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martes, 17 de agosto de 2010

POR QUÉ ME GUSTAN THE FALL

Por Frog2000.

El hombre que se contradice. Ese es Mark E. Smith. 


"The post nearly man", como tituló a uno de sus discos en solitario, sigue sacando LP´S con una solvencia que desmiente su edad. Seguir la carrera de la banda podría enfrentarte a ti mismo. Sin la preparación, el tesón y las argucias de coleccionista necesarias, el intento de procesar los discos de los de Manchester se evaporarán como la niebla, serás derrotado, porque literalmente existen toneladas de canciones que ingerir. Como seguidor del grupo he tenido el placer de realizar exhaustivas búsquedas que podrían echar hacia atrás hasta al buscador con dedos sucios (limpien un poco, señores de las tiendas de discos de segunda mano) más pintado.

The Fall tienen cientos de canciones grabadas y editadas. Docenas de directos que se confunden con algunas de las portadas cutres con las que enfundan sus productos oficiales. Interesantes recopilatorios repletos de canciones que tan sólo han aparecido en singles de ínfima tirada. Singles exclusivos con demos. Maquetas de archivo. Y 28 álbumes oficiales. Producto tras producto apilado en enormes montañas de vinilo (y CD y DVD) hasta llegar al punto de tener que titular un álbum genuino THE REAL NEW ALBUM BY THE FALL. Además, como buen grupo mutante, y para haber sido acusados de ser técnicamente horrorosos, son capaces de ejecutar cualquier estilo de la música popular como si lo hubieran inventado ellos mismos. Sus tonadas se convierten en repeticiones mecánicas que ponen en solfa la estupidez actual. O agudos ataques rockabilly, o temas experimentales. ¿Qué tipo de experimentación? DE CUALQUIER TIPO. A veces se les ven las costuras y es cuando más me gustan. Otras veces tocan la mejor canción del mundo, perfecta y esquelética. Ajetreada y deslabazada. Inspiradora.

El cinismo de Mark E. Smith (“Rudo por siempre” es el título de uno de sus singles) va más allá del famoso temperamento inglés (casi podría decirse que la flema británica la inventó él, o por lo menos, la adaptó para la Era del Punk). La palabra cool no tiene mucho que ver con estos músicos que parece que han cogido las ropas más arrugadas de su fondo de armario para lucirlas en las fotos de promoción. Su ausencia de carisma anti-moda los convierte, como si se hubiesen convertido en la antítesis del emperador desnudo de la fábula, en uno de los pocos modelos a imitar en el agotado mundo del rock. Cuántas de sus canciones se parecen entre sí y cuánto me gustan. Cuántos los imitan y qué poco me interesan. Cómo chanan sus fotos de grupo, justamente porque no parecen uno.

Mark E. Smith es un bocazas, tiene el don de la diarrea verbal. Bombardea aquí y allá y acullá con opiniones que son casi clichés, las da la vuelta, apaleándolas. Siempre tiene una opinión para todo. Y siempre es interesante. Y mientras tanto, el resto del grupo parecen marionetas que entran y salen de la banda. Nada más lejos de la realidad. Cada disco de The Fall son sus músicos. Cada disco de The Fall es Mark E. Smith. Cuando tocan buenos músicos, The Fall saca el mejor disco de la historia. Si el grupo que respalda a Smith no es tan bueno, el disco se convierte en uno de culto.

He aquí algunos apuntes al vuelo de por qué me gustan tanto The Fall como para que ocupen una buena porción de espacio de mis cuarenta metros cuadrados habitables…

viernes, 9 de abril de 2010

¡SE ACABO! (2)



¡SE ACABO! (2)

Como prometí en los comentarios del primer ¡SE ACABO!, hablaré de algunos de los títulos de los que me he ido deshaciendo y de por qué he llegado a hacerlo.

Al coleccionista prototípico le pierde el espíritu “snob” que suele caracterizar al que lleva años en primera línea de fuego de un hobby. Ese gourmet que se sabe al dedillo lo que se edita este mismo mes, y también lo que se editó en marzo de 1995.

Muchas veces me sorprende que haya gente a la que le sorprenda que un título que reeditan ahora con tanta alharaca, ya descansase en mi estantería desde hace tiempo. Por ejemplo, ahora mismo, editan HICKSVILLE de Dylan Horrocks. Este título es un “sleeper” en toda regla que, como el buen vino, ha alcanzado la categoría de clásico moderno con el tiempo (se lo merece). Para la gente que lo rastreaba había desaparecido, era casi una leyenda. El santo grial. Para otros es un título nuevo que sale al mercado y del que habían oído hablar vagamente.
Es una gran noticia que se reedite un tebeo que hace avanzar al medio tanto como lo hace Hicksville (aunque sea durante una decena de meses, hasta que se agote la edición.)

Está bien ese “estar a la última” porque así no hay que comprar reediciones si éstas son un calco de la versión anterior.

Pero cuando el producto ofertado es uno que lleva continuamente en el mercado, empiezan las malas noticias. Daredevil de Frank Miller ha tenido cuatro ediciones y media desde que Fórum empezó con la colección del “cuernecitos”. Y muchas aspiraban a ser la definitiva.



Yo he tenido dos en las manos: la colección primordial, con la traducción que hizo que adorara el tebeo por encima de todos los demás de la época y la edición en tomo (con la misma traducción) que me hizo vender medio regalada la grapa (años después de dejarme el bolsillo temblando).

Luego apareció el coleccionable, pero no caí en la trampa en la que muchos aficionados solemos tropezar y dejé que otros lo compraran. Cuando la edición “refinitiva” de Panini llegó a las tiendas, mi presupuesto económico saltó por la ventana y empecé a comprar los tres primeros tomos. Era tapa dura, caray. Pero rápidamente me deshice de estos (hay que tener en cuenta que un cómic reciente se encarece nada más comprarlo). No me gustaba la traducción, aunque fuera mucho más acertada. Pero no era aquella que me había encandilado. Y no me gustaba el color porque yo quería cuatricomía, apariencia de papel barato: aspecto de cómic mal impreso que llegaba a muchos lectores.

Y tampoco sabía dónde iba a poner los flamantes tomos de tapa dura (en mi caso, debajo de la cama no es una opción adecuada, quiero que luzcan, poder verlos de un vistazo).

Este es un caso poco habitual. Das marcha atrás al iniciar una nueva colección porque no te convence la nueva edición. Aunque los antiguos tomos que conservas se caigan a pedazos. Tu sentido del rádar “snob” dice que tienes que tenerlo todo en perfecto estado, pero te puede la nostalgia. Pocas veces me ha pasado esto.



Generalmente y si me es posible, me contento con conseguir la antigua edición de un título en perfectas condiciones (¿cuántas grapas a tres euros he sustituido de la primera edición de La Patrulla-X de Fórum?. No lo sé y tampoco quiero pensarlo). La lógica dicta que con el crujiente fajo invertido una y otra vez en comprar lo mismo, me bastaría para adquirir el integral de “Las siete vidas del Gavilán”, pero aquí no estamos hablando de lógica, ¿no?. Sino de coleccionismo. De irracionalidad acumulativa. De sentirme bien porque mi colección esté en las condiciones que a mí me gusten...


(Continuará)

lunes, 22 de marzo de 2010

¡SE ACABO!



¡SE ACABO!

No, no me estoy refiriendo al blog. Se acabó mi paciencia a la hora de seguir el pulso de la actualidad en lo que se refiere al coleccionismo de cómics. Hasta ahora me ha sido (muy) problemático elegir entre todos los títulos apetecibles (o no) que se publican al mes en el mercado español, con o sin crisis. Siempre he llevado una lista encima con todo aquello con lo que no doy abasto (créeme, era mucho) y que tenía la intención de adquirir más adelante. Y nunca he sido capaz de borrar todos los registros, porque las imprentas no paraban de soltar material. Por fin me he dado cuenta de que la mayoría de lo que se edita es forraje. Incluyendo algunas de las cosas incluidas en mi lista. Incluyendo el tebeo que ESTABAS obligado a comprar.

Basura que ponen por las nubes las diferentes maquinarias publicitarias dirigidas hacia “los que estamos metidos en esto”. Es todo un problema, el de las “obras maestras” que se reproducen como setas, argucias dirigidas con segunda intención tan efectivas como el resto de anzuelos que se lanzan hacia el comprador de cualquiera de las otras disciplinas culturales/ productos de mercado. No voy a volver a hacer caso a ningún vendedor de humo.

Pero esto no es la mayor inmundicia que padece nuestra afición, no. El verdadero problema es que no existe una CRITICA real: que no abunden las personas con criterio contrastado y en las que se pueda confiar a la hora de juzgar en cuál de los títulos desconocidos merezca la pena gastar el dinero. Tampoco, un poco a rebufo de lo anterior, existe ninguna plataforma seria, unas revistas, que informen debidamente y que separen el grano de la paja y desguacen los productos sin valor. Los profesionales, que haberlos haylos, se ganan la vida como pueden y les dejan, y los blogs imprescindibles que pululan por la red se hacen con gran cariño y poco tiempo. No pueden con todo, claro.



Creo que en el mundo del tebeo no existe crisis de ningún tipo, y no la veo porque el cómic se ha convertido en otra opción “legítima” más que elegir para que gente con dinero, la masa con chequera a la que lo mismo le da El Príncipe Valiente que Persépolis, pueda cubrir su tiempo de ocio. Si durante los ochenta, los editores sobrevivían, ahora viven. Echa un vistazo a lo que se vende en librerías generales y dime cuán apretadas pueden estar las grandes editoriales. Venden toneladas de papel, te lo aseguro.

Y si un título no funciona, a otra cosa. Es uno de los indicios de que esto es poco serio, de que el mercado está liderado por piratas de todo pelaje, de que no se respeta al que debería ser imprescindible en su agenda, el que les da de comer: al comprador, sea habitual del vicio o no. Cada vez se dispone de más material cuanto más caro, mejor, y tan mal editado, traducido y maquetado que dan ganas de llorar. Cuando la historieta debería tener opciones accesibles para todo el mundo y también productos para el más sibarita. Y debería estar plagada de profesionales.

Si quieres juegos, películas o libros a precio comedido, puedes obtenerlos fácilmente, y observarás que la edición es competente. Que una cosa no quita la otra. En el mundillo del cómic, si quieres lo barato, compra lo saldado, mientras los libreros especializados se comen tiradas completas de errores, sujetos a las férreas reglas de distribuidores y editoriales. Y en muchos casos, si quieres algo concreto, sólo existirá una edición, con errores.

En este mundillo, si lanzan “Notas al pie de Gaza”, de Joe Sacco (muy bien editado, todo hay que decirlo) el precio será el mismo tanto ahora como dentro de cinco años (si es que no lo han subido un treinta por ciento o se ha descatalogado). Si se edita mal “All Star Superman”, de Grant Morrison, hay que esperar a una segunda edición para tener completo el tebeo. Y otras veces esto puede convertirse en una carrera contra el tiempo: lo que no compres este año, olvídate de conseguirlo al siguiente.
Y encima, debido a un mercado comprimido, en el que mandan cuatro editoriales que fijan los precios, las pequeñas también editan caro. A veces para sobrevivir y a veces, da la impresión, porque consiguen colar sus precios exorbitados.



Por otra parte, existe más oferta que nunca y esto es un problema para un consumidor omnívoro y con capacidad de discernir lo bueno de lo inocuo. Me gusta el manga, los super-héroes fueron mi primera televisión, los títulos underground están muy bien una de cada tres veces y el tebeo europeo que se está recuperando es imprescindible (Gil Pupila es un catálogo fidedigno de cómo hacer “narrativa gráfica”). Los autores españoles actuales realizan, en muchos casos, grandes obras (Endurance, de Luis Bustos, es brillante) y la recuperación del vasto legado del que sólo disfrutaban cuatro coleccionistas está a la orden del día (bendito coleccionable de RBA; y encima se anuncia una nueva edición de “Los doce trabajos de Hércules”, del increíble Miguel Calatayud.)

Dejé de comprar super-héroes hace un par de años, tan sólo sigo mensualmente Factor-X y Capitán América, del señor Brubaker, y algunos proyectos especiales (como el infame Marvels 2 o Catwoman, cuando aparece), pero la misma sensación denigrante que olí en los pijamas, el manga y el underground (no todo está hecho desde el alma), me empieza a golpear con los modernos productos franceses de Sfar y compañía (Émile Bravo es al único que compro a ciegas). Estoy harto de que no acaben sus series. Harto de que sean tan prolíficos como para no dar unos últimos retoques a su obra, pues el autor se debe a ésta, no a su público. Y lo que el artista idee, debería ser lo mejor que pueda conseguir. Sé que Sfar da para mucho, mucho más.

Por fortuna, con los avances tecnológicos actuales es muy fácil cubrir parte del vicio sin gastar un euro; probar qué hay de nuevo bajo el sol, si es que lo hay. Entre esto, enterarse por internet de cuál es el error de turno del mes, tener ojo avizor para no hacerse con el último hype y leer sobre cómic, además de leer cómics, tu criterio será el que impere. Y por fin podrás decir aquello de: ¡se acabó!

Se acabo esperar a colecciones que tan sólo se leen una vez. Se acabó comprar series que no van a completarse (¡Nexus!, ¡Krazy Kat!). Se acabó volver a adquirir lo que ya tenía en una nueva reedición más completa, en mejores condiciones. Se acabó el que casi no te dé tiempo a leer el montón del mes. Se acabó el que nos engañen una y otra vez con lo más de lo más, porque es lo más moderno. Más recuperaciones y menos impactos de última hora (¿oigo Mark Millar por ahí?) es una buena consigna. ¡Se acabó!

jueves, 17 de diciembre de 2009

miércoles, 18 de noviembre de 2009

BATMAN LIMITADO



El último número (el 28) publicado por Planeta del Batman de Grant Morrison incluye la aventura en dos partes “Extremaunción” y se revela como uno de los mejores guiones de toda la etapa del escocés junto con su divertido arranque “Batman e hijo” y “The Black Glove”, el segundo acto. Y es tan superior gracias a la vivisección de la mitología del murciélago estructurada en pequeños cortes de una a cinco viñetas que se lleva a cabo en los dos primeros tercios de la historia. Me descubro la cabeza, sobre todo ante el humor que se disfruta en alguna de las anécdotas. Podrían ser un buen epílogo de los 682 números anteriores.

Pero también, sí, es una de las peores chapuzas del autor de los Invisibles por culpa de su continuará; un burdo intento de dirigir al lector hacia la Crisis Final. Sea por imposición editorial o por decisión personal del escritor (también autor de dicho super-evento), esto no se hace.



Grant Morrison ha conseguido dar coherencia a absolutamente toda la hagiográfica saga de Batman (desde su comienzo en Mayo de 1939, nada menos, hasta su aberrada etapa de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, donde Batman viajaba fácilmente al espacio seis o siete veces por año para arreglar Marte o Venus, o se daba de tortas con otros locos entre maquinaria gigante; o incluso se disfrazaba con uniformes de todo tipo creados para una función específica y cada función era más estúpida, dentro de su propia lógica, que la anterior, y etc), como digo, ordenar todo esto ideando el encierro voluntario por parte del protagonista en una cámara de aislamiento con el objetivo de preparar aún más su mente y convertirse en el mejor soldado del mundo, explicando que muchas de las aventuras más insólitas fuesen alucinaciones producidas por el prolongado confinamiento, tiene mucho mérito. Y que todo este esfuerzo milimétrico se quede a medio gas es un palo muy gordo; todo por la ineficaz intentona de ilustrar un cómic sin ingenio, sólo por cobrar y a tirar millas (un caso parecido al del capítulo final de la serie limitada “Círculo de Sangre”, del Castigador, en el que se prescindió de Mike Zeck por culpa de las apretadas fechas de entrega) .



El Batman de Tony Daniel demuestra de forma aplastante que la historieta no es lo suyo y que quizá debería trabajar de Presidente de su País o sirviendo pollo en un KFC. Yo me di cuenta sobre todo, durante el esfuerzo adicional que me supuso la lectura de Batman RIP, y no sólo por los encuadres espantosos sino también por la brutal nulidad característica y reconocible en su estilo heredado de la época Image, en el que el inmundo dibujo es disonante respecto al guión. También me intentaba imaginar cómo podría haber sido esto en manos de otro con facultades (el plano amenazante insinuado por aquí, el erotismo que se atisba en esa viñeta, la desesperación del personaje que adivinas por allá) y se me hacía la boca agua. Puede que en una colección que hay que hacer llegar a sus compradores freaks sea como sea no importe tanto quién esté a cargo del aspecto visual, pero recordemos que los primeros guiones del calvo los rubricaban Andy Kubert, John Van Fleet y J.H. Williams III. El primero no es exactamente mi favorito, pero se descifra lo que cuece. El tercero es el típico dibujante que enaltece una obra, sin epatar, y el segundo ilustra acertadamente un relato en el que Morrison hecha los restos y convierte al Joker en el post-moderno definitivo. Ese tipo al que todo le da igual, se la suda matar mientras redunde en su propio placer y lo mismo podría montar una empresa de trabajo temporal.

Batman RIP causa la misma frustración que ir a ver un algo de Warhol y que te den otro algo de Piero Manzoni. Pero Tony Daniel no sabe lo que se hace mientras que Piero y Warhol lo saben muy bien, esa es la amarga diferencia.

Así que en el último número de Batman antes de Batman y Robin (¡y lo de Neil Gaiman!, ese bluff), con el clon del clon de Tony Daniel de turno al ¿dibujo?, se acaba toda la saga, empieza la nueva y Morrison no da ningún signo de agotamiento por enésima vez a pesar de las trapacerías de los de los lápices.

Por favor, que alguien limite a los limitados. Eso que saldríamos ganando.

jueves, 8 de octubre de 2009

ESTO ES PUBLICIDAD



¡QUIERO ESTO!
Hay veces que nos obsesionamos con vídeos, cds u otro material de nuestros grupos favoritos imposibles de conseguir. Nos tiramos de los pelos porque TENEMOS que poseer la copia del concierto que dichas bandas dieron en Groenlandia. A partír de ahora puede ser más fácil de lo que parece si visitas ésta página...

martes, 28 de abril de 2009

YA LLEGÓ.




¿Crisis?, ¿qué crisis mundial ni qué pamplinas?. Lo fuerte es lo que ya ha llegado. Lo más sensato lo he leído aquí.

lunes, 6 de abril de 2009

ZOMBI, GUIA DE SUPERVIVENCIA


Desde hace año y medio y paulatinamente la sociedad se está colapsando. 

Primero fueron los alimentos. Antes se podían encontrar en los supermercados y aunque eran de ínfima calidad, había donde elegir. Ahora los humanos acaparan lo poco que queda mientras la carne enlatada desaparece de las estanterías como por arte de magia. Hay casos (no reconocidos oficialmente) de canibalismo en una misma familia.

Algunos recordarán cuando se podía ir al banco para alquilar durante treinta, cuarenta o incluso cincuenta años los cuarenta metros cuadrados de vivienda digna que nos correspondían como demócratas y, si se quería, con lo que sobraba se adquiría un coche de gama media-baja para poder ir a visitar a aquellos parientes que viven en la otra punta del país. Ahora la plaga Zombi inunda las calles, dejando a los automóviles inutilizados y a las personas con la única opción de ocupar viviendas deshabitadas para poder tener un espacio al que llamar hogar.

Pocos se atreven a transitar por unas avenidas abarrotadas de seres sin alma en las que en cada esquina acecha un peligro y lo hacen sólo para agenciarse lo imprescindible. Es más barato (y más seguro) utilizar el transporte público que desplazarse en coche, aunque haya que ir fuertemente armado.

Y hay que dar gracias al más alto poder porque la televisión aún emita divertimento tras divertimento barato, pues estamos en una época en la que pasar meses enteros encerrados en casa puede ser la única opción de perdurar.

La escasez de productos hizo que el manual para sobrevivir a esta crisis a nivel mundial pasase desapercibido cuando se editó y sin embargo ahora se cotice muy alto por cualquiera con el mínimo interés por vivir en un mundo que ha caducado.
Max Brooks, el iluminado que escribió el sleeper que ha terminado convirtiéndose en libro de éxito, relató ácidamente las pautas para seguir con vida en días tan inciertos como los que se nos han venido encima. Fue uno de los pocos que vislumbró el futuro y vio que era malo.Tirando de Wikipedia se puede observar que Max es hijo de un cómico del calibre de Mel “tostoncete” Brooks y de la actriz Anne Bancroft. Bregado como guionista en Saturday Night Live, al autor se le ocurrió la genial idea de fabricar “Zombi, guía de supervivencia”, un manual para no ser comido por las víctimas de la terrible plaga.

Escrito desde un punto de vista realista (el autor se leyó algunos manuales del ejército americano) y con algunos párrafos redactados de forma que la carcajada es instantánea, pues el tema no puede ser tratado de otra manera, la guía es la enésima estupidez para pasar un buen rato, poco nutritiva excepto para el freak del tema o para los adictos a la ciencia ficción más socarrona. El lector casual se echará unas risas y almacenará el libro para una futura relectura que nunca llegará. A no ser que le ataque un zombi, claro.

Max ha seguido exprimiendo la teta de su musa con “Guerra Mundial Z”, al que desafortunadamente no he podido hincar el diente. Pero el anuncio de su próximo trasvase a la gran pantalla (2010) logrará la ansiada edición en bolsillo, donde podré comprobar si los críticos de blog de medio mundo están en lo cierto y Max Brooks sigue con la mala leche y la insustancialidad intactas.

viernes, 6 de marzo de 2009

¿VAS A IR A VER WATCHMEN?



Watchmen, la colonia, la baraja de cartas. Watchmen, un tebeo no, una novela gráfica. Watchmen, vaya pinta que gasta el tal Alan Moore, qué loco parece en la contraportada de la última edición. Watchmen, el abismo para la gente que no lee. Watchmen, la obra de arte descubierta más de veinte años después. Es como si desenterrasen ahora la Mona Lisa o apareciese el Quijote en un desván por primera vez. Watchmen, la película para retrasados mentales adictos a la velocidad. Watchmen, la brasa que nos dará el iletrado de turno por culpa de Zack. Watchmen la va a ir a ver su puta madre.

viernes, 12 de diciembre de 2008

REAL LIFE SUPER-HERO (Y NO ES CARNAVAL)



Frunobulax rescata un sorprendente artículo de su antiguo blog en el que habla de los super-héroes que existen en nuestra realidad.

Mark Millar (Wanted, Ultimates) y John Romita Jr. colaboran en un cómic inspirado por estas gentes: Kick Ass.

La foto es de Laserskater, uno más de esos humanos impulsados a hacer que nuestra vida sea mejor.

Galería.

Información en la wikipedia.

viernes, 17 de octubre de 2008

NINE POUND HAMMER



Dos mil rednecks coreando el country punk asesino de Nine Pound Hammer, un recuerdo de mis años mozos...
Corea tú también aquí.

jueves, 22 de mayo de 2008

INDIANA JONES

Para mí Indiana Jones fue siempre un tipo hecho de bits, pues nunca pude ver ninguna de las tres películas de la saga en el único cine de mi pueblo y cuando las echaron en la tele siempre tenía algo mejor que hacer. 

Sin embargo sí que jugué a Indiana Jones and the Fate of Atlantis, abortado argumento para una cuarta película que extendiese la trilogía y que se convirtió en video-juego para mi 286, entonces una máquina potente a la altura de Hal-9000. 

Durante el reinado de las aventuras gráficas (que para mí empezó en 1991 y acabó en 1997) los mejores juegos fueron los de LucasArts, destacando la aventura del arqueólogo sobre el resto de productos de la casa. Y eso que los otros juegos eran todos de bandera: Sam y Max, Maniac Mansion, Day of the Tentacle, la saga de Monkey Island.

Los gráficos del juego eran los típicos de la empresa, funcionales. Pero tampoco se buscaba deslumbrar al comprador sino hacerle un adicto a la pantalla, pues los juegos de entonces enganchaban una burrada y una vez quedabas hechizado no podías hacer otra cosa que jugar y jugar hasta que llegabas a los habitualmente decepcionantes finales. Pero de lo que más me acuerdo es de la famosa sintonía de la película que, traspasada al speaker del PC, sonaba de aquella manera pero emocionaba. Para mí la música de Indy siempre fue ese soniquete lo-fi.


Creo que a los chavales de entonces nos gustaba más leer que a los zombies de las consolas actuales, y es que hay que recordar que las Aventuras Gráficas se basaban en su mayor parte en ir avanzando por la trama a base de diálogos, siendo especialmente caudalosos los de LucasArts. Esto nos marcó a unos cuántos, que buscaríamos para siempre los argumentos elaborados por encima de la acción descerebrada sin más.

Así que The Fate of the Atlantis (que se puede conseguir fácilmente en cualquier página de Abandonware) fue mi Indiana Jones, al igual que mis primeras Guerras de las Galaxias fueron las de los tebeos que editó Fórum en sus comienzos. 

Años después “Las Llaves de Atlantis” conocieron su versión de historieta pero no era muy allá. El típico producto de explotación para coleccionistas de basura (hoy desluce orgullosa en una de mis estanterías).

En los últimos años ya me he puesto al día con las famosas aventuras de Jones y espero con igual ansiedad que el resto de seguidores el día del estreno de la cuarta. Y aunque todos sabemos lo mamonazos que pueden llegar a ser tanto Lucas como Spielberg, estoy seguro que esta vez no nos van a fallar, pues ellos mismos son fanáticos de su creación.

miércoles, 9 de abril de 2008

ELOGIO DE EL VIBORA.

¿Muerto el perro, se acabó la rabia?. Nadie lo diría, viendo que La Cúpula se ha (re)convertido en una flamante editora de Novelas Gráficas. Pero sus fieles compradores echamos de menos algo que aglutine a unos cuantos autores de postín y algunas opiniones interesantes en un formato un poco más económico.

El Víbora desapareció con su número 299 en diciembre de 2004, habiéndose batido el cobre en las trincheras del quiosco durante dos décadas y media.
Unos meses antes, el número 289 no estaba engalanado con una de las tiparracas con cuerpo de infarto que habitualmente nos encontrábamos en la portada y que no por tradicional era menos cutre, sino con un escueto, explícito “¿El Fin?” que pregonaba a los cuatro vientos que los buenos tiempos se habían acabado.

Superviviente de unos ochenta en el que los magazines de y sobre historietas (Cairo, Zona 84, Cimoc) campaban a sus anchas por los hogares españoles, haciendo de la lectura un hábito y del síndrome de Diógenes una virtud, tuvo competidores como Makoki o El Jueves, pero nunca fue desbancada como reyezuela del trono underground que se había ganado a pulso. Porque El Víbora era una revista moderna, mutante, que creció con los sucesivos relevos generacionales de sus lectores y atendió diferentes campos de expresión que los cortos de miras enfrentaron entre sí con estériles debates acerca de qué era mejor, si la línea chunga o la línea clara. En la revista del ofidio cabían todos los estilos.

Nacida en el submundo cultural barcelonés de los setenta, del que surgieron manifestaciones tan nutritivas como La Banda Trapera del Río o la revista Star, El Víbora (que en un principio iba a llamarse Goma-3)fue digna sucesora del “heroico” fanzine El Rollo Enmascarado, secuestrado por el Ministerio de Información y Turismo y absuelto en 1974. Muchos de los que participaron en dicho “Rollo” también plasmarían sus obsesiones éticas y estéticas en el primer retoño editado en La Cúpula de José María Berenguer, y financiado por un avispado Toutain, en aquel lejano año de 1979.

Ya en su primer número el subtítulo “Cómix para Supervivientes” anunciaba lo que sus responsables se traían entre manos. En sus páginas transitábamos de una historia a otra (en acelerado carrusel non-stop) sobrevolando fabulaciones sobre la realidad más descarnada, sumergiéndonos en arriesgados cruces entre el tebeo para marginados y la “marca de calidad” a la europea y golpeándonos contra un divertido surrealismo heredero de la primera Contracultura americana. Precisamente durante esta su primera etapa (hasta el número 70 u 80) El Víbora fue la heredera española de aquellos Anarchy Comix y Zap Comix que se erigieron en la otra forma de comunicación que ingeniaron los hippies a espaldas del Sistema.

Echando un vistazo a la plantilla de la primera época observamos que la revista ha sido la columna vertebral en la que se apoya el cómic español actual y que incrustó (a mazazos) la querencia por los autores menos comerciales del underground mundial. Firmas como Max, Nazario, Gallardo y Ceesepe se dieron la mano con los mejores descubrimientos de la explosión alternativa americana representada por los Hermanos Hernández, Charles Burns y Robert Crumb, pasando por la calidad sin enconsetar y con mayúsculas de Muñoz y Sampayo o apuestas tan arriesgadas en su día como las fábulas morales del genial Tatsumi, uno de los primeros autores japoneses publicados en nuestro país y que demuestra que la amplitud de miras de la editorial iba un poco más allá de la sempiterna cultura yanki.

Después de una etapa de transición entre sus números 81 a 140, en el que la publicación navegaba entre la antigua línea editorial y la búsqueda de un golpe de timón renovador, la aparición en sus páginas de autores como Peter Bagge, M. A. Martín, Rabo, Mauro Entrialgo y la labor como redactor jefe de Hernán Migoya desde 1992 a 1998, supuso un balón de oxígeno que haría que El Víbora alcanzase sus mejores entregas.

Desde su número 230 y a pesar de intentar evitar una rutina a la que el mercado volvió la espalda, la revista perdería ventas hasta su cierre definitivo. Exceptuando los evidentes altibajos que sufre un producto con un recorrido tan amplio, incluso en esta última etapa desfilarían las suficientes obras capitales (aquí se publicó "Ice Heaven" de Daniel Clowes por primera vez) como para echar de menos la desaparición de la revista. Sin la misma no podríamos entender tanto el mundo del cómic en general como el mercado comiquero de nuestro país en particular.

Y es que resulta doloroso comprobar que en estos últimos tres años no haya surgido ningún digno testigo que coja el relevo del finado si exceptuamos la esforzada labor realizada por los fanzines al uso (Malavida, Tmo, Cretino) o el esporádico bramido (a pesar de la distancia tanto en la forma como en el fondo) de El Manglar.

OBRAS APARECIDAS EN EL VIBORA QUE NUNCA HAN SIDO REEDITADAS:

Muchas de las grandes obras aparecidas en la revista serían recogidas en formato de novela gráfica pero otras nunca lo hicieron. De entre las mejores están:

-las aventuras en color de Amy Racecar surgidas del Balas Perdidas de David Lapham.

-Love and Rockets X de Beto Hernández, o cómo el autor de Palomar se sumerge en los suburbios angelinos que habitualmente retrata su hermano.

-Algunas historias cortas de los Bros. Hernández (entre ellas, la biografía de Frida Kahlo.)

-Juego de Luces, de Muñoz y Sampayo, tan impactante como cualquiera de las historietas protagonizadas por Alack Sinner, su creación más famosa.

-Los reportajes en forma de cómic de Peter Bagge.

-Bitch y Surfing on the third Wave de Miguel Angel Martin.

MAS INFORMACIÓN.

NUEVA YORK EN EL DAREDEVIL DE FRANK MILLER

"Investigué mucho para hacer un buen trabajo. Si me pedían que dibujara una cascada, iba hasta una y la dibujaba. Esto es algo que a...