martes, 10 de septiembre de 2013

COMENTARIOS SOBRE CRUMB 2: KIM DEITCH


COMENTARIOS SOBRE CRUMB. Varios autores ofrecen sus impresiones sobre Robert Crumb y su trabajo. Artículo aparecido en Blab nº3 (1988). Traducido por Frog2000. 1. JAXON

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2. KIM DEITCH [Kim Deitch es el autor de El Bulevar de los Sueños Rotos (La Cúpula), así como de cómics como "A shroud for Waldo" o "Hollywoodland", entre muchos otros. También estuvo trabajando durante los Sesenta en el influyente periódico "The East Village Other" y fue el editor del antológico magazine de tebeos Gothic Blimp Works.]

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No es que sin Robert Crumb no hubiese existido un movimiento de comix underground. El no inventó el comix underground. Es algo que puedo afirmar por el hecho de que alguna de la gente que yo conocía y yo mismo ya nos encontrábamos dibujando en periódicos underground antes de que fuésemos conscientes de quién era Crumb. Pero incluso sabiendo esto, casi parece como si en realidad sí que los hubiese inventado él. Así de grande fue el impacto que nos produjo. La primera vez que me fijé en su obra fue en un periódico underground de Filadelfia llamado Yarrowstalks. Más tarde me di cuenta de que ya había visto antes algunos ejemplos de su trabajo a lo largo de varios años en el Help! de Harvey Kurtzman. Pero en aquel momento, cuando me estaba leyendo el Yarrowstalks número uno, no conecté el trabajo actual de Crumb con su otra obra de los comienzos. 

El primer número de Yarrowstalks apareció a finales de primavera o a principios del verano de 1967. Yo ya era un veterano, con obra publicada desde hacía algunos meses, y estaba haciendo una tira de cómic llamada Sunshine Girl para un periódico underground llamado The East Village Other. No recibía una paga de forma regular, pero no era algo que me pareciese injusto. Esta tira era estrictamente material de novato. Había un par de tiras en ese número de Yarrowstalks, y recuerdo que me gustaron lo suficiente como para comprar una copia. Una de las tiras estaba protagonizada por Mr. Natural y Flakey Foont. En realidad recuerdo que me quedé impresionado cuando Mr. Natural decía la palabra "Joder". Lo único que era terriblemente remarcable era que nunca lo había visto antes en una tira de cómic. También tengo algún recuerdo borroso de cuánto me impresionó lo bien que dibujaba ese tío, Crumb. "Es bastante bueno", musité. Eso era todo respecto a esas tiras, eran bastantes buenas, legítimas. Y con lo que me topé rápidamente es con que no sabía ni la mitad. 

Un corto espacio de tiempo después apareció un tercer número de Yarrowstalks, Crumb había hecho la portada, el logo, y un buen número de tiras de cómic e ilustraciones en el interior. Todo era un material magnífico, pero aún no podía ver completamente el conjunto, si es que hablamos en términos de cuál sería el alcance que podría llegar a tener el talento de este hombre. Sin embargo, ya entonces parecía lo suficientemente impresionante. Y ese número en particular de Yarrowstalks tendría un gran impacto en mi propia situación, uno que desconocía al comprar la revista. 



Unas tres noches más tarde me fui hasta la oficina de The East Village Other. Era noche cerrada, así que estoy seguro de que había ido a encontrarme con la persona que recuerdo, Walter Bowart, el editor. Mis tiras estaban repartidas en aquel entonces a lo largo de media página del EVO (tal y como solíamos referirnos al periódico), pero en los dos o tres últimos números, había incrementado astutamente su tamaño, haciéndolas más largas con la intención de ampliar mi espacio. Estoy seguro de que sonará estúpido, pero la primera vez que pregunté si podía tener toda una página, el editor me respondió, "Si", pero lo que hice entonces fue cambiar y dibujar mis tiras aún más pequeñas, tan sólo ligeramente más largas que el tamaño de una postal vertical. De todas formas, había decidido que el hecho de ir cogiendo espacio furtivamente era una estrategia poco efectiva. Esa noche quería ver a Bowart, mi editor, con la intención de proponerle que me dejase tres cuartos de página. 

Encontré a Bowart en acción galvánica, supervisando los últimos preparativos del próximo EVO. Todas las páginas ya estaban listas en una larga fila con ocasionales espacios que estaban esperando a ser rellenados. Bowart escuchó mi apelación. Le seguí hablando según estaba desplazándose rápidamente de aquí para allá, supervisando los detalles de último minuto. Me resultaba difícil saber si estaba escuchando algo de lo que le estaba diciendo. Pero ciertamente lo estaba haciendo, porque cuando terminé mi alegato me dijo, "¡Dibújame unas cuántas tiras como estas y entonces te concederé toda una página!", y entonces miré hacia donde estaba apuntando, y para mi sorpresa, enfrente tenía una página completa de un cómic de Crumb. Era una de las tiras que había visto en Yarrowstalks, colocada y lista para salir en el siguiente número de EVO. Bowart la puso por las nubes y dijo que por fin había encontrado al historietista cabeza de ácido perfecto, pero yo apenas lo estaba escuchando, me había quedado pasmado.

Pronto el dinero por el que me había desplazado a New York City empezó a fluir en menor cantidad, y mi no-sueldo en el EVO empezaba a quedárseme corto. Tenía algunos problemas personales, y empecé a beber más y a estar más desanimado en general, y finalmente dejé de hacer tiras de cómic completamente. Empecé a buscar empleos de mala muerte en las agencias de trabajo que puede que me durasen un día, trabajos menores que en su mayoría estaban realizados por vagabundos. 

Entonces hice un montón de cambios radicales en mi vida. Empecé a tomar clases de yoga en un lugar que llevaba un swami con una larga barba gris y un vestido de color naranja brillante. Dejé de beber. Tenía un trabajo en correos que estaba bien pagado. E incluso empecé a tomar clases nocturnas de arte en el Instituto Pratt. Fue una época extraña. Gradualmente me fui convirtiendo en alguien más calmado y responsable, incluso de alguna forma era alguien más feliz, aunque no es que estuviese en mitad de una situación terriblemente creativa. 



Walter Bowart, el editor de EVO, había abandonado en algún momento su puesto, y la revista estaba yendo de mal en peor. Pero continué leyéndome cada número por una única razón: Crumb. Crumb había respondido a la entusiasta recepción que había recibido en EVO enviándoles una enorme pila de nuevas tiras. Estas tiras eran saltos en su estilo cada vez mejores y más largos que cualquiera de los trabajos suyos anteriores que había visto hasta entonces.  

Creo que el trabajo de Crumb tenía incluso el efecto de minar mi propia confianza como dibujante, porque estas nuevas tiras eran tan condenadamente buenas y entretenidas que no podía dejar de disfrutar con ellas. Me estaba volviendo un fan de Crumb entusiasta en detrimento de mi propio talento. En realidad era más que un simple fan, amaba esas primeras tiras. El efecto que tuvieron sobre mí, si hablamos en términos de mostrarme el camino hacia otras posibilidades que existían en el medio del cómic, me resulta difícil de describir. Simplemente me voló la cabeza. 

Una tarde me dejé caer por la oficina del EVO. Habían estado echándome una mano con un pequeño anuncio a través del que vendía unas chapas con un dibujo de uno de mis personajes, Sunshine Girl, y me pasé para recoger los últimos pedidos. Incluso aunque mi tira ya no aparecía en el magazine, los pedidos de las chapas aún seguían llegando con cuentagotas.

Mientras estaba allí fui asaltado por el nuevo jefe del periódico. Era un antiguo contable financiero llamado Joel Fabricant, conocido a veces como Jay Fab. El contraste entre Joel y su predecesor era muy marcado, por decirlo de alguna forma. Bowart era el típico niño de las flores hábil y bromista, y por otra parte Joel era una persona cruda y áspera que no se había leído nunca el EVO, votaba a los republicanos y sólo parecía jovial hasta que tenías que hablar con él. De hecho, me encontré casi de inmediato con que poseía una desconcertante honestidad. Aún no sé qué pensar sobre el hecho de que me hiciese pasar a su oficina ese día. Era alguien bastante hiperactivo y hablaba a través de altas e impacientes ráfagas entrecortadas. Me ofreció un cigarrillo, el cuál rehusé, y empezó a hablar. 

Todo se reducía a lo siguiente: se habían quedado sin tiras de Crumb. Estaba al corriente de que la calidad del EVO había descendido, y también sabía los correos que aún se mandaban al periódico por mi anuncio, así que quería que empezase a hacer de nuevo tiras de cómic para el EVO. Yo no estaba preparado para lo que me dijo. Aún estaba ajustándome a mi nueva vida y a mi nuevo trabajo asalariado. Así que empecé a decirle que realmente no había pensado en volver, pero Joel no aceptaría un "no" por respuesta.



De nuevo me ofreció un cigarrillo y le dijo a alguien que fuese a buscar a Spain. Yo había conocido a Spain hacía un año. El ya hacía ilustraciones para el EVO sin que se las remunerasen cuando yo estaba en plantilla la primera vez. Tan pronto como vino Spain, Joel empezó a describir la posición actual que ocupaba en el periódico. El estaba haciendo una tira de cómic semanal a página completa y algunas otras ilustraciones según se iban necesitando y también ayudaba de otras formas más. Por ello recibía cuarenta pavos a la semana. Hay que decir que no es que fuese algo sensacional, pero en 1968 la perspectiva de tener un salario garantizado por hacer una tira de cómic era algo que me parecía milagroso. Aún sigo pensando que es algo milagroso, incluso ahora. Y también había otros beneficios aparte de ese. Joel pagaba nuestros gastos en materiales artísticos, y teníamos el privilegio de poder tomar copas gratis en un club llamado The Steve Paul Scene, que se encontraba calle arriba. 

Si, así que más tarde empecé a beber de nuevo. Yo había conseguido evitarlo durante todo ese tiempo y ahora llevaba otra vez una pistola cargada en mis pantalones vaqueros. Y por mucho que me beneficiase hacer yoga, simplemente no parecía que encajase en aquello. Me había convertido en un bebedor, y en un estúpido dibujante de cómics. 

Trabajar para Joel fue toda una experiencia. Superficialmente era un bocazas y un bruto que podía patearte y de hecho te pateaba cuando pensaba que era necesario. Pero además era muy bueno en su trabajo como jefe y creo que fundamentalmente era alguien decente. 

Una semana alguien localizó una reseña en algún sitio sobre un nuevo cómic de Crumb, y ésta estaba revoloteando por toda la oficina. Era el primer número de ZAP, y junto con la reseña había dos páginas del cómic y también se incluía una dirección en la que por 25 centavos y un penique te enviaban una copia por correo. Envié el dinero inmediatamente.

Unos días después me llegó de vuelta. Para mi deleite, Crumb había dibujado un pequeño sketch de mi personaje, Sunshine Girl, en el sobre. Mientras estaba leyendo el ZAP me estuve partiendo todo el rato de risa. Bueno, ¿qué se puede decir de ZAP que no se haya dicho antes? Era, y sigue siendo, un comic book magnífico; el primero de muchos de uno de los grandes maestros del medio. 

Sería unos seis meses más tarde cuando me presentaron por fin a Crumb. Estaba en mi barriada de la Calle Dieciocho trabajando en mi tira semanal, cuando Spain, que era mi compañero de alquiler, llegó a la casa ¡y Crumb estaba con él! Estaba tan sorprendido que apenas podía hablar, pero fui capaz de tartamudear algo sobre lo mucho que me gustaba su trabajo.



Con el tiempo Crumb se convertiría en un buen amigo, algo que para conseguirlo en la actualidad tienes que ser decididamente optimista. En aquella época él viajaba con un pequeño banjo del tamaño de un ukelele, y en algunas ocasiones, en un abrir y cerrar de ojos lo cogía y empezaba a cantar arrebatado algunas canciones populares. En aquel momento estaba bien afeitado e incluso tenía el pelo bastante largo. Estaba muy cerca de convertirse en algo parecido a un hippie. Se quedó con nosotros un par de días, y llevaba consigo sus perennes cuadernos de bocetos. Era un tesoro repleto de espontaneidad, brillantez y entretenimiento artístico. Yo estaba anonadado. Nos mostró fotocopias de un comic book que había hecho antes del Zap número 1. Este cómic iba a ser en un principio el primer Zap, pero de alguna forma los dibujos originales se habían perdido. ¡De nuevo me quedé asombrado! Más tarde, Don Donahue, que era el editor de muchos de los cómics de Crumb, trabajó hasta conseguir unos negativos aceptables a partir de las manoseadas fotocopias, convirtiéndose éstas en el Zap número cero. 

Pronto Crumb se metió de nuevo en el EVO, volviendo a hacer allí cómics junto con Spain y conmigo, ¡y será mejor que te creas que Spain y yo nos reventábamos el culo a trabajar! 

En aquella época en el EVO había un gran alboroto. El antiguo editor, Walter Bowart, había vuelto a la ciudad. En un principio había dejado el EVO para casarse con una niña rica de Arizona (creo que era la nieta de Andrew Mellon), pero supongo que la vida fácil había terminado por aburrirle, porque de nuevo estaba intentando hacerse con las riendas del EVO. 

He olvidado los detalles, pero existía alguna razón para creer que tenía el suficiente peso legal como para hacerlo. Es más, estuvo haciendo mucho ruido acerca de la limpieza que iba a hacer en el negocio, y  se mencionó que la obscenidad de nuestras tiras de cómic era una de las cosas que necesitaban una corrección. Bueno, algunos condenados trabajadores del EVO querían que Walter volviese al negocio. Alguno se preguntaba qué que era lo que pasaría entonces con Joel, porque él había conseguido que el EVO tuviese una base financiera sólida y nos pagaba unos salarios con los que siempre podíamos contar. Sin embargo, Bowart era un tío que prometía mucho y en el que no se podía confiar del todo.

Iba a estar allí cerca de una semana, y los sentimientos anti-Bowart empezaron a aflorar fuertemente. Yo estaba tan excitado que dibujé un cómic atacando a Bowart y que quería que apareciese en el siguiente número de EVO. Conseguí que Spain, Crumb y Trina Robbins dibujasen pequeños cameos para aquella tira. Durante la noche del montaje, Bowart, que había oído hablar de la tira, se enfrentó conmigo y me dijo que quería verla. Yo estaba algo borracho, y se la mostré con chulería alcohólica. Walter se rió de corazón con la tira, pero no siguió riéndose mucho tiempo más, porque como yo sabía que iba a pasar, estaba gritándole prácticamente en la cara. Le dije todos los que habían participado en la revista. Era aterrador. Durante toda la larga semana, todo el mundo había estado poniendo a parir a Walter. Había sido maldecido de cualquier forma imaginable a su espalda, pero ahora, en mi enfrentamiento con él, sólo estábamos él y yo cara a cara.



No estaba seguro de si perdería mi trabajo o no, así que al día siguiente hablé de ello con Crumb y él se dio una palmada en la rodilla (tal y como suele hacer) y se rió. Afortunadamente para mí, poco después resultó bastante evidente que Bowart había abandonado su intento de adquisición. Más o menos un mes más tarde Crumb se mudó de nuevo hacia su base de operaciones en San Francisco. Se fue con su banjo-ukelele y con Spain detrás, asegurando que volvería en algún momento. Cada vez era más aparente que el verdadero futuro del comix underground se encontraba en San Francisco. A principios de 1969 hice una breve peregrinación hasta allí junto a mi novia, Trina Robbins. Crumb estaba en aquella época en Detroit dibujando Motor City Comics, pero su esposa, Dana, nos invitó a quedarnos en el apartamento que tenían en la parte de Haight-Ashbury de la ciudad. 

Por aquella época Spain también estaba allí en mitad de un viaje y fui a verlo. También conocí a dibujantes legendarios como Rick Griffin, S. Clay Wilson, Rory Hayes, Gary Arlington y Don Donahue. Por decir algo, ¡la atmósfera que se respiraba era muy excitante! Empecé a dibujar cómics para varias publicaciones de forma inmediata. Unas dos semanas y media más tarde volvimos a New York, pero prometí volver. 

No mucho después volví y me metí hasta las rodillas en el mundo de la edición de cómics. Vaughn Bodé había estado editando un cómic del tamaño de un periódico llamado Gothic Blimp Works para Joel. Yo ya había estado trabajando como uno de sus asistentes incluso antes de mi pequeño viaje a California, pero ahora Vaughn se estaba poniendo al día con el estilo de vida hippie. En otra época su apariencia superficial era la de un puritano. Y ahora, dos números después, iba a rescatar el antiguo proyecto. Antes de que supiese qué es lo que estaba ocurriendo me había convertido en editor, y tenía órdenes terminantes por parte de Joel de que tenía que conseguir más obras de Crumb. Eso suponía todo un problema. Al principio Crumb ya había estado planeando participar en Gothic Blimp durante su visita a New York. Pero Crumb quería hacer la revista en un tamaño normal. EVO ya había publicado un cómic en formato tabloide llamado Zodiac Mind Warp, pero había supuesto tal fracaso que aunque había estado dibujando otro cómic a tamaño diferente ese mismo año, no había conseguido que me lo publicasen. Cuando las objeciones de Crumb para conseguir que fuese editado en menor tamaño fueron rechazadas por Joel y Bodé, su interés en el proyecto se atenuó. 

Para mi primer número como editor conseguí que Crumb me hiciese de mala gana una portada. Me arrastré penosamente. En realidad no todo lo que hicimos en el Blimp fue tan malo. Pero yo aún estaba enfebrecido por lo que había visto en California, y en privado estaba haciendo planes para mudarme allí. 

Crumb volvió de nuevo a New York en el verano de 1969 con una actitud salvaje y enloquecida. Tenía una especie de sensación de poderío y estaba repleto de entusiasmo por el futuro y por hacer mejores dibujos que nunca. Mientras tanto, empezaron a llegar cómics underground desde San Francisco, uno detrás de otro. Algunos eran buenos y otros eran terribles, pero estaba claro que existía un "boom". ¿Cómo de claro? Bueno, te contaré algo. Según se iba acabando 1969 y Trina y yo nos estábamos preparando para nuestra aventura de San Francisco, lo mismo se les estaba ocurriendo a jóvenes dibujantes de cómic por toda la ciudad. Durante los seis meses siguientes la mayor parte de los dibujantes de cómic underground que conocía en New York habían peregrinado hasta California en lo que parecía una migración masiva, como si fuesen lemmings dirigiéndose hacia el mar. 



Me fui del EVO de buenas maneras, y continuaron enviándome copias a California. 

Crumb continuó con sus viajes nómadas, sacando cómics magníficos allí donde se encontrase. Quizá unos nueve meses después de que yo me marchase, él regresó a New York y muy poco después su dibujo volvió a aparecer en la portada de un EVO que recibí por correo. Pero sería la portada del número de la semana siguiente la que nunca olvidaría. En ella aparecía una foto de Joel Fabricant con una empanada derramándose por su cara, parecía como si hubiese matado a alguien. Había más fotos en el interior, y en una aparecía el autor que le había arrojado el pastel: Robert Crumb. Escuché por segundas personas que Joel había convocado una reunión y que era evidente que se había puesto muy desagradable. No me sé todos los detalles, pero Crumb le arrojó la empanada a la cara, aunque Joel NO había pateado el culo de Crumb. 

No mucho después Joel dejó el EVO, y honestamente, no sé hasta qué punto el incidente de la empanada tuvo que ver algo con ello. Pero alguien tuvo que comérsela. Cuando se marchó Joel dijo una frase extraña. Había gente que literalmente le había oído decir más de una vez: "Mi Dios es el dólar". Pero según estaba dejando el EVO, se dice que alguien había escuchado que murmuraba que quizá el dinero no lo era todo. Más tarde oí que el EVO estuvo brevemente a las órdenes de John Lennon y Yoko Ono. Pero no sé si es cierto. Sé que no sobrevivió más allá del régimen de Joel durante mucho tiempo. 

Resumir la influencia que ha tenido Crumb es algo que he de decir que resulta muy difícil. Es algo que va mucho más allá de la brillante calidad que ha tenido su trabajo a lo largo de todos estos años. Estableció unos estándares altos que también han tenido el efecto de estimular a que otros intenten ofrecer sus mejores esfuerzos. Es más, una y otra vez ha detenido su camino para alentar y ayudar a sus compañeros "artistas". ¿Qué más se podría esperar uno del líder de un movimiento artístico? Es un gigante en el mundo del arte contemporáneo, y considero un gran privilegio que en alguna ocasión mi trabajo haya salido impreso junto al suyo, así como haberlo conocido en persona.

Próximo: John Thompson

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