esa era la versión original, y
sencillamente, tenía una foto mía ocmo base.
Hasted: ¿Pensabas que la serie tendría tanto impacto como un
título de super-héroes americano, o incluso el mismo que conseguiría una
verdadera estrella del pop?
Morrison: Eeh... no sé. Obviamente, cuando la estaba
haciendo pensaba que era muy buena y que funcionaba muy bien para la época, y
que yo tenía toda la razón. Trabajé más aquellos elementos que creía que
podrían interesar a la gente, y eso la hizo sobresalir mucho. Pero no tenía
ningún plan maestro, sino que sencillamente creía que la gente respondería bien
porque la serie estaba bien hecha, es tan sencillo como eso. No es Superman, no
es un personaje tan doméstico. Tampoco parecía gran cosa...
Hasted: ¿Qué tienen de bueno los super-héroes?
Morrison: Todo [risas.] Supongo que yo provengo de un
período específico en el que aquello que pensaba que estaba bien de los
super-héroes, no podía encontrarlo a mi alrededor. Y lo que entonces me gustaba
de los super-héroes era el hecho de que vestían con trajes ridículos, hacían
cosas absurdas y se convertían en hormigas. Ese tipo de cosas nunca ocurrían a
mi alrededor, así que cuanto me rodeaba no me interesaba mucho. Y quizá ese es
el motivo de que actualmente reaccione tan positivamente frente a las cosas que
me interesaban cuando era un crío.
Hasted: En Animal Man tenías una frase que decía: “todas las
cosas que nos importan muchísimo cuando somos jóvenes”.
Morrison: Claro... Sencillamente me encanta lo absurdo que
hay en todas esas cosas. No creo que sea necesario racionalizarlas.
Hasted: ¿También crees que hay un componente nostálgico
detrás?
Morrison: Bueno, cuando empecé a hacer cosas como Animal Man
era muy consciente del componente nostálgico, porque en realidad estaba
intentando desarrollar personajes que había leído cuando era joven. Pero de
todas formas, realmente no había ninguna nostalgia detrás. Estaba más
interesado en la pura maravilla absurda y chillona que se podía encontrar en
los personajes, y realmente despreciaba el tipo de enfoque reduccionista que
tomaron sobre el pasado. Incluso en cosas que parecían muy buenas en aquella
época, como Watchmen. Un montón de esas obras parecían reduccionistas y
miserables, e intentaban reducir todos estos conceptos hasta convertirlos en
rutinarios dramas humanos. Y no debería ser así, sabes, esto está hecho para
chavales, los cómics son algo extravagante, brillante, y creo que deberían
hacerse de esa forma, con imaginación y fantasía, y que deberían potenciar los
cerebros de los niños y adolescentes.
Hasted: Después de que Alan Moore hiciese Watchmen, algo que
parecía que iba a ocurrir era que todo el mundo se avergonzaría de aquello que
le gustaba cuando era pequeño. Obviamente eso es algo que a ti no te ocurrió.
Morrison: No, me sigue encantando todo ese material, y
entiendo por qué también a él le gustaba entonces. Y no creo que eso me haga
ser mejor persona, sino que es uno de mis más peculiares rasgos. Pero a pesar
del hecho de que Alan Moore se avergonzase de ello, siguió haciendo Miracleman,
que me encanta y que creo que es incluso mejor que Watchmen, porque es más
orgánica, deslabazada y ridícula, mientras que en Watchmen realmente estaba
echando un vistazo mucho más retentivo y estirado de las cosas.
Hasted: ¿Crees que toda esa supuesta madurez con la que
finalmente se estaban haciendo los cómics se ha convertido ahora en algo
vergonzoso, quizá debido al potencial que siguen teniendo los super-héroes?
¿Cres que se estaban tomando demasiado en serio?
Morrison: Bueno, es posible. Había caras avegonzadas por
todas partes, y todo el mundo se detuvo y dijo: “Empecemos a contar historias
sobre gente normal.” Pero eso es algo con lo que yo no conecto mucho, porque no
lo entiendo. Sería muy feliz escribiendo sobre mi vecino de enfrente, pero
también lo sería escribiendo una historia con Superman, si tuviese que hacerla,
y como guionista cada una de ellas me exigiría cosas diferentes, cada una de
ellas afectaría de forma diferente al lector, y tampoco creo que hubiese mucha
diferencia entre las dos.
(Continuará)












3 comentarios:
Gracias por la entrevista
Un super-héroe que cobra el paro y a la vez lucha contra supervillanos. Vaya ideaca más buena. Y qué actual. Quizás escriba un relato con ella...
Por cierto, gracias mil por tus traducciones. Estás convirtiendo este blog en una lectura imprescindible para cualquiera que sea amante del comic americano.
¡Gracias por todo!
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