lunes, 9 de diciembre de 2019

LOS CÓMICS CONTRA HITLER, UNA ENTREVISTA CON MARK FERTIG (PARTE 2 DE 2)

Realizada por J. Caleb Mozzocco para la web de The Comics Journal, 2017. Traducción: Frog2000. Parte 1.

Me parece que tendemos a imaginar que la industria de los cómics se puso en contra del Eje desde el primer momento, pero hay ejemplos de cómics de superhéroes que simpatizaban directamente con la Alemania nazi, y que utilizaron símbolos similares a la esvástica, o que actuaron con timidez, presentando en sus series dictadores y algunos países extranjeros sin identificar, o poniéndoles seudónimo. ¿A qué respondían dichas reticencias? ¿Quizá a una cierta sensibilidad política, o a la relativa bisoñez del medio y el género, o puede que todo a la vez? ¿Y cuándo identificarías el punto de inflexión en el que se pasó de dibujar extraños símbolos X en las portadas a pergeñar esvásticas? ¿Fue el éxito del Capitán América, el ataque a Pearl Harbor, o algo más gradual?

Teniendo en cuenta la perspectiva histórica y lo que ahora sabemos sobre el régimen nazi, resulta fácil suponer que los cómics rápidamente se inmiscuyeron y comenzaron a vapulear a Alemania desde el principio, pero las historias típicas de superhéroes de finales de la década de los treinta presentaban en su lugar villanos domésticos que reflejaban las tristes realidades de la vida durante la Gran Depresión de los Estados Unidos: chantajistas, barrios marginales y políticos corruptos. Pero muy pronto, la inminente guerra en Europa y las tensiones con los japoneses reemplazaron a la Gran Depresión como la preocupación central de la vida estadounidense, y los villanos de los cómics encarnaron rápidamente dicho cambio.

Y sin embargo, a pesar del deseo de los creadores de hacer correr la voz sobre el nazismo, durante los años y meses previos a Pearl Harbor no hubo consenso a favor de la acción bélica contra Alemania, o incluso sobre la guerra. Este período de incertidumbre es lo que provocó todas esas pseudo esvásticas, países imaginarios y dictadores con nombres que sonaban ligeramente como "Hitler". Los lectores engullían historias bélicas, pero los editores tenían que ser cautelosos. ¿Qué pasaría si no fuésemos a la guerra después de todo? Una de las anécdotas que se cuenta con frecuencia en la industria está protagonizada por Martin Goodman, que cambió el nombre de Hitler de una de sus historias en el último momento porque de alguna forma imaginó que el dictador alemán podría llevarlo a los tribunales.

Cualquier inquietud que sintieran los editores desapareció en septiembre de 1939, cuando Alemania invadió Polonia y la guerra en Europa dio comienzo de forma oficial. Incluso si Estados Unidos nunca se hubiese metido en la Guerra, combatir los nazis en los cómics era lo más apropiado, porque eran el enemigo de nuestros aliados, Gran Bretaña y Francia. Los creadores se apresuraron a poner esvásticas en las portadas y a incorporar auténticos nazis en las historias. Top Notch Comics nº 2 de MLJ fue el primero, seguido un mes después por Marvel Mystery Comics nº 4 de Timely. A finales de 1940, los chavales de América estaban aprendiendo todo sobre la Batalla de Gran Bretaña a través de sus cómics, y Martin Goodman se apresuró a sacar Capitán América Comics nº 1, porque para entonces tenía miedo de que Hitler hubiese muerto antes de que ese ejemplar llegase a los quioscos.
¿Crees que es difícil entender estos cómics en 2017? Has mencionado repetidamente el racismo que en ese momento prevalecía en los cómics, no solo en la representación deshumanizada y demonizada de los japoneses, sino también de los afroamericanos. Me imagino que muchos lectores modernos necesitarán hacer un poco de gimnasia mental para conseguir desvincular el racismo de muchas de las imágenes del resto y poder hallar así su valor artístico.

El valor de estos cómics radica en la verdad que cuentan sobre la América de los años en guerra, una verdad que a veces se ha visto ensombrecida por culpa de nuestra reverencia a la cultura pop del combatiente estadounidense y la "generación grandiosa". El racismo que se puede encontrar en los cómics, películas y programas de radio de la época es tan desagradable como omnipresente, por lo que es mejor no ignorarlo.

Supongo que hubiese sido posible hacer un libro sobre estas portadas e historias, minimizando el tema y escogiendo con mucho cuidado las imágenes que se incluyeron y las que se omitieron, pero si lo hubiese hecho de esa forma, habría sentido que era un fraude. Y aunque sin duda el libro es una celebración de cómo contribuyeron los cómics al esfuerzo bélico, mi objetivo también era contar la historia al completo, las feas verrugas y todo lo demás.
Dudo que alguien hubiese notado la omisión de algo tan crudo como la portada de The Funnies nº 64 de Dell, pero en 1942 apareció en los quioscos y por eso necesitaba meterla en el libro. Y si no hubiese mencionado el Steamboat de Fawcett, entonces no podría haber contado que los niños de la época se horrorizaron por la forma de representarlo e intentaron movilizarse al respecto. Es una historia que merece la pena conocer, particularmente porque parece que hemos progresado muy poco en las siete décadas transcurridas desde que terminó la Guerra.

Es mejor que los lectores no intenten separar el racismo de estos dibujos o simplemente obviar las obras artísticas que ofenden su sensibilidad actual, sino que recuerden cuán terriblemente mal trató este país a los grupos de estadounidenses que, irónicamente a través de la guerra, demostraron que su trabajo, ética, valentía en el combate y amor por su país no tuvieron rival.
Otra cosa sorprendente que he aprendido gracias a tu libro ha sido que en 1943, la Junta de Guerra de Escritores intentó influir en los cómics de la época, y animaron a los editores a intentar deshumanizar aún más al enemigo representado en sus cómics. Esto hizo que la tibia línea entre la propaganda gubernamental y una defensa más inocente, o al menos más difusa, por parte de los creadores, se convirtiese en algo terriblemente borroso. También resulta algo extraño pensar que las personas que revisaban las portadas de cómics con japoneses dibujados con formas de bestia se dijesen: "Bueno, es un buen comienzo, pero. ¿podríamos hacer que este dibujo sea más racista aún?"

¡Y sin embargo, así es como sucedió en realidad!

La Junta de Guerra de Escritores fue una de las grandes sorpresas que me encontré durante mi investigación: nunca había oído hablar de la misma hasta que encaré el proyecto. Si damos un paso atrás y nos fijamos en la Primera Guerra Mundial, muchos estadounidenses creyeron que fue la propaganda gubernamental lo que les sedujo sin problemas para que el país se unisese al combate. Una generación más tarde, Franklin Delano Roosevelt necesitaba el apoyo absoluto de un público que ya empezaba a sospechar, por lo que evitó la propaganda abierta en favor de una "estrategia de la franqueza", mientras confiaba en grupos de voluntarios no oficiales como la Junta para elaborar y difundir el tipo de mensaje que el gobierno no podía permitirse.

Cuando Hitler sometió a Londres a los bombardeos del Blitz, los estadounidenses fueron los primeros en condenar el bombardeo estratégico indiscriminado de civiles. Pero a medida que la guerra continuaba y los Aliados empezaron a a creer que los bombardeos estratégicos (y en última instancia la bomba atómica) eran necesarios para acelerar el final de la guerra, los estadounidenses tuvieron que convencerse de que los alemanes en general eran tan responsables como los nazis de haber empezado la Guerra, y que los japoneses eran poco más que insectos. Los comic-books eran contundentes, toscos y lo suficientemente discretos como para esquivar el escrutinio o una crítica seria. Y como prácticamente todo el mundo los estaba leyendo, la Junta los vio como una de las herramientas de propaganda ideales.
Charlemos un poco sobre la famosa portada del Capitán América, porque te quería preguntar sobre el buen Capitán, ya que es un acertado ejemplo de esta época y este tipo de portadas. Como has dicho antes, aunque no fue el primer superhéroe patriótico, surgieron decenas de imitadores. ¿Qué es lo convertía en un personaje diferente, hasta el punto de que hoy en día protagoniza películas en lugar de otros personajes como The Shield o The Fighting Yank, o el que sea? Creo que tendemos a suponer que sencillamente Jack Kirby y Joe Simon eran mucho mejores como creadores que gran parte del resto: ¿ese es el motivo, o crees que hay otros factores que condujeron a que el Capitán América destacase sobre los demás?

Estoy seguro de que hay muchos motivos por los que el Capitán América ha logrado resistir el paso del tiempo, pero mi respuesta más cínica es si no tendrá más que ver con todo el asunto de que es una propiedad de Marvel. Fue el Capitán América quien volvió en el cuarto número de los Vengadores, no The Shield o el Capitán Libertad. Si esos personajes hubiesen pertenecido a Marvel, puede que estuviésemos hablando de ellos en su lugar. A pesar de esa primera portada histórica, las increíbles páginas de Simon y Kirby que la secundaban en el interior, y las cifras de ventas que rompieron récords, el Capi fue congelado en 1949. Si Lee y Kirby no lo hubiesen resucitado quince años después, es posible que hoy fuese él el gran olvidado.

Sin embargo, su historia de origen me hace pensar lo contrario. Sin duda, el Capitán América es un personaje de lo más atractivo y útil una vez superada la Guerra. Citaré a Steranko de nuevo: "Era la verdad estadounidense. La cara no revelada detrás de su máscara era la nuestra."
Los superhéroes existían algunos años antes de que Estados Unidos entrase en la guerra, y obviamente aún siguen presentes, pero ¿te puedes imaginar el superhéroe en el cómic sin la Segunda Guerra Mundial de por medio? Es obvio que la guerra jugó un papel muy importante en el desarrollo del género, pero ¿es dicho papel tan inextricable?

Definitivamente no resulta tan inextricable. Después de todo, solo un puñado de superhéroes sobrevivieron a la guerra. Superman, Batman y Wonder Woman lograron continuar en DC, aunque The Shield desapareció de las páginas de los cómics de MLJ en favor de Archie Andrews. Stan Lee y Martin Goodman arrojaron la toalla y abandonaron al Capitán América en 1949. Fawcett determinó que las bajas ventas del Capitán Marvel ya no justificaban defender sus derechos de autor contra DC, por lo que llegaron a un acuerdo y se apartaron por completo de los cómics. Otros superhéroes afrontaron una prolongada pausa, pero la mayoría simplemente desaparecieron para siempre.

El público estaba hastiado de tanta muerte, bombas atómicas y las noticias de lo que se les había hecho a los judíos en Europa: de repente, los hombres en mallas parecían infantiles y estúpidos. El auge del cómic de superhéroes había estado tan ligado a la guerra que en cuanto terminaron los combates, nadie sabía qué más hacer con los personajes. Los cómics de los tiempos bélicos se basaban casi exclusivamente ​​en la historia, con un desarrollo mínimo de los personajes. Superman y Batman habían pateado culos durante el New Deal, y ahora parecían cabezas cuadradas. Al final de la Guerra, el mundo se había hecho más grande. Los cómics de superhéroes también necesitaban crecer, pero los guionistas y dibujantes que habían estado contando las historias lo más rápido posible desde finales de la década de los treinta no estaban listos para hacerlo. Así que los lectores siguieron adelante. Muchos desarrollaron una sombría fascinación por los crímenes espeluznantes y los cómics de terror. Otros gravitaron hacia títulos como Archie y series románticas. Algunos más se decantaron por los Westerns. Solo el Pato Donald era tan a prueba de balas como siempre. Durante un tiempo, parecía que los superhéroes solo serían recordados como una moda más de la década de los cuarenta.

Más tarde, la generación que combatió en la guerra empezó a tener hijos, toneladas de niños, y recordó lo importante que habían sido para ellos los cómics de superhéroes. Su nostalgia por los cómics, junto con una creciente cultura de consumo orientada a los jóvenes, reavivó su interés en el género. Superman tenía su propio programa de televisión. DC resucitó a Flash y luego lanzó la Liga de la Justicia. Marvel se unió poco después con una dosis saludable de angst, y ya sabes el resto. Al final, no fueron los superhéroes quienes se salvaron, sino la generación que luchó y ganó la guerra. Y leyó muchos cómics mientras lo hacía. Es posible que dejaran los cómics de lado, pero no dudaron en alentar a sus hijos para que comenzaran a leerlos.
Una de las cosas fascinantes de esta época de la historia del cómic es que es única: nunca más volveríamos a ver a los superhéroes de los cómics tomar partido de la misma forma en ninguna de las muchas guerras que vinieron después, y de hecho, es casi imposible imaginar que las portadas de los cómics actuales traten alguna vez los conflictos bélicos como lo hicieron entonces. ¿Tienes una idea de por qué ocurrió algo así? ¿Fue por culpa de la naturaleza de la guerra, lo novedosos que eran entonces los cómics, la ausencia de televisión, las costumbres de la década de los cuarenta?

Resulta casi imposible de imaginar el alcance de la guerra y las muchas formas en que dominó la vida estadounidense para cualquiera que no estuviese vivo en ese momento. Apagones, simulacros de ataques aéreos, racionamiento y el reciclaje para el esfuerzo bélico definieron la vida diaria de costa a costa. Las mujeres ingresaron en el mercado laboral para reemplazar a los hombres que se habían ido a luchar. Los niños practicaban para identificar los aviones enemigos, plantaban jardines de la victoria y donaban sus comic-books a las unidades de reciclaje de papel que organizaban ellos mismos. El ambiente bélico no dejó a ninguna familia intacta. Todos los corazones daban un vuelco al ver un uniforme de la Western Union.

Cuando el general Eisenhower le dijo a los militares que desembarcaron en Normandía que "los ojos del mundo están sobre vosotros", no estaba bromeando. Cuando la noticia de la invasión llegó a casa, el país literalmente se detuvo. Los bancos, las escuelas y las tiendas cerraron mientras los estadounidenses buscaban la radio más cercana. Películas, canciones, programas de radio y cómics, todos estaban enfocados en ganar la guerra. Es impensable que una conflagración global parecida pueda volver a ocurrir en la época de las armas nucleares.

También es importante reconocer que ahora los cómics ocupan un lugar muy diferente en la cultura popular mundial. Las películas, los programas de televisión y los productos basados en cómics generan miles de millones de dólares cada año para conglomerados como Time Warner y Disney. Es difícil imaginar que hoy en día se les permita tomar partido.
Durante tu investigación y elaboración del libro, ¿has descubierto algún artista en particular con el que previamente no estuvieses familiarizado cuyo trabajo hayas empezado a apreciar, o tal vez hayas apreciado bajo una nueva luz? En mi caso, solo estaba vagamente familiarizado con el nombre de Alex Schomburg antes de leer Take That, Adolf y ahora podría quedarme mirando sus dibujos de la Antorcha Humana y Toro todo el santo día.

En realidad no me quedé prendado de ningún artista, aunque se ha disparado mi estima por Mac Raboy, el dibujante de las maravillosas portadas de Captain Marvel Jr. y Master Comics, sino que lo que más se incrementó fue mi gusto por cómo se hicieron los cómics.

Al igual que muchos otros, crecí creyendo en el Bullpen de la Marvel: artistas encorvados sobre tableros de dibujo en una gran habitación, máquinas de escribir resonando al fondo. De chaval pensaba que si podía llegar a la ciudad de Nueva York, podría colarme en las oficinas de Marvel y ver cómo todo tenía lugar en un solo sitio. Es posible que los cómics no se hayan hecho de esa forma, pero los estudios de la Edad de Oro se acercaban mucho a la idea. Por supuesto, la mayoría de las "shops" tenían mucho más en común con la línea de montaje de una fábrica o incluso de unos talleres de explotación que con mi Bullpen de la Marvel imaginario, pero ahí fue donde comenzaron la mayoría de los grandes.

Ser joven tiene algo de mágico: estás pelado, lleno de sueños y es el principio de algo. Mi historia de cómic favorita de siempre es la de cómo Charlie Biro, Jerry Robinson, Bob Wood, Mort Meskin y un grupo de amigos pasaron un fin de semana entero elaborando apresuradamente las 64 páginas de Daredevil Battles Hitler, sin nada para comer y una tormenta de nieve desatada en el exterior, para que el editor Lev Gleason pudiese tener en sus manos una excelente cosecha de papel del malo. Mientras estaba trabajando en Take That, Adolf! me habré tropezado con esa historia en media docena de sitios, y siempre me ha conmovido.
Me pregunto si tienes alguna idea sobre por qué Hitler y los nazis en general se han convertido en villanos de cómic de una forma tan generalizada, hasta el punto de que los héroes actuales todavía siguen luchando contra los nazis en sus diversas formas, y en cierto sentido, nunca dejaron de hacerlo. Por supuesto, una de las razones más obvias es que Hitler perpetró parte de los crímenes más grandes del Siglo XX, pero personajes tan diversos como el Capitán América y Hellboy todavía siguen luchando contra los nazis en la actualidad, y gran parte de la franquicia multimedia de Marvel se basa en la lucha contra la criptográgica organización nazi "Hydra", que utiliza elementos de la iconografía nazi.

Los nazis suponen un buen estímulo para las diversas formas de entretenimientos de la cultura pop porque ofrecen una economía narrativa. En cuanto vemos la esvástica, sabemos todo lo que necesitamos saber: sin desperdicio de viñetas, párrafos explicativos o minutos de tiempo que restar a la acción. Tampoco hay riesgo de que los lectores o los televidentes sientan simpatía por los nazis y se pongan de su lado. Es una cosa menos de la que los escritores tienen que preocuparse. Aunque, ¿qué es lo mejor de la película "La Jungla de Cristal"? Hans Gruber. Alan Rickman hace tan bien su papel que me hubiese gustado que escapara para regresar para la secuela. La mitad del público lo estaba animando. Pero mientras estaba viendo "En Busca del Arca Perdida", nadie le susurró al tipo del asiento de al lado: "Espero que ganen los nazis..."

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